viernes, 22 de enero de 2010

Francesco Petrarca, Cancionero "Soneto CLXII"

Hacía la sombra de las bellas frondas
yo corrí, huyendo de implacable luz
que me abrasaba desde el tercio cielo.
Ya libraba de nieve a los collados
la aura amorosa que renueva al tiemmpo,
y florecían ya hierbas y ramas.

No ha visto el mundo tan graciosas ramas,
ni el viento movió ya tan verdes frondas,
cual las que me mostró aquel primer tiempo:
tal que, temiendo yo la ardiente luz,
sombra no quise ya de los collados,
sino del árbol que es más grato el cielo.

Un laurel defenciéndome de aquel cielo,
por lo que, deseoso de sus ramas,
mucho he ido por las selvas y collados;
pero nunca encotré tronco ni frondas
que tanto honrase la suprema luz
que no cambiara su virtud el tiempo.

Más firme cada vez de tiempo en tiempo,
yendo hacia do sentí llamarme al cielo,
y guiado por suave y clara luz,
volví devoto a las primeras ramas
cuando al sol son verdes los collados.

Campos, ríos, selvas, piedras y collados,
cuanto es creado, vence y cambia de tiempo:
por lo que yo perdón pido a estas frondas
si, tras haber girado mucho el cielo,
quise evitar las enviscadas ramas
tan pronto como pude ver la luz.

Tanto al principio amé la dulce luz
que con gusto pasé grandes collados
para arrimarme a las amantes ramas:
ahora la vida breve, y sitio y tiempo,
muéstrame otro cambio de ir al cielo
y frutos dar, no sólo folr y forndas.

Otro amor, otras frondas y otra luz,
otro ir al cielo por los collados,
busco, porque ya es el tiempo, y otras ramas.


Francesco Petrarca, Cancionero "Soneto CLXII".
Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, Segundo de Bachillerato, curso 2009-2010.

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