jueves, 12 de enero de 2017

Bucólica octava, Virgilio

     Empieza conmigo, flauta mía, los versos menalios. ¡Oh tú, unida a un esposo merecido, que desprecias a todos y que aborreces mi flauta y mis cabrillas y mi hirsuto sobrecejo y mi lengua barba y no crees que dios alguno se cuide de las acciones de los hombres!
     Empieza conmigo, flauta mía, los versos menalios. En nuestros setos te vi yo, de pequeña, coger con tu madre (era yo vuestro guía) manzanas mojadas de rocío; había entonces entrado ya en los doce años, ya desde el suelo podía alcanzar las frágiles ramas; así que te vi, ¡cómo me perdí, cómo me arrebató fatal engaño!
     Empieza, flauta mía, los versos menalios. Ahora sé lo que es Amor; en duras rocas dan a ser a aquel niño el Tmaro, o el Ródope, o los garamantes del extremo del mundo; no es de nuestra raza ni de la sangre nuestra.
     Empieza conmigo, flauta mía , los versos menalios. El cruel amor fue quién enseñó a una madre a manchar sus manos con la sanfre de sus hijos; tú, madre, también fuiste cruel; ¿fue la madre más cruel o más malvado el niño aquél? malvado fue aquel niño; tú, madre, cruel también.


Virgilio, Bucólicas y Geórgicas. Barcelona ed. Gredos, S.A, col Biblioteca Básica Gredos, pag 39.
Seleccionado por David Francisco Blanco. Primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

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