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viernes, 20 de noviembre de 2015

Metamorfosis, Franz Kafka

Capítulo II
Y así, se puso a correr delante del padre,se paraba cuando él se detenía y volvía a emprender la carrera
cuando él hacía el menos movimiento. Así dieron varias vueltas a la habitación sin que ocurriese nada decisivo y sin que todo aquello tuviese el aspecto de una persecución debido a la lentitud con que tenía lugar. Por ello, Gregor siguió de momento en el suelo,ya que además temía que el padre pudiese interpretar su huida por la pared o por el techo como una maldad especial. No obstante, Gregor tuvo que reconocer que no podría aguantar mucho tiempo aquella carrera ,pues mientras su padre daba un paso él tenía que hacer un sinnúmero de movimiento. Ya empezaba a sentir sus ahogos; bien es verdad que su vida anterior había poseído un pulmón demasiado fiable.

Franz Kafka , Metamorfosis,editorial Acento,colección Club de los Clásicos, pág.65-66
seleccionado por Daniel Carrasco Carril, segundo de bachillerado, curso 2015-2016

lunes, 16 de noviembre de 2015

La metamorfosis, Franz Kafka

                  Cuando una mañana Gregor Samsa despertó de sus sueños intranquilos se encontró en su cama transformado en un enorme insecto. Estaba tumbado sobre su espalda, dura como un caparazón, y al levantar un poco la cabeza veía su vientre abombado, marrón, dividido por segmentos rígidos arqueados, sobre los cuales la manta, dispuesta a escurrirse del todo, apenas se podía mantener. Sus numerosas patas, penosamente delgadas en comparación con su cuerpo, vibraban desvalidas delante de sus ojos.
                  «¿Qué ha ocurrido conmigo?», pensó. Aquello no era un sueño. Su habitación, una habitación humana normal, tal vez un poco pequeña, seguía allí tranquilamente entre las cuatro paredes de siempre. Por encima de la mesa, sobre la que estaba extendido un muestrario de paños desempaquetado -Samsa era viajante-, colgaba el retrato que había recortado hacía poco de una revista y colocado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama que, provista de un sombrero de piel y una boa del mismo material, estaba sentada muy derecha alzando hacia el espectador un pesado manguito, también de piel, donde había desaparecido por completo su antebrazo.
                  La mirada de Gregor se dirigió entonces hacia la ventana, y el tiempo desapacible -se oían golpear gotas de lluvia sobre la chapa de la ventana- le puso muy melancólico. «¿Y si sigue durmiendo un rato y olvidase todas estas locuras?», pensó, pero eso era del todo imposible, pues estaba acostumbrado a dormir sobre su lado derecho y en su actual estado no podía adoptar esa postura. Por mucho que se esforzaba en echarse sobre su lado derecho, siempre volvía a caer de espaldas. Debió intentarlo cien veces, cerró los ojos para no tener que ver las patas agitadas y no desistió hasta que notó en el costado un dolor leve y sordo que nunca había sentido.


        Franz Kafka, La metamorfosis, Madrid, Acento, ed. 7, Club de los clásicos, página 5.
        Seleccionado por Delia Marinela Bulau, Primero de Bachillerato, Curso 2015-2016.

lunes, 23 de marzo de 2015

Kafka, La metamorfosis





     Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruo insecto. Hallábase echado sobre el duro caparazón de su espalda, y, al alzar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas callosidades, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, que estaba visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia.
     -¿Qué me ha sucedido?
     No soñaba, no. Su habitación, una habitación de verdad, aunque excesivamente reducida, aparecía como de ordinario entre sus cuatros harto conocidas paredes. Presidiendo la mesa, sobre la cual estaba esparcido un muestrario de paños -Samsa era viajante de comercio-, colgaba una estampa ha poco  recortada de una revista ilustrada y puesta en un lindo marco dorado. Representaba esta estampa una señora tocada con un gorro de pieles, envuelta en un boa también de pieles, y que, muy erguida, esgrimía contra el espectador un amplio manguito, asimismo de piel, dentro del cual desaparecía todo su antebrazo.



Franz Kafka, La metamorfosis, Madrid, ed. Alianza, 1999, páginas 7 y 8.
Seleccionado por Laura Tomé Pantrigo. Segundo de Bachillerato. Curso 2014-2015.

lunes, 21 de octubre de 2013

La metamorfosis, Kafka_Franz

       Cuando una mañana Gregor Samsa despertó de sueños intranquilos se encontró en su cama transformado en un enorme insecto. Estaba tumbado sobre su espalda, dura como un caparazón, y al levantar un poco la cabeza veía su vientre abombado, marrón, dividido por segmentos rígidos arqueados, sobre los cuales la manta, dispuesta a escurrirse del todo, apenas se podía mantener. Sus numerosas patas, penosamente delgadas en comparación con el resto del cuerpo, vibraban desvalidas delante de sus ojos.
      "¿Qué ha ocurrido conmigo?", pensó. Aquello no era un sueño. Su habitación, una habitación humana normal, tal vez un poco pequeña, seguía allí tranquilamente entre las cuatro paredes de siempre. Por encima de la mesa, sobre la que estaba extendida un muestrario de paños desempaquetados-Samsa era viajante-, colgaba el retrato que había recortado hacía poco de una revista y colgado en un bonito marco dorado. Representaba a una dama que, provista de un sombrero de piel y una boa el mismo material, estaba sentada muy derecha alzando hacia el espectador un pesado manguito, también de piel, donde había desaparecido por completo su antebrazo.
       La mirada de Gregor se dirigió entonces hacía la ventana, y el tiempo desapacible -se oían golpear gotas de lluvia sobre la chapa la ventana- le puso muy melancólico."¿Y si siguiese durmiendo un rato y olvidase todas estas locuras?", pensó, pero eso era todo imposible, pues estaba acostumbrado a dormir sobre el lado derecho y en su actual estado no podía adoptar esa postura.





Franz Kafka, La metamorfosis. Capítulo 1,  Acento editorial , Madrid , 1998, páginas 5-6.
Seleccionado por: Laura Tovar García, curso segundo de bachillerato.

La Metamorfosis, Kafka_Franz

       La grave herida de Gregor, de la que tardó más de un mes en recuperarse -la manzana siguió incrustada en su carne como un recuerdo visible, ya que nadie se atrevía a retirarla-, parecía haber hecho recordar, incluso al padre, que Gregor era, a pesar de su triste y repugnante aspecto actual, un miembro de la familia a quien no se podía tratar como a un enemigo y que era el deber de la familia reprimir la repulsión y tener resignación, nada más que resignación.
       Y aunque Gregor había perdido a causa de su herida, y probablemente para siempre, parte de su movilidad y, de momento, necesitaba largos minutos para atravesar su habitación, como un viejo inválido     -trepar por la pared impensable-, obtuvo por este empeoramiento de su estado un compensación, según él, completamente suficiente, por el hecho de que siempre al anochecer la puerta del cuarto de estar, que él solía observar atentamente una o dos horas antes, se abría, de manera que, echado en la oscuridad de su habitación, podía escuchar sin ser visto, por así decirlo, con el permiso general, es decir, de una manera muy distinta de la de antes, a toda la familia que charlaba alrededor de la mesa iluminada.


Franz Kafka, La Metamorfosis. Capítulo 3, Acento Editorial, Madrid, 1998, páginas 66-67. Seleccionado por: Paloma Montero Jiménez, segundo de bachillerato, curso 2013/2014.

viernes, 7 de mayo de 2010

La metamorfosis, Kafka.

" Cuando Gregorio Samsa despertó aquella mañana, luego de un sueño agitado, se encontró en su cama convertido en un insecto monstruoso. Estaba echado sobre el quitinoso caparazón de su espalda, y al levantar un poco la cabeza, vio la figura convexa de su vientre oscuro, surcado por curvadas durezas, cuya prominencia apenas si podía aguantar la colcha, visiblemente a punto de escurrirse hasta el suelo. Innumerables patas, lamentablemente escuálidas en comparación con el grosor ordinario de sus piernas, ofrecían a sus ojos el espectáculo de una agitación sin consistencia. "
 
Franz Kafka, La metamorfosis, http://www.epdlp.com/texto.php?id2=764, Seleccionado por Susana Sánchez Custodio, segundo de Bachillerato, curso 2009-2010.

jueves, 11 de marzo de 2010

La metamorfosis, Franz Kafka

Mientras tanto Georg había conseguido sentar al padre y quitarle cuidadosamente el pantalón de punto que llevaba encima de los calzoncillos de lino, así como los calcetines. Al ver la ropa, que no estaba precisamente limpia, se hizo reproches por haber descuidado al padre. Seguro que también formaba parte de sus obligaciones el cuidar de que el padre se cambiase de ropa. Todavía no había hablado expresamente con su prometida de cómo iban a organizar el futuro del padre, porque tácitamente habían supuesto que él se quedaría solo en el piso viejo. Sin embargo, ahora se decidió, de repente y con toda firmeza, a llevárselo a su futuro hogar. Bien mirado, casi daba la impresión de que el cuidado que el padre iba a recibir allí podría llegar demasiado tarde.
Llevó al padre en brazos a la cama. Una terrible sensación se apoderó de él cuando, a lo largo de los pocos pasos hasta ella, notó que su padre jugueteaba con la cadena del reloj sobre su pecho. Se agarraba con tal fuerza a la cadena del mismo, que no pudo acostarlo inmediatamente. Apenas se encontró en la cama, todo pareció volver de nuevo a la normalidad. Se tapó solo y se cubrió muy bien los hombros con el cobertor. No miraba a Georg precisamente con hostilidad.
—¿Verdad que ya te acuerdas de él? —preguntó Georg, y asintió con la cabeza haciendo un gesto alentador.

—¿Estoy bien tapado? —preguntó el padre como si no pudiese asegurarse él mismo de que sus pies se encontraban tapados.
—Así es que te gusta estar en la cama —dijo Georg, y colocó mejor el cobertor a su alrededor.
—¿Estoy bien tapado? —preguntó el padre de nuevo, y pareció prestar especial atención a la respuesta.
—Estate tranquilo, estás bien tapado.
—¡No! —gritó el padre de tal forma que la respuesta chocó contra la pregunta, echó hacia atrás el cobertor con una fuerza tal que por un momento quedó extendido en el aire, y se puso de pie sobre la cama. Sólo con una mano se apoyaba ligeramente en el techo.


Franz Kafka, La metamorfosis, capítulo I, http://www.literatura.us/idiomas/fk_meta.html. Texto seleccionado por Beatriz Curiel Lumbreras, segundo de Bachillerato, curso 2009-2010

viernes, 19 de febrero de 2010

La Metamorfosis, Ovidio.

No tomes la vida que no puedes dar;
pues todas las cosas tienen el mismo derecho de vivir,
mata criaturas nocivas donde sea pecado salvar;
esta única prerrogativa tenemos;
pero alimenta la vida con comida vegetal,
y rehuye el sabor sacrílego de la sangre.


Ovidio, La Metamorfosis, http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2110.
Texto seleccionado por Fabiola Muñoz, segundo de Bachilerato, curso 2009-2010.