viernes, 12 de febrero de 2010

Oda "En la fuentes del Danubio", Friedrich Hölderlin

¡A ti, Madre Asia, te saludo!
...bajo la sombra de los bosques legendarios
descansas y rememoras tus hazañas.
Yo también, Asia, ebrio de fuerzas
Y no tan sólo por mi fuerza, cuando plena del fuego celestial
Lanzabas, milenaria, un inmenso grito de alegría,
Tan poderoso
Que en nuestros oídos todavía resuena
Aquella voz ¡Oh Milenaria!...
...pues para rendirte homenaje
recibí el genio de aquellos antes quienes
como del monte sagrado...
Mas hoy descansas y esperas
Que algún pecho viviente
Te haga llegar el eco de su amor
...con las ondas del Danubio
cuando desde la cima baja y va
hacia el Oriente, buscando un cauce
y transportando las embarcaciones.
Impulsado por este oleaje poderoso
Llego a tu lado
Y antes de que ocurra lo debido,
Yo te lo anuncio desde lejos y te digo: ...

Pues igual que el órgano
De majestuosos acordes brota
En pura ondas de los inagotables tubos,
En la sagrada nave,
Así el Preludio, desde la mañana,
Resuena y nos despierta,
Y luego, poco a poco, de bóveda en bóveda,
El melódico torrente derrama su frescura
Hasta que lleno de entusiasmo,
Aún en sus rincones de fría sombra,
Esta Casa por fin se despierta,
Y a su encuentro subiendo
Como hacia el sol de esta fiesta,
Responde el coro de los fieles;
Así el Verbo nos llegó del Oriente.
Y en los peñascos del Parnaso,
Sobre las laderas del Citerón,
Escucho el eco de tu voz ¡Oh Asia!,
Que en el Capitolio se rompe.
Y de pronto, desde lo alto de los Alpes,
Se despeña sobre nosotros
la Extranjera,
la que Despierta
la Voz que forma a los humanos.
Al principio el estupor heló las almas
de todos los presentes y la sombra
cubrió los ojos de los mejores.
Pero grande es el poder del hombre
y con su arte domina el oleaje, las rocas
y el ímpetu del fuego,
y aunque la espada no rehuye en su audacia,
el fuerte cae de rodillas
ante la presencia del divino

y casi semejando a la fiera
que llevada por su gozosa juventud
ronda sin tregua en la montaña,
sintiendo en el ardiente mediodía
la plenitud de su pujanza.
Pero cuando declina la sagrada luz
entre los jugueteos de las brisas,
y cuando su alegre espíritu
llega a la tierra venturosa, entonces
el animal cae vencido
por el cúmulo de bellezas repentinas
y se adormece a medias,
antes de que aparezcan las estrellas.
Tal como a nosotros nos ocurre.
Pues más de uno ha visto
apagarse la luz de sus ojos
antes de la llegada de esos dones divinos;

regalos de los dioses, traídos
de Jonia y también de Arabia. Y las almas
de esos dormidos
nunca disfrutaron de las caras enseñanzas
ni de los cantos deliciosos.
Algunos, sin embargo, velaban.
Y a menudo se complacían caminando
entre vosotros -¡oh habitantes de bellas ciudades!-
en los torneos, donde el héroe de antaño,
tomaba invisible asiento
y misteriosamente con los poetas
contemplaba los gladiadores,
y él, el celebrado,
con una sonrisa celebrada [celebraba?]
los graves juegos de estos niños.
Era, y es todavía,
un inmenso intercambio de amor.
Y aunque separados, unos a otros
el pensamiento nos reúne,
-oh dichosos habitantes del Istmo-
y en las orillas del Cefiso
y en las pendientes del Taigeto,
nuestro pensamiento va hacia vosotros,
antiquísimos valles del Cáucaso,
distantes paraísos,
y a tus patriarcas y profetas
y a tus valientes -¡oh Madre Asia!-,
que sin temer los presagios del universo
y cargando sobre los hombros
el cielo y todo el peso del destino,
día tras día se arraigaron en la montañas
y lo primeros
supieron hablar
a solas con Dios. ¡Que descansen!
Pero si vosotros, los antiguos,
y hay que decirlo,
no supisteis de dónde os vino ese mensaje,
nosotros, obligados por necesidad divina,
-¡oh Naturaleza!- te diremos
de dónde surge fresco,
como al salir del baño lustral,
cuanto hay en el mundo de divino.

Pues vamos casi como huérfanos.
Y aunque todo está como antes,
ya no hay igual solicitud. Pero los jóvenes
que guardaron el recuerdo de la infancia,
no se sienten extraños en la casa.
Viven de modo triple, como viven
Los primogénitos del cielo,
Y no en vano
La lealtad [fidelidad, Treue] fue implantada en nuestras almas[1].
Vela por nosotros, pero también
por lo que os pertenece, santuarios,
armas del Verbo, que al separaros
nos habéis dejado,
hijos del Destino, ¡a nosotros, los más torpes!

como que estáis presentes –oh amables Genios-.
Y a menudo, cuando la santa nube rodea
a uno de nosotros, estupefactos,
no adivinamos el sentido.
Mas vosotros endulzáis nuestro aliento
con vuestro néctar y así
lanzamos gritos de alegría o bien
una ensoñación se apodera de nosotros.

Pero si hay uno a quien amáis en demasía,
no descansará hasta llegar hasta vosotros.
Entonces, genios bienhechores,
envolvedme con tenues velos
para que pueda demorarme un poco más,
pues todavía hay muchas cosas que cantar.
Y ahora, entre deliciosas lágrimas,
mi canto se termina
como una fábula de amor.
Tal es lo que sentí, enrojeciendo
y palideciendo, desde las primeras notas.
Pero así ocurre siempre.
Johann Christian Friedrich Hölderlin, Poesía completa, Barcelona: Río Nuevo, 1979. Edición bilingüe, trad. Federico Gorbea. Tomo II, pp.87-93. Seleccionado por Cristina Perianes Calle, segundo de Bachillerato, curso 2009-2010)

Don Juan , Lord Byron. George Gordon

DON JUAN Bah! ¿Qué necesitas que agregue? Tú no entiendes que cuando estuve cara a cara con una mujer cada fibra en mi claro y critico cerebro me advirtió que se lo ahorrara a ella y me salvara a mi mismo. Mi moral me decía no. Mi consciencia decía no. Mi caballerosidad y mi piedad hacia ella me decían que no, mi respeto y prudencia me decía que no. Mi oído, practicó cientos de canciones y sintonías. Mi ojo ejercitó cientos de pinturas; rasgo su voz sus características y sus fragmentos de color. Atrapé todas las semejanzas de su padre y madre por lo cual supe que ella podía tener alrededor de 30 años. Note el destello de oro de un diente muerto en su sonriente boca. Hice una curiosa observación de extraños olores de los químicos de los nervios. Las visiones de mis ensueños románticos me abandonaron en aquella hora suprema. Los recordaba desesperadamente, se esforzaron por recuperar su ilusión pero ahora parecían los más vacíos de invenciones. Mi juicio no debería ser corrompido; mi cerebro todavía dijo no en cada edición. Y mientras estaba en el acto de enmarcar mis disculpas para esa dama, la vida me agarro y me tiró a sus brazos como un marino tira los desechos de pescado en la boca de las aves marinas.

Lord Byron, Don Juan en los infiernos, http://donjuanenelcieloyelinfierno.blogspot.com/2009/05/traduccion-al-espanol-del-fragmento-de.html. Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, Curso 2009-2010, segundo de Bachillerato.

Soneto para Helena

Cuando seas anciana, de noche, junto a la vela
hilando y devanando, sentada junto al fuego,
dirás maravillada, mientras cantas mis versos:
«Ronsard me celebraba, cuando yo era hermosa»,

Ya no tendrás sirvienta que tales nuevas oiga
y que medio dormida ya por la labor
se despierte al oír el sonido de mi nombre,
bendiciendo el tuyo con inmortal alabanza.

Yo estaré bajo tierra, y fantasma sin huesos
reposaré junto a la sombra de los mirtos,
y tú serás una anciana junto al hogar encogida.

Lamentando mi amor y tu desdén altivo
Vive, créeme, no aguardes a mañana:
Coge desde hoy las rosas de la vida.

Pierre de Ronsard, Soneto para Helena, http://www.ciudadseva.com/textos/poesia/fran/ronsard/helena.htm, Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, Curso 2009-2010, Sengundo de Bachillerato.

El sueño de una noche de verano "Acto III", William Shakespeare

FONDÓN
¿Estamos todos?
MEMBRILLO
Y a la hora. Este sitio es formidable para ensayar. El césped será la escena; esta mata de espino, el
vestuario, y actuaremos igual que después ante el duque.
FONDÓN
¡Membrillo!
MEMBRILLO
¿Qué quiere mi gran Fondón?
FONDÓN
En esta comedia de Píramo y Tisbe hay cosas que no gustarán. Primera, Píramo desenvaina y se mata: las
damas no pueden soportarlo. ¿Qué me dices?
MORROS
Diantre, es para temerlo.
HAMBRóN
Al final tendremos que quitar las muertes.
FONDÓN
Nada de eso: con mi idea quedará bien. Escribid un prólogo en el que se diga que no haremos daño con
las espadas y que Píramo no muere de verdad; y, para más seguridad, decidles que yo, Píramo, no soy
Píramo, que soy Fondón el tejedor. Esto los tranquilizará.
MEMBRILLO
Bien, escribiremos el prólogo, y en versos de ocho y seis sílabas.
FONDÓN
No, añádeles dos: en versos de ocho y ocho.
MORROS
¿Y el león no asustará a las damas?
HAMBRÓN
Me lo temo, os lo aseguro.

FONDÓN
Señores, tenéis que pensarlo bien. Meter un león entre damas (¡Dios nos libre!) es cosa de espanto, pues
no hay pájaro salvaje más terrible que el león. Habría que llevar cuidado.
MORROS
Pues, nada: otro prólogo diciendo que no es un león.
FONDÓN
Sí, y dando el nombre del actor, y que se le vea media cara por el cuello del león, y que hable él mismo,
diciendo esto o algo de su parecencia: «Damas...», o «Bellas damas, desearía...», o «Yo os rogaría...», o
«Yo os suplicaría que no temáis, que no tembléis: mi vida por la vuestra. Si creéis que vengo aquí como
león, no merezco vivir. No, no soy tal cosa: soy un hombre como otro cualquiera.» Y entonces que diga
su nombre, y les diga claramente que es Ajuste el ebanista.
MEMBRILLO
Muy bien, se hará. Quedan dos dificultades: una es meter la luz de la luna en el salón. Ya sabéis que
Píramo y Tisbe se encuentran a la luz de la luna.
MORROS
¿Habrá luna la noche de la función?
FONDÓN
¡Un calendario, un calendario! Míralo en el almanaque. Mira cuándo hay luna, cuándo hay luna.
MEMBRILLO
Sí, esa noche hay luna.
FoNDóN
Entonces se puede dejar abierta una hoja de la ventana del salón donde actuaremos, y la luz de la luna
podrá entrar por la ventana.
MEMBRILLO
Eso o, si no, que entre alguno con un manojo de espinos y una lámpara diciendo que viene a empersonar
o representar la luz de la luna. La otra cosa que necesitamos es un muro en el salón, pues, según la
historia, Píramo y Tisbe se hablaron por la grieta de un muro.
MORROS
Un muro no se puede meter. ¿Tú qué dices, Fondón?
FONDÓN
Pues que alguien tendrá que hacer de muro. Que venga con yeso, argamasa o revoque para indicar que es
un muro. O que ponga los dedos así y por este hueco pueden musitar Píramo y Tisbe .
MEMBRILLO
Si puede hacerse, todo irá bien. Vamos, todo hijo de vecino a sentarse y ensayar su papel. Píramo, tú empiezas. Al acabar tu recitado, te metes en ese matorral. Y así los demás, según os toque.


Wlliam Shakespeare,El sueño de una noche de verano,"Acto III",http://www.google.es/search?hl=es&client=firefox&rls=org.mozilla%3Aes-ES%3Aunoffic.

Seleccionado por Fabiola Muñoz, Segundo bachillerato, curso 2009/2010

William Shakespeare, "Soneto de Amor LXV"

Si la muerte domina al poderío
de bronce, roca, tierra y mar sin límites,
¿cómo le haría frente la hermosura
cuando es más débil que una flor su fuerza?
Con su hálito de miel, ¿podrá el verano
resistir el asedio de los días,
cuando peñascos y aceradas puertas
no son invulnerables para el Tiempo?
¡Atroz meditación! ¿Dónde ocultarte,
joyel que para su arca el Tiempo quiere?
¿Qué mano detendrá sus pies sutiles?
Y ¿quién prohibirá que te despojen?
Ninguno a menos que un prodigio guarde
el brillo de mi amor en negra tinta.

William Shakespeare, "Soneto de Amor LXV", http://www.foroamor.com/soneto-de-amor-lxv-de-william-shakespeare-38032/#post337167
Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, Curso 2009-2010, Segundo de Bachillerato.

Las desventuras de joven Werther "libro primero, 19 de julio", Johann Wolfgang von Goethe

Wilhem, ¿qué sería sin amor el mundo para nuestro corazón? ¡Una linterna mágica sin luz! ¡Apenas pones la lamparilla aparecen sobre tu blanca pared imágenes de todos los colores! ¡Y aun cuando no fueran más que eso, fantasmas pasajeros, constituyen nuestra felicidad si los contemplamos como niños pequeños y nos extasiamos ante esas maravillosas apariciones! Hoy no he podido ver a Lotte, me retuvo una visita ineludible. ¿Qué hacer?. Le envié mi criado solamente por tener a mi alrededor alguien que hoy hubiera estado cerca de ella. ¡Con que impaciencia le estuve esperando, con que alegría volví a verlo! Si no me hubiera dado vergüenza me habría gustado tomar su cabeza y la habría besado.
Cuentan de la piedra de Bolonia que si se la pone al sol absorbe rayos y resplandece algún tiempo durante la noche. Lo mismo me sucedió a mí con el criado. La sensación de los ojos de ella se habían posado en su rostro, en sus mejillas, en sus botones y en el cuello de su casaca ¡hacíamelo tan sagrado, tan valioso!. En aquel instante no hubiera cambiado mi criado por mil táleros. ¡Me sentía tan a gusto en su presencia...! ¡Dios te libre de reírte! Wilhem , ¿será la felicidad producto de la fantasía?


Goethe, Las desventuras de joven Werther, libro primero, 19 de julio, Madrid, Cátedra, Letras Universales, 1986, págs. 90-91. Seleccionado por Cristina Perianes Calle, segundo de bachillerato, curso 2009-2010.

viernes, 5 de febrero de 2010

Las desventuras del joven Werther "libro primero, 18 de julio", Johann Wolfgang von Goethe.

"Wilhem, ¿qué sería sin amor el mundo para nuestro corazón? ¡Una linterna mágica sin luz! ¡Apenas pones la lamparilla aparecen sobre tu blanca pared imágenes de todos los colores! ¡Y aun cuando no fueran más que eso, fantasmas pasajeros, constituyen nuestra felicidad si los contemplamos como niños pequeños y nos extasiamos ante esas maravillosas apariciones! Hoy no he podido ver a Lotte, me retuvo una visita ineludible. ¿Qué hacer?. Le envié mi criado solamente por tener a mi alrededor alguien que hoy hubiera estado cerca de ella. Con que impaciencia le estuve esperando, con que alegría volví a verlo. Si no me hubiera dado vergüenza me habría gustado tomar su cabeza y la habría besado. Cuentan de la piedra de Bolonia que si se la pone al sol absorbe rayos y resplandece algún tiempo durante la noche. Lo mismo me sucedió a mí con el criado. La sensación de los ojos de ella se habían posado en su rostro, en sus mejillas, en sus botones y en el cuello de su casaca ¡hacíamelo tan sagrado, tan valioso!. En aquel instante no hubiera cambiado mi criado por mil táleros. ¡Me sentía tan a gusto en su presencia...! ¡Dios te libre de reírte! Wilhem , ¿será la felicidad producto de la fantasía?


Goethe, Las desventuras del joven Werther , libro primero, 18 de julio, Madrid, Cátedra, Letras Universales, 1989, pp 90-91. Seleccionado por Cristina Perianes Calle, segundo de bachillerato, curso 2009-2010.

William Shakespeare, Macbeth "Escena VI"

LADY MACBETH.- Lo que a ellos emborracha me da valor; lo que
a ellos apaga me enciende. ¡Silencio! Era el búho que ulula, fatal
mensajero, que da sus siniestras «buenas noches». Eso hace. Las puertas
abiertas y los guardias borrachos se mofan de su cargo roncando.
Drogué sus vasos de tal forma que vida y muerte se rifan sus cuerpos.
MACBETH.- ¡Eh! ¿Quién va? (Desde dentro.)
LADY MACBETH.- ¡Silencio! No vayan a despertarse y quede
todo sin hacer. Es el intento y no el acto lo que nos pierde. ¡Silencio!
Dejé allí los puñales. Tiene que verlos. Duncan durmiendo me
recordaba a mi padre, si no, yo misma lo habría hecho.
(Entra MACBETH.)
¡Esposo!
MACBETH.- Está hecho. ¿No has oído nada?
LADY MACBETH.- El grito del búho y el llanto de los grillos. ¿Y
tú no hablaste?
MACBETH.- ¿Cuándo?
LADY MACBETH.- Hace poco.
MACBETH.- ¿Cuándo bajaba?
LADY MACBETH.- Sí.
MACBETH.- ¡Escucha! ¿Quién duerme en la alcoba de al lado?
LADY MACBETH.- Donalbain.
MACBETH.- ¡Qué triste imagen!
LADY MACBETH.- Qué estúpido es decir «triste imagen».

MACBETH.- Uno reía en sueños y el otro despertándose gritó:
«¡Asesino!». Me paré a escucharlos. Rezaban. Y se volvieron a dormir.
LADY MACBETH.- Y juntos siguen durmiendo.
MACBETH.- Uno gritó: «¡Dios nos bendiga!»; y el otro: «Amén»,
como si hubieran visto mis manos de asesino. Los oí con tanto miedo
que al decir: «Dios nos salve», yo no supe decir: «Amén».
LADY MACBETH.- No pienses en ello.
MACBETH.- ¿Pero porqué no supe decir ese «Amén» bendito? ¿Por
qué ese «Amén» se me quedó en la garganta?
LADY MACBETH.- No pienses en ello o acabaremos locos.
MACBETH.- Oí un grito: «¡No durmáis más!» «¡Macbeth mata el
sueño!», el inocente sueño que repara el cansancio, la muerte de cada
día, el baño de las fatigas, bálsamo de la mente herida, primer sustento
en el banquete de la vida.
LADY MACBETH.- ¿Qué quieres decir?
MACBETH.- Y el grito todavía: «¡No durmáis más!» por toda la
casa. «Glamis mató el sueño y por lo tanto Cawdor no dormirá, M acbeth
no dormirá» nunca más.
LADY MACBETH.- ¿Pero quién gritaba? Valeroso señor, ¿por qué
aflojas tu entereza y torturas tu mente? Vamos, coge agua y limpia tus
manos de tan pegajoso testigo. Los puñales. ¿Por qué los has traído? Ve,
llévalos y mancha de sangre a los guardas dormidos.
MACBETH.- No. No me atrevo a mirarlo. M e da horror pensar en lo
que he hecho.
LADY MACBETH.- ¡Débil voluntad! Los puñales. Dámelos.
Sueño y muerte son imágenes falsas del diablo que sólo asustan a los
niños. Si todavía sangra pintaré con sangre la cara de los guardas. Que
parezca suya la culpa. (Sale.)

William Shakespeare, Macbeth "EscenaVI",  http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=14179)

Seleccionado por Fabiola Muñoz, segundo de Bachillerato, curso 2009/2010.

Amor, honor y confianza, Percy Bysshe Shelley.

Amor, Honor, Confianza, como nubes
parten y vuelven, préstamo de un día.
Si el hombre inmortal fuese, omnipotente,
Tú -ignoto y sublime como eres-
dejarías tu séquito en su alma.
Tú, emisario de los afectos,
que creces en los ojos del amante;
¡Tú que nutres al puro pensamiento
cual penumbra a una llama que agoniza!
No partas cuando al fin llega tu sombra:
sin Ti, como la vida y el temor,
la tumba es una oscura realidad.

Bysshe Shelley, Amor, honor y confianza, http://www.poesiaspoemas.com/percy-bysshe-shelley/himno-a-la-belleza-intelectual, Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, segundo de bachillerato, curso 2009 - 2010.

Hamlet, William Shakespeare

Morir…, dormir; no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne! ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir…, dormir! ¡Dormir!… ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete? ¿Quién querría llevar tan duras cargas, gemir y sudar bajo el peso de una vida afanosa, si no fuera por el temor de un algo, después de la muerte, esa ignorada región cuyos confines no vuelve a traspasar viajero alguno, temor que confunde nuestra voluntad y nos impulsa a soportar aquellos males que nos afligen, antes que lanzarnos a otros que desconocemos? "

William Shakespeare, Hamlet, http://www.epdlp.com/texto.php?id2=1344
Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, curso 2009-2010, Segundo de Bachillerato.

William Shakespeare, Hamlet

Ser o no ser, esa es la cuestión:
si es más noble para el alma soportar
las flechas y pedradas de la áspera Fortuna
o armarse contra un mar de adversidades
y darles fin en el encuentro. Morir: dormir,
nada más. Y si durmiendo terminaran
las angustias y los mil ataques naturales
herencia de la carne, sería una conclusión
seriamente deseable. Morir, dormir:
dormir, tal vez soñar. Sí, ese es el estorbo;
pues qué podríamos soñar en nuestro sueño eterno
ya libres del agobio terrenal,
es una consideración que frena el juicio
y da tan larga vida a la desgracia. Pues, ¿quién
soportaría los azotes e injurias de este mundo,
el desmán del tirano, la afrenta del soberbio,
las penas del amor menospreciado,
la tardanza de la ley, la arrogancia del cargo,
los insultos que sufre la paciencia,
pudiendo cerrar cuentas uno mismo
con un simple puñal? ¿Quién lleva esas cargas,
gimiendo y sudando bajo el peso de esta vida,
si no es porque el temor al más allá,
la tierra inexplorada de cuyas fronteras
ningún viajero vuelve, detiene los sentidos
y nos hace soportar los males que tenemos
antes que huir hacia otros que ignoramos?
La conciencia nos vuelve unos cobardes,
el color natural de nuestro ánimo
se mustia con el pálido matiz del pensamiento,
y empresas de gran peso y entidad
por tal motivo se desvían de su curso
y ya no son acción.

William Shakespeare, Hamlet, http://www.alohacriticon.com/viajeliterario/article934.html
 Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, curso 2009-2010, Segundo de Bachillerato.

Wiliiam Shakespeare, Macbeth "Escena I"

MACBETH.- Jamás vi un día tan hermoso y tan cruel.
BANQUO.- ¿Cuánto queda para llegar al castillo?
(Entre risas aparecen las Brujas.)
BRUJA 1a.- Salve, M acbeth, señor de Glamis, salve.
BRUJA 2a.- Salve, M acbeth, señor de Cawdor, salve.
BRUJA 3a.- Salve, M acbeth, salve a ti que serás rey.
BANQUO.- ¿Y para mí no tenéis nada?
BRUJA 1a.- Salve.
BRUJA 2a.- Banquo.
BRUJA 3a.- Salve.
BRUJA 1a.- Tú, menos grande que M acbeth, aunque más grande.
BRUJA 2a.- Tú, menos dichoso, pero más dichoso.
BRUJA 3a.- Padre de reyes, aunque tú no serás rey.
BRUJAS .- Salve, M acbeth, salve, Banquo. Salve, Banquo, salve,
M acbeth. (Entre risas desaparecen las Brujas.)
MACBETH.- Tus hijos serán reyes.
BANQUO.- Y tú serás rey.
MACBETH.- ¿Quién se acerca?
(Sale un MENSAJERO.)
3
MENSAJERO .- Salve, M acbeth, el rey ha recibido con gozo las
nuevas de tu victoria en la batalla. Por eso os otorga el título de señor de
Cawdor y os llama a su presencia.
MACBETH.- Gracias por eso. Dile a tu señora que llegaré pronto.
Vayamos hacia el rey .
(Salen MACBETH y BANQUO.)
MENSAJERO.- Lo bello es feo y lo feo es bello. Vuelo entre bruma
y en aire espeso. (Sale.)

William Shakespeare, Macbeth "Escena !", http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=14179 .Seleccionado por Fabiola Muñoz, segundo bachillerato, curso 2009/2010.

William Shakespeare,El mercader de Venecia "Escena III"

Venecia. -Una calle.
Entran SHYLOCK, SALARINO, ANTONIO y un carcelero.
SHYLOCK.- Carcelero, vigiladle. No me habléis de clemencia; ahí está el imbécil que prestaba
dinero gratis. Carcelero, vigiladle.
ANTONIO.- Escuchadme aún, mi buen Shylock.
SHYLOCK.- Quiero que las condiciones de mi pagaré se cumplan; he jurado que serían
ejecutadas. Me has llamado perro cuando no tenías razón ninguna para hacerlo; pero, puesto
que soy un perro, ten cuidado con mis dientes. El dux me otorgará justicia. Me extraña, inútil

carcelero, que seas lo bastante idiota para salir con él cuando te lo pide.
ANTONIO.- Te lo ruego, escúchame.
SHYLOCK.- Quiero que se cumplan las condiciones de mi pagaré; no quiero escucharte; por
consiguiente, no me hables más. No haréis de mí uno de esos buenazos imbéciles, plañideros
que van a agitar la cabeza, ablandarse, suspirar y ceder a los intermediarios cristianos. No me
sigas; no quiero discursos; quiero el cumplimiento del pagaré. (Sale.)
SALARINO.- Es realmente el perro más impenetrable a la piedad que haya tratado en la vida
con los hombres.
ANTONIO.- Dejadle tranquilo; no le fatigaré más con súplicas inútiles. Pretende mi vida, y sé
por qué; a menudo he sacado de sus garras a los deudores que venían a gemir ante mí; por eso
me odia.
SALARINO.- Estoy seguro de que el dux no otorgará jamás la ejecución de ese contrato.
ANTONIO.- El dux no puede impedir a la ley que siga su curso, a causa de las garantías
comerciales que los extranjeros encuentran cerca de nosotros en Venecia; suspender la ley sería atentar contra la justicia del Estado, puesto que el comercio y la riqueza de la ciudad
dependen de todas las naciones. Por tanto, marchemos; estos disgustos y estas pérdidas me
han aplanado tanto, que apenas si estaré mañana en estado de suministrar una libra de carne
a mi cruel acreedor. ¡Vamos, carcelero, marchemos! ¡Dios quiera que Bassanio venga para
verme pagar su deuda, y después no tendré ya más preocupaciones. (Salen.)

William Shakespeare, El mercader de Venecia "Escena III", http://www.acanomas.com/Libros-Clasicos/36289/El-mercader-de-Venecia-(William-Shakespeare).htm .
Seleccionado por Fabiola Muñoz, Segundo bachillerato, curso 2009/2010.

William Shakespeare, El mercader de Venecia "Escena V"

Venecia. -Delante de la casa de SHYLOCK.
Entran SHYLOCK y LAUNCELOT.
SHYLOCK.- Bien; tú verás; tus ojos harán la distinción entre el viejo Shylock y Bassanio. ¡Eh,
Jessica! No te atracarás, como has hecho en mi casa. ¡Eh, Jessica! Ni te darás a dormir y a
roncar y a destrozar el traje. ¡Eh, Jessica, digo!
LAUNCELOT.- ¡Eh, Jessica!
SHYLOCK.- ¿Quién te manda llamar? No te he ordenado que llames.
LAUNCELOT.- Vuestra señoría tenía el hábito de reprocharme el no poder jamás hacer nada sin
órdenes.
(Entra JESSICA.)
JESSICA.- ¿Me llamáis? ¿Qué queréis?
SHYLOCK.- Estoy invitado a cenar, Jessica; he aquí mis llaves. Pero ¿por qué había de ir? No es
por afecto por lo que me invitan; quieren adularme. ¡Bah! Iré por odio, nada más que por
hartarme a expensas del pródigo cristiano. Jessica, hija mía, vigila en la casa. Salgo
verdaderamente contra mi deseo; algo se fragua contra mi reposo, pues he soñado esta noche
con sacos de dinero.
LAUNCELOT.- Os ruego, señor, que vayáis; mi joven amo aguarda vuestra «desgracia».
SHYLOCK.- Y yo la suya.
LAUNCELOT.- Y han conspirado juntos...; no quiero deciros que veréis una mascarada, pero si
la veis no fue entonces baldío el que mi nariz sangrara el último lunes de Pascua, a las seis de
la mañana, que caía este año el mismo día que el miércoles de Ceniza de hace cuatro años por
la tarde.
SHYLOCK.- ¡Cómo! ¿Hay máscaras? Escúchame bien, Jessica. Cierra con cerrojo mis puertas, y cuando escuches el tambor o el silbido ridículo del pífano de cuello encorvado, no te
encarames a las ventanas, ni alargues tu cabeza sobre la vía pública para embobarte ante los
payasos cristianos de pintados semblantes, sino, al contrario, tapa los oídos de mi casa, quiero
decir mis ventanas; no dejes entrar en mi severa morada los ruidos inútiles de la disipación.

William Shakespeare, El mercader de Venecia "Escena V", http://www.acanomas.com/Libros-Clasicos/36269/El-mercader-de-Venecia-(William-Shakespeare).htm
Seleccionado por Fabiola Muñoz, Segundo bachillerato, curso 2009/2010)

El Rey Lear

" ¡He aquí la excelente estupidez del mundo; que, cuando nos hallamos a mal con la Fortuna, lo cual acontece con frecuencia por nuestra propia falta, hacemos culpables de nuestras desgracias al sol, a la luna y a las estrellas; como si fuésemos villanos por necesidad, locos por compulsión celeste; pícaros, ladrones y traidores por el predominio de las esferas; beodos, embusteros y adúlteros por la obediencia forzosa al influjo planetario, y como si siempre que somos malvados fuese por empeño de la voluntad divina! ¡Admirable subterfugio del hombre putañero, cargar a cuenta de un astro su caprina condición! Mi padre se unió con mi madre bajo la cola del Dragón y la Osa Mayor presidió mi nacimiento; de lo que se sigue que yo sea taimado y lujurioso. ¡Bah! Hubiera sido lo que soy, aunque la estrella más virginal hubiese parpadeado en el firmamento cuando me bastardearon.

William Shakespeare, El rey Lear, http://www.epdlp.com/texto.php?id2=1342, Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, Curso 2009-2010, Segundo de Bachillerato