CARLOS. ¡Amigo ensangrentado, perdona que lo profane ante tales oídos! Pero que ese gran conocedor de hombres se muera de vergüenza al ver que la inteligencia de un joven ha sido mas sagaz que su saber gris. ¡Si, señor! ¡Éramos hermanos! Hermanos por un vínculo más noble que los que forja la naturaleza. El bello curso de su vida era amor. Amor por mí, su muerte grande y bella. Mio era él, cuando vos os jactabais de su estima, cuando su elocuencia traviesa jugaba con vuestro espíritu gigantesco y orgulloso. Creíais dominarle...y erais un dócil instrumento de sus planes superiores. El que yo esté prisionero ha sido la obra minuciosamente calculada y ponderada de su amistad. Para salvarme escribió la carta de Orange... ¡Oh, Dios! ¡Ha sido la primera mentira de su vida! Para salvarme se ha arrojado y ha salido al encuentro de la muerte que ha padecido. Vos le concedisteis el don de vuestro favor... El ha muerto por mí. Vos le obligasteis a aceptar vuestro corazón y vuestra amistad, vuestro cetro era juguete de sus manos; ¡él lo arrojó y ha muerto por mí! (El rey está inmovil, con la mirada clavada fijamente en el suelo. Todos los grandes están perplejos y atemorizados, a su alrededor). ¿Y ha sido posible? ¿habéis podido dar crédito a ese burdo engaño? ¡Qué estima tan baja tuvo que tener de vos, cuando pensó que os engañaría con ese burdo escamoteo! ¡Os atrevisteis a aspirar a su amistad, y habéis sucumbido a esa ligera prueba! Oh, no... no, eso no era algo para vos. ¡Ése no era un hombre para vos! Él mismo lo sabia muy bien, cuando os rechazó con todas las coronas. Ese arpa delicada se os ha roto en vuestras manos metálicas. No habéis podido hacer otra cosa más que asesinarle.
ALBA (hasta ahora no ha perdido de vista al rey, y observa con visible intranquilidad las emociones que aparecen en su rostro. Ahora se acerca a él medrosamente). Señor... dejad ese silencio funeral. Mirad a vuestro alrededor. Hablad con nosotros.
CARLOS. Vos le erais indiferente. hace tiempo que poseíais su simpatía. ¡Quizás! Él os habría hecho aún feliz. Su corazón era lo suficientemente rico para satisfaceros con su sobreabundancia, incluso a vos. Una chispa de su espíritu os habría convertido en un dios. Vos mismo habéis robado... ¿Qué ofreceréis para reemplazar un alma como ésa era? (silencio profundo, muchos de los grandes apartan la vista u ocultan el rostro en sus capas.) Oh, vosotros que estáis reunidos aquí y que enmudecéis de espanto de asombro... no condenéis al joven que habla así con su padre y con su rey... ¡Mirad acá! ¡Él ha muerto por mí! ¿Tenéis lágrimas? ¡Corre sangre, y no bronce incandescente, por vuestras venas? ¡Mirad acá y no me condenéis! (Se dirige al rey con más dominio de sí y serenidad.) ¿Esperáis vos acaso cómo va a acabar esta historia desnaturalizada?... Aquí está mi espada. Vos sois de nuevo mi rey. ¿Pensáis que tiemblo ante vuestra venganza? Asesinadme también a mí, lo mismo que habéis asesinado al más noble de todos. Mi vida está perdida. Lo sé. ¿Qué es la vida ahora para mí? Aquí renuncio a todo lo que en este mundo me espera. Buscaos un hijo entre los extraños... Ahí están mis reinos... (Cae junto al cadáver, sin tomar parte en lo que sigue. Entretanto se oye de lejos un tumulto confuso de voces y de muchos hombres que se agolpan. En torno al rey se ha hecho un silencio profundo. Sus ojos recorren todo el círculo, pero nadie sostiene su mirada.)
REY. Bueno. ¿No quiere contestar nadie?... ¡Todas las miradas en el suelo... todos los rostros cubiertos!... Mi sentencia ha sido pronunciada. En esos mudos ademanes la leo. Mis vasallos me han juzgado. (Un silencio como el de antes. El tumulto se acerca y sube de tono. A través del círculo de los grandes corre un murmullo, se hacen señas de perplejidad; el conde de Lerma le da ligeramente con el codo al duque de Alba.)
LERMA. ¡Efectivamente! ¡Es una rebelión!
ALBA. (en voz baja). Eso es lo que me temo.
LERMA. Fuerzan las puertas y suben. Ya están aquí.
Friedrich von Schiller, Guillermo Tell, Barcelona, Editorial Planeta S.A., 1994, página 147,148 y 149.
Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita. Primero de bachillerato, curso 2016-2017
Un lugar común de los estudiantes de Literatura Universal donde publicamos una antología de textos seleccionados por nosotros mismos con el fin de aprender a conocernos mejor a través de los más variados personajes que pueblan el universo literario.
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jueves, 20 de abril de 2017
jueves, 30 de marzo de 2017
Guillermo Tell, Friedrich von Schiller
Acto cuarto
Escena primera
Orilla de la parte del lago de los Cuatro Cantones.
Rocas abruptas de formas extrañas cierran la perspectiva al oeste. El lago está agitado, violento ruido de las olas interrumpido por rayos y truenos.
Kunz von Gersau. Pescador y joven pescador.
KUNZ. Yo lo he visto con mis propios ojos, podéis creerme, toda ha sucedido tal y como os lo he dicho.
PESCADOR. Tell preso y deportado a Jüssnacht, el mejor hombre del país, el brazo más recio, si un día tuviéramos que defender nuestra libertad por la fuerza.
KUNZ. El mismo gobernador le lleva a través del lago; yo partí de Flüelen cuando estaba a punto de embarcarse, sin embargo, la tormenta, que ahora se cierne y que también a mí me ha obligado a desembarcar aquí apresuradamente, puede haber impedido su partida.
PESCADOR. ¡Tell aherrojado, en poder del gobernador! ¡ Oh, creedme, le encerrará en un calabozo muy hondo, para que no vuelva a ver la luz del día! ¡Pues tiene que temer la justa venganza del hombre libre al que ha provocado gravemente!
KUNZ. También dicen que el ex magistrado mayor,el noble señor Von Attinghausen, está muriéndose.
PESCADOR. ¡Entonces se rompe la última ancla de nuestra esperanza! ¡Que él era el único que quedaba capaz de alar su voz para defender los derechos del pueblo!
KUNZ. La tormenta crece. Que lo paséis bien, yo me alojaré en el pueblo, pues hoy ya no puede pensarse en partir.
PESCADOR. ¡Tell preso y el barón muerto! ¡Alza tu frente insolente, tiranía, arroja de ti toda la vergüenza! ¡ La boca de la verdad está muda, el ojo vidente está ciego, el brazo que debía salvarnos está encadenado!
KUNZ. También dicen que el ex magistrado mayor,el noble señor Von Attinghausen, está muriéndose.
PESCADOR. ¡Entonces se rompe la última ancla de nuestra esperanza! ¡Que él era el único que quedaba capaz de alar su voz para defender los derechos del pueblo!
KUNZ. La tormenta crece. Que lo paséis bien, yo me alojaré en el pueblo, pues hoy ya no puede pensarse en partir.
PESCADOR. ¡Tell preso y el barón muerto! ¡Alza tu frente insolente, tiranía, arroja de ti toda la vergüenza! ¡ La boca de la verdad está muda, el ojo vidente está ciego, el brazo que debía salvarnos está encadenado!
Friedrich von Schiller, Guillermo Tell, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 235
jueves, 16 de marzo de 2017
Guillermo Tell, Friedrich von Schiller
ESCENA II
Lugar cerrado y agreste en un bosque, cascadas de agua fina, como polvo, caen de las rocas.
Bertan vestida de cazadora, Poco después Rudenz.
BERTA. Me sigue. Por fin pondré explicarle mis sentimientos.
RUDENZ. (entra rápidamente). Señorita, ahora por fin os encuentro sola. Abismos nos rodean, en este lugar desierto no temo a ningún testigo, descargaré de mi corazón el largo silencio...
BERTA. ¿ Estáis seguro de que la cacería no nos sigue?
RUDENZ. La cacería está allá lejos... ¡Ahora o nunca! Tengo que aprovechar este momento precioso... Tengo que ver decidido mi destino , aunque me separara eternamente de vos...Oh, no rodeéis vuestra bondadosa mirada de ese sombrío rigor! ¿ Quién soy yo para atreverme a alzar a vos mis audaces deseos? La fama no ha pronunciado aún mi nombre, yo no puedo alinearme con los caballeros, que famosos por sus victorias y deslumbrantes os pretenden. No tengo nada más que mi corazón llenos de lealtad y de amor...
BERTA.(seria y severa). ¿Puede hablar de amor y de lealtad el que es infiel a sus deberes inmediatos? (Rudenz retrocede) ¿ El esclavo de Austria, que se vende al extranjero que somete a su pueblo?
RUDENZ.¿De vos, señorita mía, oigo ese reproche? ¿ A quién sino a vos busco en aquel partido?
Berta. ¿ Pensáis encontrarme al lado de la traición? ¡Andantes quisiera dar mi mano a Gessler, el opresor, que al hijo de Suiza, desnaturalizado, que puede convertirse en instrumento suyo!
RUDENZ. ¡Oh Dios, lo que tengo que oír!
RUDENZ. (entra rápidamente). Señorita, ahora por fin os encuentro sola. Abismos nos rodean, en este lugar desierto no temo a ningún testigo, descargaré de mi corazón el largo silencio...
BERTA. ¿ Estáis seguro de que la cacería no nos sigue?
RUDENZ. La cacería está allá lejos... ¡Ahora o nunca! Tengo que aprovechar este momento precioso... Tengo que ver decidido mi destino , aunque me separara eternamente de vos...Oh, no rodeéis vuestra bondadosa mirada de ese sombrío rigor! ¿ Quién soy yo para atreverme a alzar a vos mis audaces deseos? La fama no ha pronunciado aún mi nombre, yo no puedo alinearme con los caballeros, que famosos por sus victorias y deslumbrantes os pretenden. No tengo nada más que mi corazón llenos de lealtad y de amor...
BERTA.(seria y severa). ¿Puede hablar de amor y de lealtad el que es infiel a sus deberes inmediatos? (Rudenz retrocede) ¿ El esclavo de Austria, que se vende al extranjero que somete a su pueblo?
RUDENZ.¿De vos, señorita mía, oigo ese reproche? ¿ A quién sino a vos busco en aquel partido?
Berta. ¿ Pensáis encontrarme al lado de la traición? ¡Andantes quisiera dar mi mano a Gessler, el opresor, que al hijo de Suiza, desnaturalizado, que puede convertirse en instrumento suyo!
RUDENZ. ¡Oh Dios, lo que tengo que oír!
Friedrich von Schiller, Guillermo Tell, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 219
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.
jueves, 2 de marzo de 2017
Don Carlos, Friedrich von Schiller
ACTO CUARTO
ESCENA VI
Marqués (se queda mirándole asombrado). ¿Es posible? ¿Es posible? ¿Entonces, no le había conocido? ¿ No del todo? ¿ Se me había escapado, de verdad, ese pliegue de su corazón ? ¡ Desconfianza haca su amigo! ¡No! ¡ Sería una calumnia!... ¿ Qué me ha hecho para que acuse de la más débil de las debilidades? Y o mismo soy lo que le reprocho... Que le sorprenda... Sí ,puede ser, eso lo que creo de buen grado. ¿ Cuándo habría podido esperar de su amigo esa extraña cerrazón?... ¡Y también que le cause dolor! No puedo ahorrártelo , Carlos, y aún tengo que atormentar más a tu buena alma. El rey ha dado fe al recipiente en el que ha puesto su secreto sagrado, y la fe exige gratitud.¿ De qué servirá la locuacidad, si mi silencio no te causa algún dolor para evitarte quizá otro? ¿ Por qué mostrarle al que duerme los nubarrones de la tormenta que se ciernen sobre su cabeza?... Basta con que los haga pasar silenciosamente a tu lado y que cuando despiertes el cielo esté claro?.
Friedrich von Schiller, Don Carlos, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 110.
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.
jueves, 23 de febrero de 2017
Don Carlos, Friedrich von Schiller
SEGUNDO ACTO
ESCENA IX
ESCENA IX
La princesa sola. Está todavía aturdida, fuera de sí; después de que Carlos ha salido, va rápidamente en pos suya y quiere volver a llamarle.
Princesa. Príncipe, una palabra. Príncipe, escuchad...¡Se marcha! ¡Ademas eso!Me desprecia... Aquí me quedo en terrible soledad... Arrojada de su lado... Rechazada... (Se deja caer en un sillón. Tras una pausa) ¡No! Suplantada sólo, suplantada por una rival. Ama. No hay duda. Él mismo ha confesado. Pero ¿ quién esa dichosa mujer?... Una cosa esta clara... Ama a quien no debería amar. Teme que se descubra. Su pasión se oculta a los ojos del rey... ¿Por qué ante éste, que la desearía?... ¿O es que lo que él teme en su padre no es al padre? Cuando se ha enterado de la intención lasciva del rey... su gesto se ha encendido de alegría y se ha regocijado como un bienaventurado... ¿Cómo es que en su rigurosa virtud ha callado aquí? ¿Aquí? ¿Precisamente aquí?... Qué puede ganar él con el rey respecto a la reina la... (Se detiene de pronto, sorprendida por una idea... Al mismo tiempo se saca del pecho el lazo que Carlos le ha dado, lo contempla rápidamente y lo reconoce.) ¡ Oh, insensata de mí! Ahora por fin , ahora... ¿Dónde han estado mis sentidos? Ahora se me abren los ojos... Se habían amado mucho tiempo antes de que el monarca la eligiera. El príncipe no me ha visto nunca sin ella... ¿A ella entonces, a ella se refería, cuando yo me creía adorada tan ilimitada, tan cálida, tan verdaderamente? ¡Oh, un fraude que no tiene igual! Y yo le he descubierto mi debilidad... (Silencio) ¿Qué el ama totalmente sin esperanza? No puedo creerlo... Un amor sin esperanza no subsiste en esta lucha.
Princesa. Príncipe, una palabra. Príncipe, escuchad...¡Se marcha! ¡Ademas eso!Me desprecia... Aquí me quedo en terrible soledad... Arrojada de su lado... Rechazada... (Se deja caer en un sillón. Tras una pausa) ¡No! Suplantada sólo, suplantada por una rival. Ama. No hay duda. Él mismo ha confesado. Pero ¿ quién esa dichosa mujer?... Una cosa esta clara... Ama a quien no debería amar. Teme que se descubra. Su pasión se oculta a los ojos del rey... ¿Por qué ante éste, que la desearía?... ¿O es que lo que él teme en su padre no es al padre? Cuando se ha enterado de la intención lasciva del rey... su gesto se ha encendido de alegría y se ha regocijado como un bienaventurado... ¿Cómo es que en su rigurosa virtud ha callado aquí? ¿Aquí? ¿Precisamente aquí?... Qué puede ganar él con el rey respecto a la reina la... (Se detiene de pronto, sorprendida por una idea... Al mismo tiempo se saca del pecho el lazo que Carlos le ha dado, lo contempla rápidamente y lo reconoce.) ¡ Oh, insensata de mí! Ahora por fin , ahora... ¿Dónde han estado mis sentidos? Ahora se me abren los ojos... Se habían amado mucho tiempo antes de que el monarca la eligiera. El príncipe no me ha visto nunca sin ella... ¿A ella entonces, a ella se refería, cuando yo me creía adorada tan ilimitada, tan cálida, tan verdaderamente? ¡Oh, un fraude que no tiene igual! Y yo le he descubierto mi debilidad... (Silencio) ¿Qué el ama totalmente sin esperanza? No puedo creerlo... Un amor sin esperanza no subsiste en esta lucha.
Friedrich von Schiller, Don Carlos, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 58/59
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.
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