jueves, 20 de abril de 2017

El Paraiso perdido, John Milton

Libro IV

En su pecho le hierve tumultuoso,
Y cual si fuese una máquina diabólica,
Sobre sí retrocede; horror y duda
Perturban sus confusos pensamientos
Y desde el fondo agitan el Infierno
Que su seno contiene, porque dentro
De sí lleva al Infierno y a su entorno,
Y del Infierno no puede alejarse
Un solo paso, igualmente como
Tampoco  puedede si mismo huir
Aunque de lugar cambie. Ahora bien
La conciencia despierta al desespero
Que estaba adormecido, y el amargo
Recuerdo aviva en él de lo que era,
De lo que es, y, peor, lo que será;
A peores males, peores sufrimientos
Seguirán. A veces dirige hacia el Edén,
Que yace deleitoso a su mirada,
Su atención pesarosa, a veces mira
Hacia el Cielo y hacia el esplendoroso
Sol que ahora en su torre meridiana
Se asienta. Entonces reconsiderando
Sus pensamientos, le dice suspirando:
   <Pareces desde tu único dominio
El dios de este Mundo recién creado;
Y a cuya vista todas las estrellas
Ocultan sus diminutas cabezas;
A ti te llamo, aunque con voz no amiga,
Y evoco tu nombre para decirte,
Cuánto odio, oh sol, tus rayos que me traen
Recuerdos del estado desde donde
Caí, yo que antaño me sentía
Tan glorioso encima de tu esfera,
Hasta que el orgullo y la ambición peor
Me arrojaron al abismo por hacer
Guerra en el Cielo contra el sin igual
Rey del Cielo.




       John Milton, El paraiso perdido. Madrid. Letras Universales, Edicion: 1986. Pag 180.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

jueves, 6 de abril de 2017

La historia de perceval o el cuento del grial, Chrétien de Troyes

                                       El rey Artús y el caballero Bermejo (vs. 834-1304)

     Y el muchacho cabalgó hasta que vio venir a un carbonero con un asno delante.
     -Buen hombre que llevas un asno delante -dijo-, muéstrame cuál es el camino más recto hacia Carduel. Dicen que el rey Artús, a quien yo quiero ver, arma caballeros
     -Muchacho, siguiendo por aquel lado se encuentra un castillo asentado sobre el mar. El rey Artús, amable y dulce amigo, alegre y triste has de hallar en ese castillo si allí vas.
     - Ahora satisfaz mi deseo, dime por qué tiene el rey alegría y duelo
     -Te lo diré ahora mismo. El rey Artús con toda su hueste ha combatido al rey Rión. El rey de las islas ha sido vencido , y por eso está alegre el rey Artús. Pero sus compañeros se han marchado a sus castillos, donde viven más regaladamente, y no sabe cómo les va: éste es el motivo de su tristeza.
     El joven no da ninguna importancia a las noticias del carbonero, y se encamina por donde le ha indicado hasta que ve un castillo junto al mar, muy bien asentado, fuerte y hermoso. Y por la puerta ve salir a un caballero armado que lleva una copa de oro en la mano. Con la izquierda sostenía su lanza, el escudo y el freno, y con la diestra la copa de oro. Muy bien le sentaban las armas, que eran todas bermejas. El muchacho vio las hermosas armas, todas nuevas, le gustaron y dijo:
     -A fe mía, he de pedírselas al rey. Si mes la da me vendrían muy bien, y el malhaya quien busque otras.
     Ya corre hacia el castillo, pues le urge llegar a la corte, hasta que llegó cerca del caballero, quien le detuvo un momento y le preguntó:
     -Dime, muchacho, ¿adónde vas?
     -Quiero ir a la corte a pedir al rey estas armas -contesta él.
     -Harás bien, muchacho. Ve en seguida, y vuelve. Y le dirás al mal rey que si no quiere mantener su tierra como vasallo mío, que me la entregue o que envíe a alguien que me la dispute, pues yo afirmo que es mía. Te creerá por estas señas: hace un momento le quité esta copa de oro aquí tengo con todo el vino que estaba bebiendo.
     Que se procure otro para llevar el mensaje, porque éste no se ha enterado de nada. Ha ido sin detenerse hasta la corte, adonde el rey y los caballeros estaban sentados para comer. En la sala pavimentada, tan larga como ancha, que estaba a ras del suelo, entró el muchacho a caballo. El rey Artús estaba sentado, pensativo, a la cabecera de la mesa, y todos los caballeros reían y bromeaban unos con otros, menos él, que permanecía mudo y pensativo.El muchacho se ha adelantado, y no sabe a quién saludar, pues no conoce al rey. Se acerca a él Ivonet, con un cuchillo en la mano.


     Chrétien de Troyes, La historia de Perceval o el cuento del grial. Madrid, edt. Magisterio Español, 1979, Novela caballeresca, páginas 40-41.
     Seleccionado por Rodrigo Perdigón Sánchez, primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

Historia de roma desde su fundación, Tito Livio

 Libro XXVIII:

     -Antes de partir para el frente, los cónsules recibieron del senado la encomienda de ocuparse de que la gente retomarse a los campos: por la bondad de los diosesse habia alejado la guerra de la ciudad de Roma y del Lacio, y se podía vivir en el campo sin temor; no era razonable en absoluto ocuparse del cultivo de Silicia más que del de Italia. Pero la cosa no era tan fácil para la población, dado que la guerra se había llevado a los agricultores libres y los esclavos escaseaban, y que el ganado había llevado a los agricultores libres y los esclavos escaseaban, y que el ganado había sido saqueado y las granjas destruidas o incendiadas; a pesar de todo, un buen número, impulsados por la autoridad de los cónsules, retornaron de nuevo a los campos. Se había suscitado resta cuestión porque una delegación de los placentinos y cremonenses se quejaban de que sus vecinos galos invadían y devastaban su territorio, y que gran parte de sus colonos habían sido dispersados y en esos momentos sus ciudades estaban despobladas y sus campos devastados y abandonados. Se encargó al pretor Mamilio proteger las colonias contra el enemigo; los cónsules, en cumplimiento de un decreto del senado, hicieron pública la orden de que los ciudadanos cremonenses y placentinos regresen a sus colonias antes de una fecha determinada.



       Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación. Madrid. Biblioteca Básica Gredos, Edicion: 2001. Pag 223.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Historia de Roma desde su fundación, Tito Livio


       Fue grande el pánico y la confusión, por tratarse de una situación imprevista. Mostrando, sin embargo, mayor entereza de la que cabía esperar ante un peligro tan repentino, los hombres combantían defendiendo y las mujeres llevaban a las murallas toda clase de armas arrojadizas y piedras, y aquel día aseguraron la defensa de la ciudad a pesar de que ya habían aplicado escalas en muchos puntos. Alicio, después de dar la señal de retirada, llevó a sus hombres de vuelta al campamento a eso del medio día. Entonces, una vez que repusieron fuerzas con la comida y el descanso, antes de despedir al pretorio, hizo saber que debían estar preparados y armados antes del alba, que ya no los traería de vuelta al campamento hasta haber asaltado la ciudad. Atacó por muchos puntos a la misma hora que el día anterior, y como los habitantes de la plaza andaban ya faltos de fuerzas, de proyectiles, y sobre todo de moral, en cosa de pocas horas tomó la ciudad. Puso en venta una parte del botín y repartió el resto, y después celebró consejo para decidir qué hacer a continuación. Nadie se pronunció a favor de marchar sobre Naupacto, al estar ocupado por los etolios el desfiladero del Córace. No obstante, para evitar la inactividad durante el verano y evitar que, debido a las propias vacilaciones, los etolios tuvieran igualmente la paz que no habían conseguido del senado, Acilio decidió atacar Anfisa. Hasta allí fue conducido el ejército desde Heraclea cruzando el Eta. Estableció el campamento cerca de las murallas, pero no intentó el ataque rodeándolas de hombres como en el caso de Lamia, sino a base de obras de asedio. Se aplicaba el ariete en muchos puntos a la vez, y a pesar de ser batidos los muros, los habitantes no intentaban preparar o imaginar algo contra semejante dispositivo. Cifraban toda su esperanza en las armas y la audacia; a base de salidas frecuentes inquietaban los puestos enemigos y especialmente a los hombres que estaban en torno a las obras y las máquinas.
       Sin embargo el muro había sido derribado en muchos puntos cuando llegó la noticia de que su sucesor había desembarcado las tropas en Apolonia y marchaba a través del Epiro y Tesalia. Venía el cónsul con trece mil hombres de infantería y quinientos de caballería. Había llegado ya al golfo Malíaco; envió por delante emisarios a Hípata para instar a sus habitantes a que rindieran la ciudad, y ante su respuesta de que no harían nada sin una decisión de toda la comunidad etolia, para evitar el ascenso de Hípata lo entretuvieran cuando Anfisa aún no había sido reconquistada, envió por delante a su hermano el Africano y él avanzó hacia Anfisa. A su llegada, los habitantes abandonaron la ciudad -pues gran parte de la misma estaba ya desguarnecida de muralla- y por todos ellos, los que portaban armas y los que no, se retiraron a la ciudadela, que consideraban inexpugnable.




Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación XXXVI-XL, Madrid, 2001, Editorial Gredos, páginas 80-81.
 Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017

Robinsón Crusoe, Daniel Defoe

Capítulo: I

PRIMERAS AVENTURAS

   Yo nací en el año 1632 en la ciudad de York, de buena familia, pero no del país, ya que mi padre era un extranjero natural de Bremen que primero se instaló en Hull; se hizo una buena posición gracias al comercio, luego, abandonando sus negocios, se trasladó a York, en donde casó con mi madre, cuya familia se apellida Robisón, una familia muy bien reputada en la comarca, y polo cual yo me llamaba Robinsón Kreutznaer; sin embargo, por una corrupción del nombre,  cosa muy común en Inglaterra, ahora nos llaman, quiero decir que nos llamamos y así solemos firmar, Cruso y así es como mis compañeros me llaman siempre.
   Tenía dos hermanos mayores que yo, uno de los cuales fue teniente coronel en un regimiento inglés de infantería, en Flandes, que años atrás había sido mandado por el famoso coronel Lockhart, y murió en una batalla contra los españoles, cerca de Dunkerque. Por lo que respecta a mi segundo hermano, supe tan poco de sus andanzas como luego mis padres supieron de las mías.
   Siendo el tercer hijo de la familia, y al no haber aprendido ningún oficio, pronto se me llenó la cabeza de proyectos, de vagabuendeo. Mi padre, que era muy anciano, me había dado un buena educación, todo lo buena que puede recibirse en casa y en una escuela rural, y decidió que me dedicara a la abogacía; pero mi única ambición era hecerme marino, y esta inclinación me llevó a oponerme tan decididamente a su voluntad, e decir, a las órdenes de mi padre, así como a las súplicas y advertencias de mi madre y mis demás amigos, que parecía haber algo fatal en esta propensión de la naturaleza que me encaminaba derechamente hacia la vida de infortunio a que estaba destinado.
   
  
Daniel Defoe, Robison Crusoe, editorial planeta, publicada en Barcelona en 1994,capítulo: I ,página: 5-6 .
Seleccionado por Lara Esteban González, primero bachillerato, curso 2016-2017.

La mujer rota, Simone de Beauvoir

       Todo este año, tengo que revisarlo a la luz de este descubrimiento: Maurice se acostaba con Noëllie. Se trata de una larga relación. El viaje a Alsacia que no hicimos. Dije: <> ¡Pobre idiota! Era Noëllie quien lo retenía en París. En la época de la comida en casa de diana ya eramos amantes, y Luce lo sabía. ¿Y diana? Trataré de hacerla hablar. ¿Quién sabe si este lío no viene todavía de más lejos? Noëllie hace dos años vivía con Louis Bernard; pero a lo mejor acaparaba amantes. ¡Cuando pienso que estoy reducida a las hipótesis! ¡Y se trata de Maurice y de mí! ¡Todos los amigos estaban al tanto, evidentemente! ¡Oh! ¿Qué importa? Ya no estoy para preocuparme del qué dirán. Estoy demasiado radicalmente aniquilada. Me importa un pito la imagen que puedan hacerse de mí. Se trata de sobrevivir. 
       <<"Nada ha cambiado entre nosotros">> Qué ilusiones me haces con esta frase. ¿Quería decir que nada había cambiado puesto que me engañaba ya desde hace un año? ¿O no quería decir nada en absoluto? 
       ¿por qué me mintió? ¿Me creía incapaz de soportar la verdad, o sentía vergüenza? ¿Entonces por qué me habló? ¿Sin duda porque Noëllie estaba cansada de la clandestinidad? De todas maneras esto que me ocurre es espantoso.


       Simone de Beauvoir, La mujer rota, Barcelona, Editorial Seix Barral S. A., 1983, página 170.
       Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita, primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Rabelais, Gargantúa y Pantagruel

Capítulo XXI

DE LOS ESTUDIOS DE GARGANTÚA
 SEGÚN LA DISCIPLINA DE SUS 
PROFESORES SOFISTAS 

      Pasados así los primeros días y colocadas de nuevo en su lugar las campanas, los ciudadanos de París, para mostrar su agradecimiento a tanta honradez, se ofrecieron a mantener y alimentar a su yegua  tanto tiempo como a el le plugiera - cosa que fue del agrado de Gargantúa-, u la mandaron a vivir al bosque de biére. yo creo que ya no esta allí.
      Hecho esto, quiso estudiar concienzudamente bajo la dirección de Ponócrates; pero éste ordenó que, para comenzar, lo haría a su manera acostumbrada, a fin de saber por qué medio, en tan largo tiempo, sus preceptores anteriores le habían vuelto tan fatuo, simple e ignorante.
      Disponía pues, de su tiempo de tal forma, que se despertaba y levantaba ordinariamente de la cama entre las ocho y las nueve de la mañana, fuera o no de día; así lo habían mandado sus doctores regentes en teología, alegando lo que dice David : vanum est vobis ante lucem surgere.
      Después estiraba las piernas, daba saltos de carnero, se tiraba al suelo, pataleaba en el lecho durante un rato para recrear a su instinto animal, y se vestía según la estación del año, aunque le gustaba llevar ropa larga de gruesa tela  forrada de piel de zorro; luego se peinaba con el peine de Almain, a sea con los cuatro dedos y el pulgar, porque sus preceptores decían que asearse, lavarse y peinarse de otro modo era perder el tiempo en este mundo.
      Después cagaba, orinaba, vomitaba, eructaba, ventoseaba, bostezaba, escupía, tosía, sollozaba, estornudaba, se sonaba las narices a lo archidiácono, y desayunaba, para hacer cesar el rocío y los malos vientos,  buenas tripas fritas, buena carne asada, buenos jamones, buen cabrito en asado y espesas sopas hechas con pedazos de pan mojado en caldo, como las que comen en los conventos en las primeras horas de a mañana. Ponócrates le reprendía diciéndole que no debía tomar alimento tan temprano, al saltar del lecho, sin haber hecho primero un poco de ejercicio.


François Rabelais, Grargantúa y Pantagruel, editorial RBA coleccinables SA, año 1995en Barcelona, capitulo XXI página 70/71.
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.

Obras I, Luciano de Samósata

   A la derecha aparece sentado un hombre de orejas descomunales, casi como las de Midas, extendiendo su mano a la Calumnia, mientras ésta, aun a lo lejos, se le aproxima; en torno a éste permanecen en pie dos mujeres, a mi parecer la Ignorancia y la Sospecha. Por otro lado avanza la Calumnia, mujer de extraordinaria belleza, aunque presa de ardor y excitación, , transparentando ira y furor, con una antorcha encendida, en la izquierda y arrastrando con la diestra, de los cabellos, a un joven que alza sus manos al cielo e invoca a los dioses. La dirige un hombre pálido y feo, de mirada penetrante y aspecto análogo al de quienes consume una grave enfermedad: podría suponerse que es la Envidia. Le dan también escolta otras dos mujeres, que invitan, encubren y engalanan a la Calumnia; según me explicó el guía de la pintura, una era, la Asechanza , y la otra el Engaño. Tras ellas seguía una mujer que se llamaba -según creo- el Arrepentimiento. En efecto, volvíase hacia atrás llorando y llena de vergüenza dirigiendo miradas furtivas a la Verdad, que se aproximaba.
Así presentó Apeles su arriesgada experiencia en la pintura.
    Bien, asimismo nosotros, si os parece, siguiendo el método del pintor Éfeso, consideremos las características de la calumnia, tras describirla primero con una definición, pues así nuestra imagen será más nítida.









Obras I, Luciano de Samósata, Editorial Gredos, S.A., Madrid, 2002. Pág 104.
Seleccionado por Marta Talaván González. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Las aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain

Capítulo XVIII

       Sin embargo, no había hilaridad en la pequeña ciudad aquella tranquila tarde de sábado. Los Harpers y la familia de tía Polly se vestían de luto con gran pena y muchas lágrimas. Una tranquilidad desacostumbrada se había apoderado del pueblo, aunque ordinariamente ya era bastante sosegado. Los lugareños atendían a sus quehaceres con un aire ausente y hablaban poco, pero suspiraban a menudo. La vacación del sábado les parecía una carga a los niños. No se entendían con entusiasmo y poco a poco abandonaron los juegos.
       Por la tarde Becky Thatcher se encontró, sin darse cuenta, paseando por el patio desierto de la escuela, sintiéndose muy melancólica. Pero no halló nada allí que la reconfortase. Hablaba sola: "¡Oh, si tuviera por lo menos otra vez el boliche de latón; pero ahora no tenga nada que le recuerde!", y reprimió un pequeño sollozo. De pronto se paró y se dijo: "¡Fue justamente aquí! ¡Oh!, si lo tuviera que volver a hacer no diría que... no lo diría por nada del mundo. Pero ahora se ha ido; ya no lo veré nunca, nunca más."

       Mark Twain, Las Aventuras de Tom Sawyer. Barcelona, RBA. Historia de la literatura, primera edición, 1999. Página143.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.
 

jueves, 30 de marzo de 2017

Las Aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain

                                                  Capítulo IX

       Aquella noche, a las nueve y media, mandaron a la cama a Tom y a Sid como de costumbre. Rezaron las oraciones y SId se durmió en seguida. Tom se quedó despierto, esperando, inquieto e impaciente. ¡Cuando ya creía que estaría amaneciendo oyó que el reloj daba solamente las diez! ¡Qué desesperación! Se hubiera puesto a dar vueltas, agitado, como le exigían los nervios, pero temía despertar a Sid. Así que se quedó quieto, con la mirada clavada en la oscuridad. Todo estaba lúgubremente silencioso. Poco a poco, en medio del silencio, empezaron a distinguirse algunos ruiditos apenas perceptibles. El tic-tac del reloj comenzó a hacerse notar. Las viejas vigas empezaron a crujir misteriosas. Las escaleras chirriaban débilmente. Por lo visto, los espíritus andaban cerca. Un ronquido rítmico y amortiguado salía del cuarto de la tía Polly. Y entonces empezó a oírse el fastidioso chirrido de un grillo que resultaba humanamente imposible de localizar. Luego el espeluznante tic-tac de un escarabajo de la muerte en la pared, cerca de la cabecera de la cama hizo estremecerse a Tom... Significaba que alguien tenía ya sus días contado.

       Mark Twain, Aventuras de Tom Sawyer. Bruguera, Barcelona. Laurin, primera edición, 1994. Página 78
       Seleccionado por David Francisco Blanco. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Cumbres borrascosas, Brontë

       Ni siquiera abrigaba la menor idea de que hubiesen existido. Yo era aún una niña, acababan de enterrar a mi padre, y se debía mi congoja a que, por mandato de Hindley, me habían separado de Heathcliff. Me hallaba sola por primera vez, y despertando de un terrible letargo después de toda una noche de llorar sin descanso.  levanté las manos para descorrer las tablas del lecho. La mano dio contra el tablero de esa mesa. Entonces pasé la mano por la alfombra y recuperé de golpe la memoria. La congoja que acababa de sentir se ahogó en un paroxismo de desesperación. No sabría explicar por qué me sentía tan profundamente desdichada. debía estar bajo los efectos de una perturbación pasajera, puesto que ahora no veo la razón. Pero comprende que hace doce años que me arrancaron del hogar donde se desarrolló mi infancia, de Cumbres Borrascosas, del lugar que lo suponía todo para mí, como para Heathcliff entonces, y me vi transformada de pronto en señora Linton, la dueña de la Granja de los Tordos; en la mujer de un extraño, proscrita, trasplantada, por tanto, de lo que había constituido mi mundo. ¡Ya puedes darte idea del abismo en qué me sentí sumida! Mueve cuanto quieras la cabeza, Nelly. Has contribuido a perturbarme el cerebro. debiste haber hablado a Edgar. Ten la seguridad que debiste hacerlo y obligarle a que me dejase en paz. ¡Ah, estoy ardiendo! Quisiera estar fuera. Quisiera volver a ser aquella niña medio salvaje, intrépida y libre, que se burlaba de las ofensas en vez de enloquecer. ¿Por qué habré cambiado tanto? ¿Por qué hay palabras que hacen que me hierva la sangre con tan infernal violencia? Estoy convencida de que sería nuevamente la misma que era, si estuviese en los matorrales de las lomas. Vuelve a abrir la ventana..., ¡de par en par!...¡Y déjala abierta! Date prisa..., ¿Por qué no te mueves?
       -Porque no quiero matarla de frío.
       -Di, mas bien, que no quieres dejarme que viva -dijo con tristeza-. Pero, después de todo, todavía no me encuentro impedida; yo misma abriré.
        Y deslizándose del lecho antes que yo pudiera evitarlo, atravesó la habitación con paso vacilante, abrió la ventana de par en par y se asomó sin preocuparse de aire helado y cortante como un cuchillo. Le supliqué que se metiera dentro y, por último, traté de obligarla. Pero he de confesar que la fuerza que le daba el delirio superaba con mucho la mía. (Tenía el delirio y me convencí luego, por sus extraviados actos.) No había luna y todo estaba sumido en brumosa oscuridad. ni cerca ni lejos brillaba la luz de una sola casa; hacia tiempo que todas se habían apagado, y las Cumbres Borrascosas no se podían ver desde allí. Sin embargo, afirmaba ella que distinguía sus resplandores.


       Brontë, Cumbres borrascosas, Barcelona, Editorial Planeta S. A., 1994, Página 99.
Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita, primero de bachillerato, curso 2016-2017



Ética Nicomáquea, Aristóteles

Libro III

Capítulo 3: Objeto de la voluntad.

   Hemos dicho ya que la voluntad tiene por objeto un fin, pero unos piensan que su objeto es el bien, y otros que es el bien aparente. Si se dice que el objeto de la voluntad es el bien, se sigue que el objeto deseado por un hombre que no elige bien no es objeto de voluntad (ya que , si es objeto de voluntad, será también un bien; pero, así, sucedería que sería un mal); en cambio, para los que dicen que el objeto de la voluntad es el bien aparente, no hay nada deseable por naturaleza, sino lo que a cada uno le parece: a unos una cosa y a otros otra, y si fuera así, cosas contrarias. Y si estas consecuencias no nos satisfacen, ¿deberíamos , entonces, decir que el objeto de la voluntad es el bien, tomado de un modo absoluto y de acuerdo con la verdad, mientras que para cada persona es lo que le aparece como tal? Así, para e hombre bueno, el objeto de la voluntad es el verdadero bien; para el malo, cualquier cosa (lo mismo, para el caso de  los cuerpos, si están en buenas condiciones físicas, es sano lo que verdaderamente lo es, pero, para los enfermizos, son otras cosas; e igualmente ocurre con lo amargo, lo dulce, lo caliente, lo pesado y todo lo demás). El hombre bueno, en efecto, juzga bien todas las cosas, y en todas ellas se le muestran la verdad.
   Pues, para cada modo de ser, hay cosas bellas y agradables, y, sin duda, en lo que más se distingue el hombre bueno es en ver  la verdad en todas las cosas, siendo como el canon y la medida de ellas. La mayoría, en cambio, se engaña, según parece, a causa del placer, pues parece ser un bien sin serlo.
    Y, por ello, eligen lo agradable como un bien y huyen del dolor como un mal.

Aristóteles, Ética Nicomáquea,editorial gredos, publicada en Madrid en 2000, libro: III,capítulo 4, página:82-83.
Seleccionado por Lara Esteban González, primero bachillerato, curso 2016-2017.

Las tribulaciones del estudiante Törless, Robert Musil


POR FIN se encontró tendido en su cama. Ya no pensaba en nada, pues pensar le era muy difícil y estéril... Verdad es que por la cabeza le pasó lo que había sabido de los secretos actos de sus amigos; pero tales cosas le parecieron tan indiferentes y faltas de vida como las noticias que uno lee en un diario extranjero.
       De Basini no cabía esperar ya nada. Por cierto,  ahí estaba su problema, pero el problema era tan dudoso y él estaba tan cansado y abatido... Tal vez todo fuera un engaño.
       En las oscuras sensaciones que precedieron al sueño, sólo exhalaba su aroma, como las flores de saúco, el rostro de Basini, su desnuda y deslumbrante piel. Y allí hasta se extinguía toda repugnancia moral. Por fin Törless se durmió.

       Ningún sueño turbó su tranquilidad, pero una tibieza infinitamente agradable tendía blandos tapices bajo su cuerpo. Se despertó de pronto y tuvo que ahogar un grito de sorpresa. Junto a su cama estaba Basini que, con frenéticos y rápidos movimientos, se despojó de la camisa, se metió bajo las sábanas y aprentó su desnudo y tembloroso cuerpo contra Törless.
       Apenas Törless se dio cuenta de esta acometida, apartó a Basini de sí.
       -¿Estás loco? ¿Qué te has creído?
       Pero Basini suplicaba.
       -Oh, no vuelvas a ser así conmigo. Nadie es como tú. Ellos no me desprecian, como tú. Son rudos sólo para poder luego portarse de otro modo. Pero tú, justamente tú... Si hasta eres más joven que yo, aunque en verdad eres más fuerte...; nosotros dos somos más jóvenes que ellos... Tú no eres tan rudo y vanidoso como ellos... Eres suave, tierno... Te quiero...
       -¿Cómo?... ¿Qué dices? ¡Qué tengo que ver yo contigo? ¡Vete! ¡Sal enseguida de mi cama!
       Y Törless atormentado, apartó con el brazo el hombro de Basini; pero la cálida proximidad de la piel blanda, extraña, lo perseguía, lo abrazaba y lo ahogaba. Y Basini susurraba sin cesar:
       -...¡Oh, por favor, por favor, oh, me gustaría tanto complacerte...!

       Törless no sabía que responder. Mientras Basini hablaba, mientras transcurría un segundo de duda y reflexión, los sentidos volvieron a hundírsele en un mar verde y profundo. Sólo las móviles palabras de Basini refulgían en él como destellos de plateados peces.
       Con el brazo continuaba aún apartado el cuerpo de Basini, pero ahora estaba invadido por una tibieza húmeda, pesada. Los músculos se le adormecían, se olvidaba de ellos... Sólo cuando le llegó otro torrente de conmovidas palabras, despertó de aquel estado, porque de pronto sintió -como algo terriblemente inasible- que precisamente -como en sueños- sus manos acababan de atraer a Basini hacia él.
       Entonces quiso agitarse, gritarse: "Basini te engaña, quiere atraerte sólo para que ya no puedas despreciarlo"; pero el grito se le ahogó en la garganta. Ningún sonido vivía en el enorme edificio. En todos los corredores parecían dormir, inmóviles, las oscuras olas del silencio.
        Quiso recobrarse, volver a sí mismo pero, como negros guardianes, las olas estaban echadas ante todas las puertas.
       Entonces Törless ya no buscó palabras. Las voluptuosidad que, poco a poco, se le había ido metiendo furtivamente desde aquellos primeros momentos de desesperación, había alcanzado ahora sus plenas dimensiones. Allí estaba esa voluptuosidad, desnuda junto a Törness, extendida, cubriéndose la piel con su blanda y negra capa. Y le susurraba dulces palabras de resignación al oído, y con sus cálidos dedos hacían a un lado todos los problemas y deberes que parecían vanos. Y le susurraba. "En la soledad todo, está permitido..."
       Sólo en un instante en que logró deshacerse de aquella fuerza voluptuosa, despierto, vigilante durante un segundo, se aferró desesperado a un pensamiento: "Éste no soy yo... No soy yo... ¡Sólo mañana volveré a ser yo!... ¡Mañana!"


Robert Musil, Las tripulaciones del estudiante, Barcelona, 1984, Editorial Seix Barral, páginas 159-161.
 Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017

Los conquistadores, Malraux

                                                                                                                             Al día siguiente

     Garín vuelve furioso de ver a Borodín.

     -Yo no digo que haga mal en aprovechar la muerte de Klein, como podría aprovechar cualquier otra cosa. Lo que encuentro idiota, lo que me exaspera, es su pretensión de obligarme a hablar ante su tumba. Hay un montón de oradores. ¡ Pues no! Otra vez está dominado por la insoportable mentalidad soviética, por una exaltación estúpida de la disciplina. ¡Allá él! Pero yo no he dejado Europa en un rincón como un saco de trapos, a riesgo de acabar como un Rebecci cualquiera, para venir a enseñar aquí la palabra obediencia, ni para aprenderla. " ¡No hay medias tintas frente a la Revolución! " ¡Pues estaríamos arreglados! Hay medias tintas en todas partes donde se encuentren hombres y no máquinas... ¡Tiene la presión de fabricar revolucionarios lo mismo que Ford fabrica coches! Esto terminará mal, y no va a tardar mucho. En su cabeza de mongol peludo, el bolchevique está en pugna con el judío. Pues si gana el bolchevique, peor para la Internacional...

     Pretextos. Ésa no es la verdadera causa de la ruptura.

     Hay en primer lugar otra: Borodín ha hecho ejecutar a Hong. Garín, creo yo, quería salvarle. A despecho del asesinato de los rehenes (que parece, por lo demás, no haber sido ordenado por él). Porque pensaba que, a pesar de todo, Hong seguía siendo utilizable; porque hay entre Garín y los suyos una especie de vínculo feudal. Y tal vez porque estaba seguro de que, llegado el caso, Hong acabaría a su lado... contra Borodín. Lo cual parece haber sido opinión de éste...
     Garín no cree más que en la energía. No es antimarxista, pero el marxismo no es absoluto para él un "socialismo científico"; es un método de organización de las pasiones obreras, un medio de reclutar tropas de choque entre los obreros. Borodín, pacientemente, construye la planta baja de un un edificio comunista. Reprocha a Garín el carecer de perspectiva, el ignorar adónde va, el no obtener más que victorias debidas al azar- por muy brillantes, por muy indispensables que sean-. Incluso hoy, a sus ojos, Garín pertenece al pasado.

     Garín cree verdaderamente que Borodín trabaja de acuerdo con unas perspectivas, pero piensa que estas perspectivas son falsas, que la obsesión comunista le conducirá a unir en contra suya un Kuomintang de derechas singularmente más fuerte que el de Chengdai, y que este Kuomintang aplastará a las milicias obreras.

     Y descubre (bien tarde, por cierto...) que el comunismo, como todas las doctrinas poderosas, es una francmasonería. Que en nombre de su disciplina, Borodín no vacilará en reemplazarle, tan pronto como él, Garín, no le sea indispensable, por alguien tal vez menos eficaz, pero más obediente.



     Malraux, Los conquistadores, Barcelona, Editorial RBA coleccionables S. A., 1995, Página182-183.
     Seleccionado por Rodrigo Perdigón Sánchez, primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

Guillermo Tell, Friedrich von Schiller


Acto cuarto

Escena primera

       Orilla de la parte del lago de los Cuatro Cantones.
    Rocas abruptas de formas extrañas cierran la perspectiva al oeste. El lago está agitado, violento ruido de las olas interrumpido por rayos y truenos.
      Kunz von Gersau. Pescador y joven pescador.

  KUNZ. Yo lo he visto con mis propios ojos, podéis creerme, toda ha sucedido tal y como os lo he dicho.
  PESCADOR. Tell preso y deportado a Jüssnacht, el mejor hombre del país, el brazo más recio, si un día tuviéramos que defender nuestra libertad por la fuerza.
  KUNZ. El mismo gobernador le lleva a través del lago; yo partí de Flüelen cuando estaba a punto de embarcarse, sin embargo, la tormenta, que ahora se cierne y que también a mí me ha obligado a desembarcar aquí apresuradamente, puede haber impedido su partida.
  PESCADOR. ¡Tell aherrojado, en poder del gobernador! ¡ Oh, creedme, le encerrará en un calabozo muy hondo, para que no vuelva a ver la luz del día! ¡Pues tiene que temer la justa venganza del hombre libre al que ha provocado gravemente!
  KUNZ. También dicen que el ex magistrado mayor,el noble señor Von Attinghausen, está muriéndose.
 PESCADOR. ¡Entonces se rompe la última ancla de nuestra esperanza! ¡Que él era el único que quedaba capaz de alar su voz para defender los derechos del pueblo!
  KUNZ. La tormenta crece. Que lo paséis bien, yo me alojaré en el pueblo, pues hoy ya no puede pensarse en partir.
  PESCADOR. ¡Tell preso y el barón muerto! ¡Alza tu frente insolente, tiranía, arroja de ti toda la vergüenza! ¡ La boca de la verdad está muda, el ojo vidente está ciego, el brazo que debía salvarnos está encadenado!


Friedrich von Schiller, Guillermo Tell, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 235
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.