lunes, 3 de noviembre de 2014

Mujercitas, Louisa May


Capítulo IV


   -Desde luego, estos chiquillos han cogido el sarampión ene el mejor momento-exclamó Meg un día de abril mientras arreglaba su equipaje en la habitación, ayudada por sus hermanas.

   -Y Annie Moffat ha sido muy contenta al no olvidar la promesa que te había hecho. Disfrutaría mucho con quince días de diversión -Comentó Jo, que parecía un ventilador al plegar las faldas con sus largos brazos. 

   -¡ Y con un tiempo tan espléndido! -añadió Beth, colocando cuidadosamente cintas y lazos en su mejor estuche, que había prestado a su hermana para aquella gran ocasión.

  -A mí también me gustaría ir y lucir todo esto -replicó Amy con la boca llena de alfileres, que distribuía ordenadamente en el acerico de su hermana.
  

Louis May, Mujercitas, Torino (Italia), Everest, 2014, página 170.
Seleccionado por: Pablo Galindo Cano. Segundo de bachillerato. Curso 2014-2015.

Jane Eyre, Charlotte Brontë




   CAPÍTULO 1


     No fue posible salir a pasear aquel día. La verdad es que por la mañana habíamos estado deambulando entre los desnudos matorrales durante una hora; pero después del almuerzo(la señora Reed comía temprano cuando no tenía visita), un frío viento de invierno trajo consigo nubarrones tan negros y una lluvia tan fuerte, que quedó descartado cualquier otro ejercicio al aire libre.
     Yo me alegré de no salir; nunca me gustaron las largas caminatas, y menos en tardes desapacibles: para mí era algo espantoso regresar a casa en la incipiente hora del crepúsculo, con los dedos de las manos y los pies agarrotado, en corazón entristecido por las reprimendas de Bessie, la niñera, y humillada por la conciencia de mi inferioridad física respecto a Eliza, John y Georgiana Reed.
   Los tres, Eliza, John y Georgiana, se encontraban ahora en el salón agrupados en torno a su madre, la cual, reclina en un sofá junto a la chimenea, parecía completamente feliz rodeada de sus queridos hijos(que en aquellos momentos no se peleaban ni alborotaban). A mí me había dispensado de incorporarme al grupo, afirmado que lamentaba verse obligada a mantenermer a distancia hasta que Bessie le informara y ella pudiera comprobar que me esforzaba seriamente en adquirir modales más sociables y propios de mi edad



         Charlotte Brontë, Jane Eyre, La Coruña, Everest, 2013, página 18. Seleccionado por Guillermo Arjona Fernández. Segundo de bachillerato. Curso 2014-2015.

Tragedias, Ifigenia en Áulide, Eurípides


            MENSAJERO. - ¡Oh hija de Tindáreo, Clitemestra, sal fuera de las casas, a fin de que oigas mi relato.
           CLITEMESTRA. - A oír tu llamada he acudido aquí, temerosa, triste y abatida por el espanto de que hayas venido a traerme alguna otra desgracia además de la presente.
           MENSAJERO. - Acerca de tu hija quiero anunciarte hechos asombrosos, y tremendos,
           CLITEMESTRA. - ¡No te demores entonces, sino dilo a toda prisa!
           MENSAJERO. -  Entonces, querida señora, lo sabrás todo con claridad. Lo contaré desde un comienzo, a no ser que mi entendimiento me falle y confunda a mi lengua en mi relato.
            Así que, una vez que llegamos al bosque y a las praderas cargadas de flores consagradas a Ártemis la hija de Zeus, donde era el lugar de reunión del campamento de los aqueos, conduciendo a tu hija, al punto se congregó la multitud de argivos. Y apenas el rey Agamenón vio avanzar a la muchacha a través del bosque sagrado hacia su sacrificio, comenzó a lanzar gemidos, mientras que, a la vez, desviando la cabeza, prorrumpía en lágrimas, extendiendo su manto hasta sus ojos. Pero ella se detuvo al lado de su progenitor y le dijo: "Padre, aquí estoy junto a ti, y mi cuerpo por mi patria y por toda Grecia entrego voluntariamente a los que me conducen al sacrificio en el altar de la diosa, ya que éste es el mandato del oráculo. ¡Y por lo que de mí depende, que seáis felices y consigáis la victoria para nuestras lanzas y el regreso a la tierra patria! Por eso, que ninguno de los argivos me toque, que ofreceré en silencio mi garganta con animoso corazón". Eso fue lo que dijo. Y todo el mundo, al oírla, admiró la magnanimidad y el valor de la muchacha virgen. Alzóse en medio Taltibio, a cuyo oficio esto concernía, y ordenó comportamiento respetuoso y silencio a la tropa. Y el adivino Calcante en el canastillo labrado de oro depositó el puñal afilado, que con su mano había desenvainado, en medio de los granos de cebada; y coronó la cabeza de la joven. Y el hijo de Peleo agarró el canastillo y el cántaro de agua ritual y roció  el altar de la diosa en derredor, y dijo: "Hija de Zeus, tú que cazas animales salvajes, y que en la noche volteas la blanca luz astral, acepta esta víctima que te ofrecemos come regalo el ejército de los aqueos y el soberano Agamenón: la sangre pura de un cuello hermoso y virginal. Y concédenos realizar una navegación indemne y arrasar los muros de Troya por la lanza".

Eurípides, Tragedias: Infigenia en Áulide, Madrid, Ed. Gredos, Biblioteca Clásica Gredos, 1985, Págs 318 - 319, Seleccionado por Rosa María Perianes Calle, 2º de Bachillerato, 2014-2015.
           

Drácula, Bram Stoker

DIARIO DEL DOCTOR SEWARD
     30 de septiembre. El señor Harker llegó a las nueve. Había recibido el telegrama de su esposa justo antes de partir. Es un hombre con inteligencia poco común, a juzgar por su cara, -y seguro que sí, teniendo en cuenta nuestras propias experiencias-, es además un hombre con una gran sangre fría. El bajar a la tumba del conde por segunda vez fue una acción increíblemente valerosa. Después de leer su narración esperaba encontrar un hombretón muy varonil, no el tranquilo hombre de nefocios que ha resultado ser: 

     Más tarde. Después de comer, Harker y su mujer se fueron a su dormitorio. Cuando pasé por delante de su puerta oí el sonido de la máquina de escribir. Están trabajando de lo lindo. La señora Harker dice que han puesto en orden cronológico hasta la más pequeña información que disponemos. Harker ha conseguido las cartas entre la persona que recibió las cajas en Whitby y los transportistas londinenses que se hicieron cargo de ellas. Ahora está leyendo la versión mecanografiada por su esposa de mi diario. Me pregunto si sacará algo limpio de él. Aquí viene...








Bram Stoker, Drácula, León, Editorial Everest, S.A. , año 2013, página 324.
Seleccionado por Alejandro López Sánchez. Segundo de Bachillerato. Curso 2014-2015 

Áyax, Sófocles

     Escena: Campamento de los griegos ante Troya. El día comienza a despuntar. ODISEO examina unas huellas delante de la tienda de ÁYAX.
     Repentinamente se aparece la diosa ATENA, que rompe el silencio de la escena. ODISEO la oye sin verla.




     ATENA. Siempre, hijo de Laertes, te encuentro al acecho de intentar alguna acción contra tus enemigos. También ahora te veo junto a la costera tienda de Áyax, que ocupa el puesto extremo, rastreando y observando desde hace tiempo las huellas recién impresas de aquél, con el fin de ver si está dentro o no está dentro. Y bien te guía un paso de buen olfato como de perra laconia. Dentro, efectivamente, está desde hace poco tu hombre, derramando sudor por su cabeza y por sus manos que matan con la espada. Así que no es ya tarea tuya andar husmeando al interior de esta puerta, sino contarme por qué te aplicaste a esta diligencia, para que aprendas de una que sabe.


Sófocles, Áyax.  Madrid, Alianza Editorial. Páginas 55 y 56. 1990.
Seleccionado por Pablo del Castillo Baquerizo . Segundo de bachillerato, curso 2014/2015

Diez Negritos, Agatha Christie

     -¡Todo eso es grotesco! -estalló el general Macarthur-. ¡Grotesco! ¡Esas acusaciones tan monstruosas contra nosotros! Tenemos que hacer algo al respecto. Este tal Mr. Owen, quienquiera que sea...
     Miss Brent le interrumpió.
     -Eso es. ¿Quién es?
     El juez Wargrave intervino con la autoridad de una vida entera pasada en los tribunales.
     -Ante todo interesa esclarecer este detalle. Rogers, le sugiero que lleve a su mujer a su habitación y que se acueste. Luego, vuelva usted aquí.
     -Bien, señor.
     -Le echaré una mano, Rogers -le ofreció el doctor Armstrong.
     Apoyada en los dos hombres, Mrs. Rogers salió vacilante del salón.
     Cuando hubieron salido, Anthony Marston dijo:
     -No sé si opinará lo mismo, señor, pero yo necesito beber algo.
     -Yo también -añadió Lombard.
     -Voy a ver que encuentro -dijo Anthony.
     Salió de la habitación. Unos instantes después ya estaba de vuelta.
     -Las encontré en una bandeja cerca de la puerta, listas para entrarlas.

Agatha Christie, Diez negritos, Barcelona, Ed. Molino, 1939.
Seleccionado por Alain Presentación Muñoz. Segundo de bachillerato. Curso 2014-2015.


Electra, Sófocles

                                         Acrópolis de Micenas, ante el palacio que fue de
                                         Agamenón. Es el amanecer. Entran Orestes, su
                                         amigo Pílades y el Pedagogo.




     PEDAGOGO.- Hijo de Agamenón, el que guio los ejércitos ante Troya un día, ahora puedes ver aquello de lo que siempre estabas deseoso. He aquí el antiguo Argos que añorabas, sagrado lugar de la virgen herida por el tábano, hija de Ínaco. He aquí, Orestes, la plaza Licea del dios matador de Lobos, y aquí, a la izquierda, el glorioso templo de Hera. Aquí hemos llegado,puedes decir que ves Micenas rica en oro y a este palacio rico en desgracias de los Pelópidas, de donde, lejos de quienes fueron muerte de tu padre, yo te saqué, tomándote de una de tu sangre, de tu hermana, y te guardé y nutrí hasta la edad que tienes, para que fueras vengador de la muerte de tu padre. Ahora, pues, Orestes, y tú, Pílades, el más querido de los huéspedes, a prisa hay que pensar que haremos, porque ya la luz brillante del sol claras nos alza las voces mañaneras de los pájaros,  y ha pasado la oscura noche de las estrellas. Antes que nadie salga de casa, poneos de acuerdo; vamos adonde no es momento de dudar, sino a tiempo de obras.



Sófocles, Electra. Madrid. Ediciones clásicas. Páginas 19 y 20. 2000.
Seleccionado por Pablo del Castillo Baquerizo . Segundo de bachillerato, curso 2014/2015

lunes, 27 de octubre de 2014

Las flores del mal, Charles Baudelaire




XLI
TODA ENTERA

Ha venido el Demonio a mi buhardilla
esta mañana para hablar conmigo,
y procurando sorprenderme en falta
me ha dicho: Yo quisiera preguntarte,

de entre todas sus grandes hermosuras 
que forman el hechizo que posee,
de entre las cosas negras o rosadas 
que componen su cuerpo delicioso,

¿cuál es la que prefieres? ¡Oh, alma mía,
 así le respondiste al Maldito:
Puesto que en ella todo me es un bálsamo,
 no tengo preferencia entre lo suyo.

Si todo me enajena, ya no sé
si algún encanto suyo me seduce.
Es un deslumbramiento como el Alba
y consuela lo mismo que la Noche;

demasiado exquisita es la armonía
 que rige la belleza de su cuerpo
para que pueda el impotente análisis
reflejar sus acordes infinitos.
¡Metamórfosis mística de todos
mis sentidos que en uno se confunden!
¡Su aliento engendra música en el aire
 como su voz se trueca en el perfume!



       Charles Baudelaire, Las flores del malBarcelona, Planeta, 1984, página 59. 
       Seleccionado por Guillermo Arjona Fernández. Segundo de bachillerato. Curso 2014-2015.


                            

                                        

Los cuentos de así fue, Rudyard Kipling



COMO SE ESCRIBIÓ LA PRIMERA CARTA


   Y es que era verdad que estaban todos. En primera fila iban Teshumai Tewindrow y las señoras neolíticas, sujetando con fuerza al extranjero, que llevaba el pelo lleno de barro (aunque era un tewara). Detrás iban el jefe supremo, el vice-jefe los jefes suplente y ayudante ( armados todos hasta los dientes), los atamanes y jefes de centurias, los pelotoneros con sus pelotones y los dolmanes con sus destacamentos; las filas de atrás las ocupaban negrusos, woones y akhondes ( armados también hasta los dientes). Detrás iba la tribu en orden jerárquico, desde los dueños de cuatro cuevas ( una por cada estación) un corral de reno y dos saltos de agua frecuentados por salmones, hasta los villanos de mandíbula interior sobresaliente sometidos a un señor, con derecho tácito a media piel de oso en las noches de invierno, y eso solo a siete metros del fuego; y finalmente los siervos de la tierra que, como tributo, por todo animal que mataban debían entregar al señor el espinazo roído. Allí estaban todos, dando cabriolas, gritando y asustando a todos los peces que había en veinte kilómetros, lo que Tegumai les agradeció con un fluido discurso neolítico.

Rudyard Kipling, Los cuentos de así fue, Móstoles (Madrid), Akal Literaturas, 2002,página 142.
Seleccionado por: Pablo Galindo Cano. Segundo de bachillerato. Curso 2014-2015.

Moby Dick, Herman Melville

                                            CAPÍTULO XLV
                                            El testimonio


     Para lo que pueda tener de novela este libro, y, desde luego, en cuanto se refiere indirectamente a una o dos curiosas e interesantes particularidades de las costumbres de los cachalotes, el capítulo precedente, en su parte inicial, es tan importante como cualquier otro que se encuentre en este volumen, pero su materia básica requiere todavía que nos extendamos y nos familiaricemos máscon ella, para que se entienda adecuadamente, y además para eliminar cualquier incredulidad que la profunda ignorancia de todo el asunto pueda producir en algunas mentes, en cuanto a la verdad natural de los principales puntos de esta cuestión.
     No me imorta ser meticuloso en la realización de esta partede mi tarea, pero me contentaré con producir la impresión deseada mediante citas separadas e partidas que, como ballenero, sé que son reales y fidedignas; y de esas citas, entiendo que se seguirá naturalmente y por sí misma la conclusión a que apunto con mi intención.



                             



Herman Melville, Moby dick. Editorial Planeta. página,245. 1, Barcelona.
Seleccionado por Pablo del Castillo Baquerizo . Segundo de bachillerato, curso 2014/2015

El fantasma de Canterville y otros cuentos

                                                                       El mejor amigo

     Una mañana la vieja rata de agua asomó la cabeza por su agujero. Tenía ojillos brillantes, vivarachis, y tiesos bigotes grises,y la cola era como un trozo largo de negra goma de borrar. Los patios nadaban por el estanque , con todo el aire de una nidada de canarios amarillos , y su madre , toda blanca y con patas muy rohas , intentaba enseñarles cómo estar cabeza abajo en el agua.
     -Nunca entraréis en la alta sociedad si no sabéis estar cabeza abajo -les repetía.
     Y de vez en cuando les enseñaba cómo se hacía. Pero los patitos no le prestaban la menor atención : eran tan pequeños que aún no tenían ni idea de lo importante que es entrar en sociedad.
     -¡Qué  niños más desobedientes!-exclamó la vieja rata de agua-;merecerían ahogarse.
     Nada de eso-arguyó la pata-; todo el mundo ha de empezar por el principio , y la paciencia paterna nunca es demasiada.
     -¡Ah , yo no sé lo que sienten los padres!-dijo la rata-:no tengo familia. La verdad es que no me he casado, ni tengo intención de hacerlo. A su manera el amor está muy bien , pero la amistad es más perfecta . En realidad no sé nada en el mundo que sea más noble nu más preciado que un amigo fiel.





Oscar Wilde, El fantasma de Canterville y otros cuentos, Barcelona, Vicens Vives. Seleccionado por Lucía Pintor del Mazo. Segundo de bachillerato. Curso 2014/2015



Aventuras de Alicia en el país de las maravillas, Lewis Carroll

CAPÍTULO III: UNA CARRERA DE COMITÉ Y UN CUENTO CON COLA.

     Por último el ratón, que parecía ser una persona con cierta autoridad entre ellos, dijo en voz alta: <<¡ Sentaos todos, y escuchadme! ¡Yo haré que os sequéis de sobra! >>. Se sentaron todos al punto, formando un gran corro con el Ratón en medio. Alicia tenía la mirada ansiosamente fija en él, ya que estaba convencida de que iba a coger un buen resfriado si no se secaba enseguida.
     -¡Ejem!- dijo el Ratón con aire de importancia-. ¿Estáis preparados? Pues esto es lo más seco que conozco. ¡Silencio todos, por favor!: << Guillermo el Conquistador, cuya causa contaba con el favor del papa, fue pronto acatado por los ingleses, que estaban necesitados de un dirigente, y últimamente muy acostumbrados a la usurpación y a la conquista. Eduino y Morcaro, condes de Mercia y de Northumbria...>>*
     -¡Uf!- dijo el Lori con un escalofrío 
     -¡Perdón!- dijo el Ratón-. ¿Decías algo?
     -¡No, no!- se apresuró a decir el Lori.
     -Pues me lo había parecido- dijo el Ratón. Y continuó-: << Eduino y Morcaro, condes de Mercia y Northumbria, se declararon en favor suyo; y hasta Stigandio, el patriótico arzobispo de Canterbury, lo encontró aconsejable...>>.
     -Encontró ¿el qué?- dijo el Pato.
     - El <>- replicó el Ratón bastante molesto-; naturalmente, sabes que significa <>.
     - Sé de sobra qué significa <> cuando encuentro una cosa- dijo el Pato-; por lo general, se trata de una rana o de una lombriz. La cuestión aquí es: ¿Qué encontró el arzobispo?*
     El Ratón no se dio por enterado de la cuestión, sino que prosiguió apresuradamente: <<... Lo encontró aconsejable, decidiendo ir con Edgar Atheling al encuentro con Guillermo y ofrecerle la corona.




Lewis Carroll, aventuras de Alicia en el país de las maravillas, Madrid, Ediciones akal, S.A., 2005, páginas 108, 109. Seleccionado por Andrea González García. Segundo de bachillerato. Curso 2014-2015.

El mago de Oz, L. Frank Baum


CAPÍTULO 3: De cómo Dorothy salvó al Espantapájaros


     -Buenos días -dijo el Espantapájaros, con una voz algo ronca.
     -¿Has hablado? -preguntó Dorothy amablemente-. ¿Cómo estás tú?
     -No me siento bien -dijo el Espantapájaros con una sonrisa-, ya que es muy aburrido estar colgado aquí día y noche para espantar a los cuervos.
     -¿No puedes bajarte? -preguntó Dorothy.
   -No, porque tengo esta estaca metida por la espalda. Si tú pudieras sacármela, te quedaría muy agradecido.
     Dorothy alargó ambos brazos y alzó la figura de la estaca, ya que, como estaba rellena de paja, era bastante liviana.
     -Muchísimas gracias -dijo el Espantapájaros, cuando Dorothy lo depositó en el suelo-. Me siento como un hombre nuevo.




L. Frank Baum, El mago de Oz, Madrid, ed. Alianza, página 29.
Seleccionado por Laura Tomé Pantrigo. Segundo de bachillerato. Curso 2014/2015







El tambor de hojalata, Günter Grass.

LA TRIBUNA


       Al romper con mi canto los vidrios de las ventanas del foyer del Teatro Municipal, buscaba yo y establecí por vez primera contacto con el arte escénico. A pesar de los apremiantes requerimientos del vendedor de juguetes Markus, mamá hubo sin duda de darse cuenta aquella tarde de la relación directa que me unía al teatro, porque es el caso que, al aproximarse la Navidad sigue, compró cuatro entradas, para ella, para Esteban y Marga Bronski y también para Óscar, y el último domingo de Adviento nos llevó a los tres a la función infantil. Estábamos en primera fila de la segunda galería. La soberbia araña, colgando sobre la platea, daba lo mejor de sí. Celebré no haberla hecho polvo con mi canto desde la Torre de la Ciudad.



       Günter Grass, El tambor de hojalata, Editorial, Santillana Ediciones Generales, S.L. página, 141
       Seleccionado por Alejandro López Sánchez. Segundo de Bachillerato. Curso 2014/2015






Canción de Navidad, Charles Dickens



Segunda estrofa: El primero de los tres espíritus.


          Cuando Scrooge despertó, había tal oscuridad que, al mirar desde la cama, apenas pudo distinguir la transparente ventana de los opacos muros de su dormitorio. Estaba esforzándose en traspasar las tinieblas con sus ojos de hurón cuando el repique de las campanas de una iglesia vecina dio los cuatro cuartos.Así que estuvo atento a que sonase la hora.
       Para  su mayor sorpresa, las campanadas graves pasaron de las seis a las siete, y de las siete a las ocho, y así, regularmente, hasta las doce; y entonces se detuvieron.¡Las doce! Eran  más de las dos cuando él se había ido a la cama. El reloj estaba equivocado. Algún carámbano de hielo debía haber caído dentro  de la maquinaria.¡Las doce!
         Tocó el resorte de su reloj de recepción, para poner en hora tan absurdo objeto. Sus rápidas  suevas pulsaciones dieron las doce; y luego se detuvo
        ¡Cómo! No es posible - se dijo Scrooge- que haya estado durmiendo un día entero hasta bien entrada la noche. ¡No es posible que algo le haya sucedido al sol y que ahora sean las doce del mediodía!


Charles Dickens, Canción de Navidad, Madrid, Alianza Editorial,,2001,página 40. 
Seleccionado por Guillermo Arjona Fernández. Segundo de Bachillerato , curso 2014-2015.