lunes, 28 de abril de 2014

Primeros relatos, Anton Chejov


El álbum


      El consejero honorario Kratérov, delgado y fino como la aguja del Almirantazgo, se adelantó y, dirigiéndose a Zhmíjov, dijo:
      -¡ Su excelencia ! Movidos y conmovidos hasta el fondo del alma por sus largos año de jefatura y por su patriarcal tutela...
      -Durante más de diez años enteros- le apuntó Zakusin.
      -Durante más de diez años enteros, sus subordinados, en este... día... tan señalado para nosotros, ofrecemos a Su Excelencia, como prueba de nuestro respeto y profundo agradecimiento, este álbum con nuestros retratos y deseamos que todavía durante mucho tiempo, mucho, hasta la misma muerte, no nos deje en el trancurso de toda su vida...
      -Con  sus paternales admoniciones para que sigamos el camino de la verdad y del progreso... - Añadió Zakusin, secándose el sudor que de pronto lehabía perlado la frente; por lo visto, sus deseos de hablar eran muchos y tenía preparado un discurso-. ¡ Y que tremole su estandarte -terminó diciendo- todavía durante muchos años, muchos, por los campos del genio, del trabajo y de la conciencia social !
      Una lágrima se deslizó por la mejilla izquierda, surcada de arrugas, de Zhmíjov.
      -¡ Señores! -dijo éste con voz temblorosa-. No esperaba, no tenía la menor noción de que se disponían a conmemorar este modesto aniversario mío... Estoy emocionado... muy emocionado... Recordaré este momento hasta la tumba y crean... crean, amigos mios,que nadie deséa tanto su bien como lo deseo yo... Si alguna vez he sido severo, ha sido únicamente en beneficio de ustedes mismos...
      Zhmíjov, consejero de Estado, besó al consejero honorario Kratérov, quien no esperaba tanto honor y palideció de emoción. Luego, el jefe, dando a entender que la suya le impedía seguir hablando, hizo un gesto con la mano y se puso a llorar como si en vez de recibir en ofrenda el valioso álbum se lo quitaran... Sosegado un poco, después de pronunciar aún otras palabras que le salían del corazón, y despues de permitir que todos le estrecharan la mano, bajó a la calle entre jubilosos gritos, subió al coche y partió, acompañado de un sinfín de bendiciones. Al tomar asiento en el coche sintió en el pecho un aflujo de gozosos sentimientos, ignotos para él hasta entonces.

Antón Pávlovich Chéjov, Primeros relatos. Planeta, Barcelona 1981, páginas 131-132.Seleccionado por Adrián Hernández García, segundo de Bachillerato, curso 2013-2014.

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