Mostrando entradas con la etiqueta Casa de muñecas (1879). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Casa de muñecas (1879). Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de abril de 2016

Casa de muñecas, Henrik Ibsen

HELMER.-Eres una criatura singular. Lo mismito que tu padre. Te ingenias a maravilla para proporcionarte dinero; pero, apenas lo consigues, se te escurre entre los dedos y no averiguas jamás en qué lo has invertido. En fin, hay que tomarte conforme eres. Lo llevas en la sangre. Sí, Nora, esos rasgos son hereditarios, indudablemente.
NORA.-¡Bien quisiera yo haber heredado algunas cualidades de papá!
HELMER.-Y yo te quiero tal cual eres, alondra mía adorada. Pero escucha: hoy tienes un aire distinto, un aire desconcertante...
NORA.-¿Yo?
HELMER.-Sí, tú. Mírame con fijeza a los ojos (NORA  le mira.) ¿No habrá hecho la golosilla alguna escapatoria en la ciudad?
NORA.-No. ¿Por qué me lo preguntas?
HELMER.-¿De veras no habrá metido la golosilla su nariz en la confitería?
NORA.-No, Torvaldo; te lo aseguro.
HELMER.-¿Ni siquiera habrá husmeado algún dulce?
NORA.-Ni por asomo.
HELMER.-¿Ni ronchado una o dos almendras?
NORA.-Y tanto que no; te lo confirmo.
HELMER.-Bueno, bueno; estaba de broma.
NORA (Acercándose a la mesita de la derecha).-No me asaltaría la menor intención de hacer algo que te disgustara. Puedes estar bien seguro de ello.
HELMER.-De sobra me consta. ¿No me has dado tu palabra? (Se acerca a NORA.) ¡Ea!, reśervate para ti tus secretitos de Navidad, que ya los descubriremos esta noche cuando se encienda el árbol.
NORA.-¿Te has acordado de invitar al doctor Rank a cenar?
HELMER.-No, ni es necesario, puesto que está al corriente. Por lo demás, le invitaré dentro de un rato, cuando venga. He encargado un buen vino. No puedes imaginarte, Nora, con qué ilusión aguardo a que llegue la noche.
NORA.-Yo también. ¡Y cuánta alegría van a sentir los niños, Torvaldo!
HELMER.- Reconforta pensar que ha logrado una gozar de una situación estable, garantizada, para vivir con holgura. ¡Cómo tranquiliza pensarlo!
NORA.-Por supuesto, es maravilloso, igual que un sueño.
HELMER.-¿Recuerdas la Navidad pasada? Desde tres semanas antes te encerrabas hasta la medianoche larga, a fin de confeccionar flores para el árbol de Navidad y darnos numerosas sorpresas. ¡Uf!, ha sido la época más aburrida desde que tengo memoria.
NORA.-Pues yo no me aburría en modo alguno.
HELMER.-Y bastante deplorable fue el resultado, Nora.

Henrik Ibsen, Casa de muñecas, Madrid, Unidad Editorial, Colección Millenium, 1999, pág. 16-17.
Seleccionado por Paula Ginarte Pérez ,Primero de Bachillerato, Curso 2015-2016.

viernes, 5 de febrero de 2016

Casa de muñecas, Henrik Ibsen

ACTO TERCERO

Escena I
CRISTINA (Sentada cerca de la mesa, hojea distraídamente un libro). De vez en cuando mira con inquietud hacia la puerta y escucha atentamente.
CRISTINA (Mirando su reloj): No viene, y, sin embargo, ha pasado ya la hora. Con tal que... (Vuelve a escuchar). ¡Ah! ¡Es él! (Va al recibidor y abre suavemente la puerta exterior. En voz baja). Entre usted, estoy sola.
 KROGSTAD (En la puerta): He recibido una carta de usted. ¿Qué desea?
 CRISTINA: Tengo necesidad absoluta de hablarle.
 KROGSTAD: ¿Sí? Y la entrevista, ¿ha de ser aquí, precisamente?
CRISTINA: No podía recibirle en mi casa, porque no hay puerta independiente. Venga usted; estaremos solos. Los Helmer están de baile en el segundo piso.
 KROGSTAD (Entrando): ¡Cómo! ¿Los Helmer están de baile esta noche? ¿De veras?
CRISTINA: ¿Que tiene eso de particular?
KROGSTAD: Nada.
 CRISTINA: Krogstad, tenemos que hablar.
 KROGSTAD: ¿Nosotros dos? ¿Qué podremos decimos todavía?
CRISTINA: Muchas cosas.
KROGSTAD: No lo hubiera creído jamás.
CRISTINA: Es que usted no me ha comprendido bien nunca.
KROGSTAD: No había mucho que comprender; esas cosas ocurren diariamente. La mujer sin corazón despide al hombre con quien está en relaciones cuando encuentra otro partido más ventajoso.
 CRISTINA: ¿Me cree usted, pues, falta de corazón enteramente? ¿Supone que no me costó nada el rompimiento?
 KROGSTAD: Sin duda.
 CRISTINA: ¿Ha creído eso realmente, Krogstad?
 KROGSTAD: Si no era así, ¿por qué me escribió usted como lo hizo?
CRISTINA: No podía actuar de otro modo. Decidida a romper, debía arrancar de su corazón todo lo que sintiera por mí.
KROGSTAD (Frotándose las manos): ¡Ah! ¡Eso es!... Y todo por el vil interés.
CRISTINA: No debe usted olvidar que yo tenía entonces que sostener a mi madre y a dos hermanos pequeños. No podíamos esperar a usted, que sólo tenía entonces esperanzas tan remotas...
 KROGSTAD: Aun suponiendo que fuera así, usted no tenía derecho a rechazarme por otro.


Ibsen, Henrik, Casa de muñecas, http://www.colombiaaprende.edu.co/html/mediateca/1607/articles-65462_archivo.pdf,
seleccionado por Paola Moreno Díaz, segundo de bachillerato, curso 2015-2016.