viernes, 8 de abril de 2016

La letra escarlata, Nathaniel Hawthorne

Continuamente, y de mil maneras, experimentaba los innumerables tormentos que para ella había ideado la sentencia imperecedera del tribunal puritano. Los ministros del altar se detenían en medio de la calle para dirigirle palabras de exhortación, que atraían una multitud implacable alrededor de la pobre pecadora. Si entraba en la iglesia los domingos, confiada en la misericordia del Padre Universal, era con frecuencia, por su mala suerte, para verse convertida en el tema del sermón. Llegó a tener un verdadero terror de los niños, que habían concebido, gracias a las conversaciones de sus padres, una vaga idea que había algo horrible en esa triste mujer que se deslizaba silenciosa por las calles de la población, sin otra compañía que su única niña. Por lo tanto, dejándola al principio pasar, la perseguían después a cierta distancia con agudos chillidos pronunciando una palabra cuyo sentido exacto no podían ellos comprender, pero que no por eso era menos terrible para Ester, por venir de labios que la emitían inconscientemente. Parecía indicar una difusión tal de su ignominia, como si esta fuera conocida de toda la naturaleza; y no le habría causado pesar mas profundo si hubiera oído a las hojas de los árboles referirse entre sí la sombría historia de su caída, y a las brisas del verano contarla entre susurros, o a los ábregos del invierno proclamarla con sus voces tempestuosas. Otra especie de tortura peculiar que experimentaba la pobre mujer era cuando veía un nuevo rostro, cuando personas extrañas fijaban con curiosidad las miradas en la letra escarlata, lo que ninguna dejaba de hacer y era para ella como si le aplicasen un hierro candente al corazón. Entonces apenas podía contener el impulso de cubrir el símbolo fatal con las manos, aunque nunca llegó a hacerlo. Pero las personas acostumbradas a contemplar aquel signo de ignominia, podían hacerla sufrir también intensa agonía. Desde el primer momento en que la letra formó parte integrante de su vestido, Ester había experimentado el terror secreto que un ojo humano estaba siempre fijo en el triste emblema: su sensibilidad en ese particular, lejos de disminuirse con el tiempo, era cada vez mayor, merced al tormento cotidiano que sufría.

Nathaniel Hawthorne, La letra escarlata, https://www.google.es/search?q=moby+dick+pdf&rlz=1C1VSNC_enES609ES612&oq=moby+dick+pdf&aqs=chrome..69i57.5618j0j4&sourceid=chrome&ie=UTF-8#q=la+letra+escarlata+pdf. Seleccionado por Lidia Rodríguez Suárez. Segundo de bachillerato. Curso 2015-2016.

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