Ataque al campamento troyano
Consternación en el campamento de turno.
Dolor de los troyano
Vencedores de los rútulos se adueñan del botín y los despojos
y trasladan llorando a Volcente sin vida al campamento.
Y ni es menor el duelo al encontrarse exánime a Ramnete.
y a tantos otros jefes, víctimas todos ellos del degüello común, aquí a Serrano,
a Numa allí. Se agolpan en enorme tropel ante los cuerpos ya sin vida
o a punto de expirar, ante la tierra tibia de las muertes recientes todavía,
el espledente yelmo de Mesapo y el tahalí que con tantos sudores recobraron.
La aurora, abandonando el lecho azafranado el lecho azafranado de Titono, ya empezaba a esparcir
su fresca claridad sobre la tierra. Ya iba el sol derramando sus rayos,
ya el día descorría el velo de las cosas, cuando Turno en persona,
ceñida la armadura, va llamando a sus hombres a las armas. Y a cada jefe forma
con sus líneas de bronce su frente de batalla. Y enardece los ánimos
con distintas arengas. Aún más
a Numa allí. Se agolpan en enorme tropel ante los cuerpos ya sin vida
o a punto de expirar, ante la tierra tibia de las muertes recientes todavía,
el espledente yelmo de Mesapo y el tahalí que con tantos sudores recobraron.
La aurora, abandonando el lecho azafranado el lecho azafranado de Titono, ya empezaba a esparcir
su fresca claridad sobre la tierra. Ya iba el sol derramando sus rayos,
ya el día descorría el velo de las cosas, cuando Turno en persona,
ceñida la armadura, va llamando a sus hombres a las armas. Y a cada jefe forma
con sus líneas de bronce su frente de batalla. Y enardece los ánimos
con distintas arengas. Aún más
Virgilio, Eneida, MAdrid, Edit.Gredos, col.Biblioteca Básica de Gredos, página 277.
Seleccionado por Lucía Pintor del Mazo.
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