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lunes, 6 de junio de 2016

Una mujer sin importancia, Oscar Wilde

       Señora Arbuthnot. No lo sé. No lo siento, ni voy a presentarme ante el altar de Dios para pedir la bendición de El para una farsa tan repulsiva como un matrimonio entre George Hardford  y -yo. No pronunciaré las palabras de la Iglesia nos manda decir. No las diré. No me atrevo. ¿Cómo podría jurar que amaré al hombre que aborrezco, que honraré al que te trajo la deshonra, que obedeceré al que, valiéndose de su ascendiente, me hizo pecar? No; el matrimonio es un sacramento para los que se aman. No es para personas como yo o como él. Gerald, para salvarte del desprecio del mundo y de sus sarcasmos, le he mentido al mundo. No podría decirle la verdad al mundo. ¿Quién  puede hacerlo? Pero por interés mío no voy a mentir en presencia de Dios. No, Gerald ninguna ceremonia, santificada por la Iglesia o instituida por el Estado, me unirá jamás a George Hardford. Es posible que yo esté ya unida al que me robó, pero me dejó más rica que antes, de modo que en el cieno de mi vida encontraré la perla valiosa, o lo que a mí me pareció que lo era.
        Gerald. Ahora no te entiendo.
      Senora Arbuthnot. Los hombres no entienden lo que son las madres. Yo no soy distinta de las demás mujeres, excepto en el mal que se me causó y el mal que hice, y en mis muy pesados castigados y en mi vergüenza.
       
     Oscar Wilde, Una mujer sin importancia, Barcelona, Andrés Bello, ed. 5, pág. 194-195.
     Seleccionado por: Coral García Domínguez, Primero de Bachillerato, curso 2015-2016

lunes, 13 de abril de 2015

Oscar Wilde, Una mujer sin importancia

                                  ACTO PRIMERO


     LADY CAROLINE. ¿Quiénes son los padres de la señorita Worsley?
     LORD ILLINGWORTH. Las mujeres americanas son asombrosamente hábiles para ocultar a sus padres.
     LADY HUNSTANTON. Mi querido Lord Illingworh, ¿qué quiere usted decir? La señorita Worsley, Caroline, es huérfana. Su padre era un multimillonario, o un filántropo, o ambas cosas, según creo, que fue muy hospitalario con mi hijo cuando él visitó Boston. Lo que no sé es cómo hizo su fortuna.
     KEVIL. Supongo que en productos secos americanos.
     LADY HUNSTANTON. ¿Cuáles son esos productos norteamericanos?
     LORD ILLINGWORTH. Las novelas americanas.
     LADY HUNSTANTON. ¡Qué cosa tan singular!... Bueno, cualquiera que sea la fuente de donde procede su fortuna, tengo una gran estima por la señorita Worsley. Se viste excesivamente bien. Todas las americanas se visten bien. Compran su ropa en París.
     SEÑORA ALLONBY. Dicen, lady Hunstanton, que cuando los americanos buenos mueren se van a París.
     LADY HUNSTANTON. ¿De veras? Y cuando mueren los americanos malos, ¿adónde van?
     LORD ILLINGWORTH. ¡Oh, se van a América!





     Oscar Wilde, Una mujer sin importancia, Barcelona, Editorial Andres Bello, 1998, página 117, Seleccionado por Pablo del Castillo Baquerizo, Segundo de Bachillerato, Curso 2014-2015.