miércoles, 31 de mayo de 2017

La Cartuja de Parma , Stendhal

Capítulo 10


       Sin dejar de moralizar, Fabricio saltó a la carretera general que va de Lombardía a Suiza; en aquel lugar está cuatro o cinco pies más baja que el bosque. "Si mi hombre coge miedo -se dijo Fabricio-, sale al galope y yo me quedo aquí plantado como un idiota." En este momento se hallaba a diez pasos del lacayo; ya no cantaba, y Fabricio le vio el miedo en los ojos; iba quizás a volverse con sus caballos. Todavía sin una decisión determinada, Fabricio dio un salto y agarró la brida del caballo flaco.
       -Buen amigo -dijo el lacayo-, no soy un vulgar ladrón, pues comenzaré por darte veinte francos pero me veo obligado a tomar prestado tu caballo; si no me pongo en salva con la mayor rapidez, me matarán. Me vienen pisando los talones los cuatro hermanos Riva, esos grandes cazadores que sin duda conoces. Acaban de sorprenderme en el cuarto de su hermana, salté por la ventana y aquí estoy. Han salido al bosque con sus perros y escopetas. Me había escondido en ese gran castaño hueco, porque vi a uno de ellos atravesar la carretera, pero sus perros me van a descubrir. Voy a montar en tu caballo y a galopar hasta una legua más allá de Como; voy a Milán a arrojarme a los pies del virrey. Y si consientes de buen agrado dejaré tu caballo en la posta con dos napoleones para ti. Si opones la mayor resistencia, te mato con las pistolas que aquí ves. Si, una vez me aleje, echas tras de mí pista a los gendarmes, mi primo, el bravo conde Alari, caballerizo del emperador, se cuidará de que te rompan los huesos.
       Fabricio inventaba este cuento a medida que lo iba diciendo en un tono muy pacífico.

       Stendhal, La Cartuja de Parma. Madrid, Alianza Editorial. Área de conocimiento: Literatura, segunda edición, 2006. Página 215-216.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Comedias, Aristófanes




LOS CABALLEROS 

DEMÓSTENES
     ¡Ayayay! ¡Qué desgracia! ¡Ay! ¡ay! ¡Ojalá! acaben los dioses malamente con ese malvado recien comprado, el Paflagonio, y con sus intrigas, pues desde que se metió en casa siempre logra que se zurre la badana a los criados.
NICIAS
       Y que sea el primero de los paflagonios en acabar con sus calumnias de la peor manera.

DEMÓSTENES
       Infeliz, ¿cómo te encuentras?
NICIAS
       Mal, como tú.
DEMÓSTENES
       Ven aquí entonces y toquemos llorando a dúo con la flauta una endecha de Olimpo.

DEMÓSTENES Y NICIAS (Imitando el sonido de la flauta)
       Mu mu, mu mu, mu mu.
DEMÓSTENES 
       ¿Por qué geminos en vano? ¿No deberíamos buscar el modo de salvarnos ambos y dejar de llorar?

NICIAS
       ¿Y qué salvación puede haber?
DEMÓSTENES
       Dila tú.
NICIAS
       Dímela tú, para o pelearnos.

DEMÓSTENES
      ¡Por Apolo! Yo no. Habla con confianza y luego te expondré mi parecer.

NICIAS
      De eso ni pizca tengo. ¿Cómo lo expresaría de un modo sutil, al estilo de Eurípides? "¿ Podrías decirme tú lo que es menester que diga?"

DEMÓSTENES
       No, por favor, no me hagas tragar perifollos y encuentra algún 'pasacalle' para pasar del amo.

NICIAS
       Repite entonces muchas veces 'cabullámonos', empalmándolas así.

DEMÓSTENES
     Vale. Lo digo: 'cabullámonos'.

Aristófanes, Comedias, editorial gredos S.A, publicada en Madrid 2000, obra: Los Acarnienses ,página:163,164,165.
   Seleccionado por Lara Esteban González, primero bachillerato, curso 2016-2017.

Crimen y castigo, Dostoievski


                                                                    VII

     Aquel mismo día, pero ya por la noche, a las ocho, dirigióse Raskólkinov a ver a su madre y a su hermana... en aquel mismo cuarto, en la casa de Bakaliev, que les había buscado Razúmijin. La escalera arrancaba desde la calle misma. Raskólnikov empezó a subir retenido todavía el paso y como titubeando. ¿Entraría o no?... Pero no se volvió atrás; su resolución estaba tomada."Además, es lo mismo; ellas no saben nada -pensó-, y ya están acostumbradas a mirarme como a un ser raro..." Tenía la ropa en un estado horrible: toda sucia, de haber pasado toda la noche bajo la lluvia, arrugada, hecha jirones. La cara, casi desfigurada por el cansancio, el mal tiempo, la fatiga física y aquella lucha de cassi veinticuatro horas consigo mismo. Toda aquella noche la había pasado solo, sabe Dios dónde. Pero, por lo menos, había adoptado una resolución.
     Llamó a la puerta; salió a anrirle la madre. Dúnechka no estaba en casa. Tampoco se veía por allí a la criada. Puljeria Aleksándrovna, al principio, quedóse muda de alegre asombro; luego cogióle de la mano y metióle en la habitación.
     -¡Ah, pero eres tú! -exclamó, balbuciendo de puro alegre-. No te enojes conmigo, Rodria, por este recibimiento tan necio que te hago con lágrimas en los ojos; es que me río, no que lloro. ¿Te figuras tú que lloro? Pues no; es de alegría, es que he cogido esta necia costumbre: se me saltan las lágrimas. Me pasa eso desde que murió tu padre, que por cualquier cosa ya estoy llorando. Pero siéntate, palomito, que debes de estar cansado, harto lo veo. ¡Ah, y qué manchado estás!
     -Es que me cogió anoche la lluvia, mámascha -dijo Raskólnikov.
     -¡No, no! -exclamó Puljeria Aleksándrovna, interrumpiéndole-. Tú te crees que yo me voy a poner a preguntarte, siguiendo mi antigua costumbre de comadre; pero no; está tranquilo. Yo ahora, ¿sabes?, lo comprendo todo, todo lo comprendo; ahora ya me he hecho a las cosas de aquí, y veo de sobra que es lo mejor. De una vez para siempre me he dicho: "¿De dónde meterme yo a calarte los pensamientos y pedirte cuentas de nada?" Sabe Dios los asuntos y los planes que tú tendrás en tu cabeza, los pensamientos que estás madurando. ¿De dónde iba yo a cogerte de un brazo y preguntarte qué es lo que estás pensando...? ¡Diantre! Porque mira: yo... ¡Ah Señor! Pero ¿por qué he de andar yo manoteando acá y allá como asfixiada?... Has de saber, Rodia, que leí tu artículo del periódico tres veces seguidas, que me lo trajo Dmitrii Prokófich. Un grito de sorpresa lancé al verlo, porque yo, la muy tonta de mí, pensaba: "Anda: mira en lo que él se ocupaba; ahí tienes la explicación de todo. A todos los sabios les ocurre lo mismo. Puede que él ande revolviendo nuevas ideas en su cabeza en este mismo instante, que las esté madurando, mientras yo lo importuno y distraigo." He leído tu artículo, amiguito, y claro que muchas cosas de él no entiendo; pero, por los demás, así tiene que ser. ¿Cómo iba yo a entenderlo todo?


     Fiodor Mijailovski Dostoievski, Crimen y castigo, RBA Editores, 1994, Historia de la Literatura, páginas 471.
     Seleccionado por Rodrigo Perdigón Sánchez, primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

El Escarabajo de Oro y otros cuentos, Edgar Allan Poe

LOS CRIMENES DE LA RUE Morgue

     Las condiciones mentales que pueden considerarse como analiticas son, en sí mientras, de dificil analisis. Las consideramos tan solo por sus efectos. De ellas conocemos, entre otras cosas, que son siempre, para el que las posee, cuando se poseen en grado extraordinario, una fuente de vivismos goces. Del mismo modo que el hombre fuerte disfruta con su habilidad física, deleitándose en ciertos ejercicios que ponen en accion sus músculos, el analista goza con esa actividad intelectual que se ejerce en el hecho de desentrañar. Consigue satisfacción hasta de las más triviales ocupaciones que ponen en juego su talento. Se desvive por los enigmas, acertijos y jeroglíficos, y en cada una de las soluciones muestras un sentido de agudeza que parece al vulgo una penetración sobrenatural. Los resultados obtenidos por un solo espíritu y la esencia de su procedimiento adquieren, realmente, la apariencia total de una intuicíon.
     Esta facultado de resolución está, tal vez, muy fortalecida por los estudios matemáticos, y especialmente por esa importantisima rama de ellos que, con ninguna propiedad y solo teniendo en cuena sus operaciones previas, ha sido llamada par excellence análisis. Y, no obstante, calcular no es intrínsecamente analizar. Un ajedrecista, por ejemplo, lleva a cabo lo uno sin esfozarse en lo otro.



       El Escarabajo de Oro y otros cuentos, Edgar Allan Poe. Madrid. Anaya, Edicion: 1981. Pag 89.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Argonáuticas, Apolonio de Rodas

Canto II
       Allí estaban los establos de los bueyes y el albergue de Ámico, el orgulloso rey de los bebrices, al que en otro tiempo, tras compartir el lecho con Posidón Engendrador, alumbrara una ninfa Melia de Bitinia, el más arrogante de los hombres. Éste incluso había impuesto a los extranjeros una norma indigna, que ninguno se marchara antes de haber probado con él el pugilato, y a muchos de sus vecinos había matado. También entonces, viniendo hasta la nave, en su soberbia no se dignó preguntarles el motivo de su navegación ni quiénes eran, y en medio de todos al instante tal discurso pronunció:
       << Escuchad, errantes marineros, lo que os conviene saber. Es preceptivo que ninguno de los forasteros, que se acerque a los bebrices, vuelva a partir antes de haber alcanzado sus puños contra mis puños. Así que proponed al mejor, a uno solo escogido de lo tropa, para combatir conmigo aquí mismo pugilato. Pero si, desatendiendo mis leyes, las pisoteáis, en verdad una dura coacción os perseguirá terriblemente >>.
       Habló altanero. Al oírlo se apoderó de ellos una salvaje cólera y la amenaza hirió sobre todo a Polideuces. Al punto se erigió en adalid de sus compañeros y exclamó:
       << Detente ahora, y no manifiestes, quienquiera que te ufanes de ser, tu malvada violencia contra nosotros. Pues nos someteremos a tus leyes, según proclamas. Yo mismo, voluntario, prometo enfrentarme a ti de inmediato >>.
       Así habló sin cuidado. Aquel le miró revolviendo los ojos, como un león herido por un dardo, al que unos hombres acosan en los montes, el cual, aunque acorralado por el grupo, ya no se preocupa de estos y dirige su mirada únicamente a un solo hombre, aquel que lo hirió el primero y no lo abatió.
       Entonces el Tindárida dejó el fino manto bien tejido, que le entregara como obsequio de hospitalidad una de las lemnias. El otro arrojó su doble capa oscura con sus broches y el tosco cayado que portaba de silvestre acebuche.


       Apolonio de Rodas, Argonáuticas, Editorial Gredos S.A. Madrid 2000, página 62 y 63.
       Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de bachillerato. Curso 2016/2017

jueves, 25 de mayo de 2017

Don Carlos, Schiller

                                                       ACTO PRIMERO

                                                      ESCENA PRIMERA

                                            Los Jardines Reales de Aranjuez
 Carlos. Domingo.

     Domingo. Los bellos días de Aranjuez se acaban. Vuestra alteza real no deja este lugar más sereno. Hemos estado aquí en vano. Romped ese silencio enigmático. Abrid vuestro corazón al de vuestro padre, príncipe. El monarca no podrá comprar nunca demasiado cara la tranquilidad de su hijo... ¿Podría haber algún deseo que el cielo rehusara al más querido de sus hijos? yo estuve presente cuando en los muros de Toledo Carlos recibió orgulloso el juramento de sumisión, cuando muchos príncipes se agolpaban para besar vuestra mano, y en aquel momento de un golpe... de un golpe seis reinos yacían a sus pies... yo estuve allí y vi ascender a sus mejillas la sangre joven y orgullosa, vi cómo su pecho palpitaba con decisiones propias de un príncipe, vi cómo sus ojos ebrios recorrían en su vuelo toda la concurrencia, reflejaba placer... Príncipe,






Schiller, Don Carlos. Editorial Planeta, Barcelona, 1994, Pág 5.
Seleccionado por David Francisco Blanco. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Obras I, Luciano de Samosata

No debe creerse... en la calumnia
       Ciertamente, no hay, a mi entender, nada más injusto y vil que morderse los labios para alimentar en secreto la cólera, y aumentar el odio encerrado en el interior mientras se oculta un sentimiento y se manifiesta otro distinto, y se representa una tragedia muy dolorosa y atroz con máscara risueña y cómica.
         Suelen caer los oyentes con mayor frecuencia en este error cuando, convencidos de que el calumniador es viejo amigo del calumniado, actúa, sin embargo, como tal: entonces ya no quieren ni oír tan sólo la voz de los inculpados o de sus defensores, infiriendo previamente la credibilidad de la acusación a partir de la aparente antigua amistad, sin pensar en que hay con frecuencia entre amigos íntimos múltiples motivos de odio que escapan a los demás. En ocasiones hay quien anticipadamente acusa al vecino de aquello de lo que él mismo es responsable, tratando así de librarse de la acusación. Mientras que, en general, nadie se arriesga a acusar a un enemigo, pues en tal supuesto su acusación no merecería crédito, al ser evidente el motivo; por el contrario, atacan a quienes parecen ser sus mejores amigos, intentando alardear de afecto hacia sus oyentes, dado que por defender los intereses de éstos no perdonaron ni a los más íntimos.
       Hay asimismo quieres, aunque comprendan ulteriormente que sus amigos han sido injustamente acusados ante ellos, avergonzados no obstante por el crédito que prestaron, no osan ya acercarse a ellos ni miraros a la cara, como defraudados al descubrir su inocencia.
       Por consiguiente, la vida es rica en múltiples males a causa de las calumnias creídas tan pronto e indiscriminadamente. Antea dice:
       Ojalá mueras, Preto, o abate, si no, a Belerofonte, que traté, mal mi grado, de forzarme,
cuando ella lo intentó primero y fue rechazada. Y a punto estuvo el joven de perecer en su encuentro con la Quimera, mereciendo, como premio a su continencia y al respeto a su huésped, caer bajo las asechanzas de una mujer depravada. Y Fedra, que lanzó idéntica acusación contra su hijastro, hizo que Hipólito sufriera la maldición de su padre, sin haber cometido -¡por los dioses!- acción impía alguna.


       Luciano de Samosata,Obras I,Editorial Gredos S.A. Madrid 2002, página 113 y 114.
       Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de bachillerato. Curso 2016/2017

Vidas paralelas II, Plutarco

       Como es normal en un asedio que por su larga duración ofrece muchas ocasiones de contacto y de comunicación con los enemigos, se había establecido un trato amistoso y franco de un romano con uno de los enemigos. Era persona versada en antiguos oráculos y parecía saber de adivinación bastante más que los demás.
       pues bien, el romano advirtió que éste, cuando se enteró del crecimiento del lago, se puso demasiado contento y se reía del asedio. Entonces le dijo que no eran éstos solo los prodigios que había traído aquel tiempo, sino que otros todavía más extraños que éstos les había ocurrido a los romanos y que deseaba hablar con él sobre ellos, por si podía ponerse remedio a sus asuntos privados en medio de las desgracias comunes.
       Aquél aceptó con gran interés y se ofreció a una conversación, pensando que se enteraría de ciertos secretos. Entonces poco a poco, mientras hablaba con él, lo iba apartando y, como quiera que ya se habían alejado bastantes de las puertas, lo cogió en volandas, pues era más fuerte, y después de reducirlo y someterlo con la ayuda de más compañeros que vinieron corriendo del campamento, lo entregó a los generales. El hombre, al encontrarse en tal situación de necesidad, como naturalmente sabía que el destino es irremediable, reveló secretos oráculos sobre su propia patria: no podría ser conquistada hasta que, desbordado el lago Albano, discurriendo por caminos distintos, los enemigos lo obligaran a retroceder y lo dirigieran en sentido contrario, impidiendo que se mezclara con el mar.
       Al senado, informado de esto y perplejo, le pareció que era oportuno despachar emisarios a Delfos y consultar al dios. Los enviados, hombres de prestigio e importantes, como Licinio, Valerio potito y Fabio Ambusto, hicieron la travesía y cuando tuvieron la respuesta del dios, volvieron con otros oráculos además que les mostraban la negligencia de ciertos ritos en las llamadas Fiestas Latina y les ordenaban cortar al agua del lago Albano el paso al mar lo más posible y empujarla hacia arriba en dirección a su antiguo cauce antiguo o, o si eran incapaces, desviarlas con zanjas y barreras hacia la llanura y dejar que se perdiera. Así se comunicó y los sacerdotes atendieron lo referente a las fiestas mientras el pueblo fue a ocuparse de las obras y desvió el agua.



       Plutarco, Vidas Paralelas II. Madrid, Editorial Gredos S.A., 2001, páginas 246, 247 y 248.
       Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita. Primero de bachillerato, curso 2016-2017

Obras y fragmentos, Hesíodo.

     En primer lugar existió el Caos. Después Gea la de amplio pecho, sede siempre segura en todos los Inmortales que habitan la nevada cumbre del Olimpo. ( En el fondo de la tierra de anchos caminos existió el tenebroso Tártaro.) Por último, Eros, el más hermoso entre los dioses inmortales, que afloja los miembros y cautiva de todos los dioses y todos los hombres el corazón y la sensata voluntad en sus pechos.
     Del Caos surgieron Érebo y la negra Noche. De la Noche a su vez nacieron el Éter y el Día, a los que alumbró preñada en contacto amoroso con Érebo.
    Gea alumbró primero al estrellado Urano con sus mismas proporciones, para que la contuviera por todas partes y poder ser así sede siempre segura para los felices dioses. También dio a luz a las grandes Montañas, deliciosa morada de diosas, las Ninfas que habitan en los boscosos montes. Ella igualmente parió al estéril piélago con agitadas olas, el Ponto, sin mediar el grato comercio.
    Luego, acostada con Urano, alumbró al Océano de profundas corrientes a Ceo, a Crío, a Hiperión, a Jápeto, a Tea, a Rea, a Temis, a Mnemósine, a Febe de áurea corona y a la amable Tetis. Después de ellos nació el más joven, Cronos, de mente retorcida, el más terrible de los hijos y se llenó de un intenso odio hacia su padre.
    Dio a luz además a los Cíclopes del soberbio espíritu, a Brontes, a Estéropes y al violenyto Arges, que regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos en lo demás eran semejantes a los dioses, (pero en medio de su frente había un solo ojo). Cíclopes era su nombre por eponimia, ya que, efectivamente, un solo vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos.
    También Gea y Urano nacieron otros tres hijos enormes y violentos cuyo nombre no debe pronunciarse: Coto, Briareo y Giges, monstruosos engendros. Cien brazos informes  salían agitadamente de sus hombros y a cada uno le nacían cincuenra cabezas de los hombros, sobre robustos miembros. Una fuerza terriblemente poderosa se albergaba en su enorme cuerpo.









Obras y fragmentos, Hesíodo. Madrid, Biblioteca básica Gredos, Edicion 2000. Página 16-17.
Seleccionado por: Marta Talaván González, Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017.

Tragedias II, Séneca

ACTO TERCERO (397)

Nodriza-Popea

     Nodriza.-- ¿A dónde diriges tus pasos, temblorosa, desde la alcoba de tu esposo, hija, o qué escondite buscas con esa turbación en tu rostro? ¿Por qué humedece le llanto tus mejillas? Ya no hay duda de que ha brillado el día ansiado en nuestras plegarias y votos: ya estás unida por la antorcha conyugal  a tu César, al que cautivó tu hermosura y, por culpa de Séneca, te lo entregó vencido la madre del Amor, la divinidad más poderosa, Venus.
     ¡Oh que bella, qué grandiosa te recostaste sobre el excelso lecho, aposentada en el palacio! Contempló pasmado tu hermosura el senado mientras ofrecías incienso a los dioses del cielo y rociabas con el vino del agradecimiento los sagrados altares, cubierta desde lo alto de la cabeza con el sutil velo nupcial.
     Y él, el <> unido estrechamente a tu costado, erguido entre los felices presagios de los ciudadanos, avanzó desbordando alegría en su porte soberbio y en su rostro: así, cuando ella emergió de las espumosas aguas del mar, recibió Peleo a su esposa Tetis, cuya boda dicen que celebraron los dioses celestiales y todas las divinidades del mar con igual asentimiento.
     ¿Que es lo que ha hecho cambiar súbitamente tu semblante? ¿Que es es palidez? ¿Que significan esas lágrimas? Explícamelo.
     POPEA.- Ofuscada por el miedo de la lúgubre visión de la noche pasada, ¡ay, nodriza!, soy arrastrada por la turbación de mi mente, sin darme cuenta de las cosas.
     Pues, cuando el día alegre dio paso a las estrellas de la oscuridad, y el claro cielo a la noche, estrechada entre los brazos de mi Nerón, me entrego al sueño. Y no pude gozar mucho tiempo de un descanso apacible. En efecto, me pareció que llenaba mi alcoba una afligida turba: con la melena suelta, unas madres latinas, entre lamentos, se daban golpes de duelo; en medio de un insistente y terrible sonido de trompetas, la madre de mi esposo,  con semblante amenazador, agitaba cruel la antorcha salpicada de sangre. Mientras voy detrás de ella, forzada por el miedo del momento, separándose de pronto la tierra ante mis pies, quedó abierta en una enorme grieta; cuando por allí me precipité, veo, asombrada, mi propio lecho conyugal y en el me eche extenuada.



       Tragedias II, Séneca. Madrid. Biblioteca Clásica Gredos, Edicion: 1988. Pag 397.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Odas y fragmentos, Píndaro


ÍSTMICA VII (454)

A ESTREPSÍADES DE TEBAS,
VENCEDOR EN EL PANCRACIO

¿Con qué, ¡ oh bienaventurada Teba!,
de lo noble y bello en ti ocurrido antes, regocijaste más 
tu corazón? ¿Acaso fue cuando sacaste a luz
a Dioniso de larga cabellera, acompañante de Deméter
al son de címbalos de bronce? ¿O cuando a medianoche
al más potente de los dioses, nevando oro, recibiste,
en el momento en que, estando él ya a as puertas
de Anfitrión, a la esposa de éste se acercó con las herácleas semillas?
¿O es con los prudentes consejos de Tiresias?
¿ O por los Espartos (nacidos del Dragon), de infatigables lanzas?
¿ O fue cuando del violento grito de guerra alejaste de ti a Adrasto,
de innumerables compañeros privado-, hacia Argos criadora de caballos?
¿O a causa fue de que en firme talón
colocaste la colonia doria
de los Lacedemonios, y tomaron Amiclas
los Egeidas nacidos de ti, según los oráculos pitios?
¡ Mas duerme, si, la antigua
gloria, y olvidan los mortales
lo que no llega a la  a la suprema flor (de la poesía),
uncido en las gloriosas corrientes de los versos!




Píndaro, Odas y fragmentos, editorial Gredos S.A. Publicada en Madrid 2002. Obra : Ístmica VII, Página 230/231.
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.

La madre, Máximo Gorki

SEGUNDA PARTE

2

       Cuatro días después de la visita de Nicolás, Pelagia se puso en camino para reunirse con él. Cuando el carro que la llevaba con sus dos baúles atravesó el arrabal y llegó al campo, volvióse ella y sintió que dejaba aquel lugar para siempre. Allí había transcurrido la época más sombría y penosa de su vida, y otra había empezado, llena de nuevos pesares y alegrías nuevas, que devoraba los días con rapidez. 
       Semejante e inmensa araña de color rojo oscuro. La fábrica se ostentaba en un terreno negro de hollín y levantaba muy arriba en el aire sus inmensas chimeneas. Casitas de obreros apiñábanse en derredor, que formaban, grises y chatas, grupo compacto a orillas del pantano, como si se miraran en él lastimosas con sus ventanitas empañadas. Entre ellas alzábase la iglesia, roja como la fábrica, y su campanario parecía menos alto que las chimeneas de los talleres.
       Suspiró la madre, y se desabrochó el cuello del corpiño que le molestaba; estaba triste, pero con tristeza seca, como polvo en día de verano.
       - ¡Arre!- murmuraba el carretero tirando de las riendas.
       Era un hombre de edad indeterminada, con ojos incoloros y pelo castaño y desteñido. Con oscilación de caderas caminaba junto al carro, y bien se advertía, que fuese cual fuese el objeto de su viaje, le era indiferente en absoluto. 
       - ¡Arre!- decía con voz bronca, alargando de extraña manera las piernas torcidas, calzadas con pesadas botas llenas de barro. 


       Máximo Gorki, La madre. Madrid, Edaf. Biblioteca Edaf, primera edición, 1982. Página 209-210.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

jueves, 18 de mayo de 2017

Obras II, Luciano de Samosata

Contra un ignorante
       Cuentan que Dionisio compuso una tragedia muy floja y muy ridícula, hasta el punto de que, debido a ella, Filóxeno en muchas ocasiones fue a parar a las mazmorras por no poder contener la risa. Cuando se enteró de que se reían de él, adquiriendo la tablilla de cera de Esquilo sobre la que él solía escribir con soltura, creía que de la tablilla le vendría la inspiración y el estado de posesión;. Pero, sin embargo, escribió en ella algo con diferencia más ridículo, como por ejemplo:
                    murió Dónide la mujer de Dionisio.
Y aún más:
             Ay de mí, que perdí a una mujer excelente.
También eso le vino de la tablilla, y esto:
      De los hombres los necios de sí mismos se burlan.
       Esto último te lo podría haber dicho estupendamente a ti Dionisio, y por ello deberías haberle sacado brillo a la tablilla. ¿Qué esperanza tienes puesta en los libros, que estás constantemente enrollándolos, pegándolos, arreglándolos y borrándolos con azafrán y cedro, recubriéndolos con pastas, poniéndoles ribetes, como si estuvieses gozando, en cierto modo, de ellos? Al menos, con su compra ya has mejorado, cuando hablas de ese modo -eres más mudo que los peces-, y vives de una forma que no es decoroso explicar, y de parte de todos tienes un odio feroz por tu desvergüenza. Porque si los libros llevan a la producción de semejantes sujetos, hay que alejarse lo más lejos posible de ellos. Dos son las cosas que uno podría adquirir de los antepasados. el poder decir y el poder hacer las cosas como Dios manda, emulando a los mejores y rechazando a los peores. Pero, cuando se ve que uno no saca partido ni de un lado, ni del otro, ¿qué otra cosa hace sino comprar cepos para los ratones y habitáculos para los gusanos y golpes para los esclavos por si fueran negligentes?



       Luciano de Samosata,Obras II,Editorial Gredos S.A. Madrid 2002, páginas 111 y 112.
       Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de bachillerato. Curso 2016/2017

Ricardo III, Shakespeare

ACTO TERCERO

Escena Primera
Londres. Una calle
Clarines. Entran El Principe de Gales, Glóster, Buckingham, El Cardenal Buquiero, Catesbio y acompañamiento.

Buckingham.--
     Bien venido seáis a vuestra casa;
     A Londres, tierno príncipe.
Glóster.--
     Sobrino,
     Bien llegado. Ya rey te considero.
     ¿Te entristeció lo largo del viaje?
Príncipe.--
     No, tío. Más cansado, largo y triste
     Hicieron nuestras cuitas el camino.
     Más tíos saludarme deberían.
Glóster.--
     De tu edad la pureza inmaculada
     No buceó del mundo los engaños.
     Al hombre juzgas sólo por su aspecto,
     Que el corazón refleja raras veces.
     Falaces eran tus ausentes tíos;
     A sus frases de almíbar atendías
     Sin ver ses corazones ponzoñosos:
     De ellos y amigos falsos Dios te libre.
Príncipe.--
     De amigos falsos sí, mas no de ellos.
Glóster.--
     Aquí el alcalde a saludarte llega
                                                      (Entran el alcalde de Londres y su séquito.)
Alcalde.--
     Dé a vuestras alteza Dios salud y dicha.
Príncipe.--
     Gracias os doy, señor. Gracias a todos
                                                  (El alcalde y su séquito se retiran.)
     Creía que mi madre y York, mi hermano,
     Antes venido hubieran a abrazarme.
     ¡Y, el perezoso Hastines que no llega
     A decirme si vienen o no vienen!
Buckingham.--
     Aquí se acerca y de sudor cubierto.
                                                    (Entra Hastines.)
Príncipe.--
     Bien venido seáis. ¿Vendrá mi madre?
Hastines.--
     Dios sabrá, que yo no, por qué la reina,
     Vuestra madre, se acoge a santuario
     Con vuestro hermano York. El inocente
     Venido hubiera a ver a vuestra alteza,
     Mas su madre a la fuerza lo retuvo.
Buckinham.--
     ¡Cuán torpe y cuán pueril camino toma!
     A la reina que mande a York, su hijo,
     Para encontrar al príncipe, su hermano,
     Decirle, cardenal. Si se negare...,
     Hastines, id con él, y a viva fuerza
     De sus celosos brazos arrancadlo.
Cardenal.--
     Si separar con mi oratoria escasa
     Puedo a York de los brazos de su madre,
     Pronto aquí lo tendréis. Mas, si no cede
...





       William Shakespeare, Ricardo III. Madrid. Biblioteca Edaf, Edicion: 1997. Pag 102.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Argonaúticas, Apolonio de Rodas

                                                               Canto III
 
      Hijos de mi hija y de Frixo, al que sobre todo los huéspedes honré en mi palacio, ¿cómo venís de Ea de regreso? ¿Acaso alguna desgracia ha truncado por medio vuestro viaje? No me hicisteis caso cuando os advertí de la inmensa longitud de la ruta, Pues yo la conocía por haber dado la vuelta una vez en el carro de mi padre Helios, cuando llevaba a mi hermana Circe allá a la tierra occidental y arribamos a la costa de la región Tirrena, donde aun ahora habita, muy lejos de la Cólquide Ea. Mas ¿que provecho hay en las palabras? Lo que surgió ante vuestros pasos, decidlo claramente, y quiénes son estos hombres que os acompañan, y dónde habéis desembarcado de la cóncava nave.
     A tales preguntas, temeroso por la expedición del Esónida, respondió Argos dulcemente, adelantándose a sus hermanos, pues era el primogénito:
     Eetes, aquella nave pronto la destrozaron tempestades violentas, y a nosotros mismos, encogidos bajo un madero, nos arrojó el oleaje hasta el firme de la isla de Enialio bajo la tenebrosa noche. Algún dios no salvó. Pues aquellas aves de Ares que antes anidaban por la desierta isla, ni siquiera las encontramos ya; sino que estos hombres las habian expulsado, tras desembarcar de su nave en el dia anterior. Y los habia retenido, apiadándose de nosotros, la voluntad de Zeus o algún azar, ya que en seguida nos dieron en abudancia alimento y vestidos, al oír el nombre ilustre de Frixo y el tuyo propio.

Apolonio de Rodas, Argonáuticas, Madrid, 1995, Biblioteca básica Gredos. Pág 128-129.
Seleccionado por David Francisco Blanco, Primero de Bachillerato, Curso 2016/2017.