lunes, 1 de diciembre de 2014

El amor a Razón, Roman de la Rose, Guillaume de Lorris y Jean de Meun

                               Pero de algo más me quejo de ti,
      y es que me acusaste maliciosamente
      de que te ordenaba vivir sólo odiando.
      Dime, ¿cuándo, dónde o de qué manera?
                              -Vos no habéis dejado nunca de decirme
      que de mi señor tengo que alejarme
      por no sé qué amor que es poco seguido.
      Ni aun si hubiese alguno que hubiese viajado
      por el Occidente y por el Oriente
      y hubiese vivido tanto, que sus dientes
      se hubieran caído por su gran vejez,
      si hubiese corrido sin nunca parar,
      cuanto más pudiese, con paso muy vivo,
      recorriendo el mundo y viéndolo todo,
      tanto por el Norte como por el Sur,
      no habría encontrado, a mi parecer,
      la clase de amor de la que me habláis.
      Puesto que en el mundo se perdió su huella
      desde que los dioses dejaron la tierra
      cuando los gigantes de ella los echaron,
      ya que Caridad, Buena Fe y Derecho
      tuvieron que irse junto con los dioses.
      Y este amor también, que, al quedarse solo
      debió acompañarles sin otro remedio;
      igual que Justicia, que era la más sólida,
      que al final se fue como los demás.
      Efectivamente, dejaron la tierra,
      porque no podían soportar las guerras,
      y al cielo se fueron, donde se instalaron,
      y de donde nunca, salvo por milagro,
      osarán volver a este nuevo mundo.
      Engaño les hizo a todos huir,
      Engaño, que al mundo tiene en su poder
      debido a sus fuerzas y a sus malas artes.
      Y ni el mismo Tulio, que puso gran celo
      para descifrar los textos antiguos
      pudo conseguir, tras grandes esfuerzos,
      algunos ejemplos (sólo tres o cuatro,
      y buscó en los libros de todos los tiempos
      desde que este mundo fue configurado),
      en los que se hablara de ese raro amor,
      A mi parecer, antes lo hallaría
      entre las personas de su mismo tiempo,
      y probablemente entre sus amigos.
      Pero en texto alguno conseguí leer
      que ni un solo ejemplo consiguiera hallar.
      ¿Podría ser yo más sabio que Tulio?
      Sería muy loco y bastante necio
      si fuese buscando amores así,
      pues en este mundo hallarse no pueden.
      ¿Dónde buscaría amor de este tipo
      si en toda la tierra no lo encontraría?
      ¿Puedo yo volar, tal como las grullas,
      o incluso más alto, por entre las nubes,
      tal como voló el cisne de Sócrates?
             
Roman de la Rose, Parte II, El amor a Razón, Madrid, Editorial Cátedra, Colección Letras Universales, 1986, págs 188-189, Seleccionado por Rosa María Perianes Calle, Segundo de Bachillerato, Curso 2014-2015.
     

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