jueves, 12 de enero de 2017

Discursos I, Cicerón

      Recuerda Cicerón las dificultades con que se encontraron los sicilianos para acudir a los tribunales de Roma. Indica a continuación que Verres ya meditaba desde la Ciudad cómo esquilmaría a los habitantes de la isla: es el comienzo del episodio de Dión. Le sigue inmediatamente el Sosipo y Filócrates, que también gira en torno a una cuestión testamentaria.
      La ficticia excusa de la defensa de Verres de que él no recibía directamente el dinero de estos manejos da pie a nuestro acusador para hablar de la cohorte del pretor, a la que acusa de ser un mero séquito y sus miembros un instrumento de sus desmanes. Esta parte del discurso podría construir un manual de mal gobernador. De aquí pasa a examinar cómo Verres, respetando el derecho siciliano (la lex Rupilia y la lex Hieronica) en su aspecto material, lo conculca continuamente en el procesal. Son ejemplos de ello los asuntos de Heraclio y Epícrates, que, en contra de la advertencia de Cicerón en el sentido de que no acumulará datos, sino que escogerá uno por cada tipo de delitos, tratan de herencias, cosa que ya hemos visto anteriormente, y además tienen en común la cadena de un ausente. Hasta tal punto esto es así, que entre el episodio de Heraclio y el de Epícrates decide intercalar, para no cansar al lector, la digresión sobre las "Verrinas" o fiestas en honor de Verres.




Cicerón, Discursos I. Barcelona, Edt. Gredos. Biblioteca básica gredos, 2000. pag 33.
Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita. Primero de bachillerato. Curso 2016-2017

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