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jueves, 4 de mayo de 2017

Los conquistadores, Malraux


     Ling ha sido detenido ayer; recibiremos sin duda esta tarde las informaciones que esperamos de él. En la inquietud causada por el avance de las tropas enemigas, los despachos de Propaganda trabajan con febril actividad. Se ha instruido con precisión a los agentes que preceden al ejército: Garín ha dado personalmente las indicaciones a sus jefes. Los he visto pasar por el pasillo, uno tras otros, sonrientes... Hemos renunciado al empleo de octavillas; el gran número de agentes de que disponemos nos permite sustituir todos los tipos de propaganda por el oral, el más peligroso, el que cuesta más hombres, pero el más seguro. Liao-chung Hoi, el comisario de Hacienda del Gobierno (al que los terroristas quieren asesinar), ha logrado, gracias aun nuevo sistema de percepción de impuestos, establecido por técnicos de la Internacional, recuperar cantidades importantes, y los fondos de Propaganda son de nuevo suficientes. En unas semanas, los servicios de abastecimiento del enemigo y toda su administración estaran desorganizados; y es difícil obligar a los mercenarios a combatir sin sueldo. Además, un centenar de hombres, de los que responden sus jefes, se harán a listar por Cheng-tiung Ming, a sabiendas  de que se arriesgan aser fusilados no sólo por él, como traidores, sino también por los nuestros, como enemigos. Anteayer, tres de nuestro agentes, descubiertos, han muerto estrangulados tras haber sido torturados durante más de una hora.
     Los jefes de las secciones de Propaganda en el ejército de Cheng han salido entre dos hileras de puertas entreabiertas.



Los conquistadores, Malraux. Editorial Bernard Grasset. Edición cedida por Editorial Argos Vengara. Móstoles- Madrid, 2000, pág 160.
Seleccionado por: David Francisco Blanco, Primero de bachillerato, Curso 2016-2017.

jueves, 20 de abril de 2017

Los conquistadores, Malraux.

    Me refugio en mi cabina. Pero allí me persigue el embotamiento del mal sueño: dolor de cabeza, cansancio, escalofríos... Me lavo al chorro del agua (no sin trabajo: los grifos son minúsculos), pongo el ventilador en marcha, abro el ojo de buey.
    Sentado en la colchoneta, aburrido, saco de los bolsillos, uno a uno, los papeles que guardo en ellos. Reclamos de medicamentos tropicales. viejas cartas, papel en blanco impreso con la pequeña bandera tricolor de las Messageries Maritimes... Tras desgarrarlo todo con una minuciosidad de borracho, lo echo al río por el ojo de buey. En otro bolsillo cartas antiguas de ese al que ellos llaman Garín. No he querido dejarlas en la maleta por prudencia... ¿Y esto? Es la lista de los papeles que me ha confiado Meunier. Veamos. Hay un buen montón de cosas... Pero hay dos que Meunier ha puesto aparte en la misma lista. La primera es la copia de una nota del Intelligent Service relativa a Cheng-dai, con anotaciones de nuestros agentes. La segunda reproduce una de las fichas de la policía de Hong Kong concerniente a Garín.
    Tras cerrar la puerta con llave y correr el cerrojo, saco del bolsillo de la camisa el grueso sobre que me ha entregado Meunier. La pieza que busco está colocada la última. Es larga y está cifrada. En lo alto de la página: transmitido con urgencia. Por lo demás, la clave va adjunta.
    Empujado por la curiosidad e incluso por una cierta inquietud, comienzo a transcribir. ¿Qué es hoy de ese hombre del que he sido amigo durante años? Hace cinco años que no le veo. En el curso de este viaje no ha habido un día que no lo haya impuesto a mi recuerdo, fuese porque me hablaban de él, fuese porque su acción se hacía sensible en los radios que recibíamos...




Los conquistadores, Malraux. Editorial Bernard Grasset. Edición cedida por Editorial Argos Vengara. Móstoles- Madrid, 2000.
Seleccionado por: Marta Talaván González, Primero de bachillerato, Curso 2016-2017.