jueves, 2 de febrero de 2017

Las Aventuras de Huckleberry Finn, Mark Twain

   CAPÍTULO XV 

     Calculamos que en tres noches llegariamos al Cairo, al sur de Illinois, en la confluencia con el rio Ohio, y ésa era nuestra meta. Una vez allí pensabamos vender la balsa y con ello comprar un pasaje para el vapor y remontar el Ohio hasta lletgar a los Estados libres, donde ya no tendríamos problema.
     Bien, pues a la segunda noche vimos acercarse una espesa niebla y buscamos una ensenada para amarrar la balsa, porque con niebla y buscamos una ensenada para amarrar la balsa, porque con niebla no es bueno navegar. Me adelanté yo en la canoa con la amarra en la mano, pero no mas que pequeños serpollos para fijarla. Al fín me decidí y amarré la cuerda a uno de ellos, pero la corriente era muy fuerte, y vino una violenta sacudida que se llevo a la balsa, arrancando el arbusto de raiz. Vi como la niebla espesaba y me acercaba, y me entró tal pánico que estuve como medio minuto inmóvil,  sin capacidad para reaccionar, y entre tanto la balsa se esfumó en la niebla. No se podía ver a más de veinte metros de distancia. Salté a la canoa, me fui a la popa, empuñé el remo, y quise separarla de la orilla apoyandome en él, pero la canoa no cedía. Me dí cuenta de que con las prisas me habia olvidado de soltar la amarra. Volví a saltar a tierra e intenté desatarla, pero estaba tan nervioso y me temblaban tanto las manos que no daba pie con bola.
     En cuanto pude soltarla, me lancé con toda mi alma a la persecución de la balsa, siguiendo en línea recta desde el serpollo donde la había atado. Mientras navegué por la pequeña ensenada en que nos habiamos refugiado, todo fue bien porque lograba orientarme algo, pero ésta no tenía más de sesenta metros de largo, y en el momento en que la dejé atrás me vi sumergido en una espesa capa blanca, y perdí totalmente la noción de hacia dónde me dirigía.



Mark Twain, Las Aventuras de Huckleberry Finn. Madrid, ed. Magisterio Español, S. A., col. Clasicos Norteamericanos S. XIX, págs. 105.
     Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

jueves, 26 de enero de 2017

Aventuras de Tom Sawyer, Twain

 CAPÍTULO V

       A eso de las diez y media empezó a tovcar la campana cascada de la vieja iglesia y en seguida empezó a congregarse la gente para el sermón  matutino. Los niños de la escuela dominical se distribuyeron por la casa y ocuparon los bancos con sus padres, para estar bajo vigilancia. Tía Polly llegó, y Tom, Sid y Mary se sentaron con ella... siendo Tom colocado lo más lejos posible de la ventana abierta y de las seductoras escenas del exterior. La muchedumbre llenaba las naves; el administrador de correos, el anciano, y necesitado, que había conocido mejores tiempos; el alcalde y su mujer (pues tenían un alcalde, entre otras cosas innecesarias); el juez de paz; la viuda de Douglas, rubia, elegante y cuarentona, alma generosa y de buen corazón, acomodada, con su caserón en la colina, que era el único palacio de la ciudad y el más hospitalario, y, con vidades de que se pudiese jactar San Petesburgo; el encorvado y venerable comandante Wards y señora; el abogado Riverson, personaje recién llegado de lejos. Seguía la bella del pueblo, perseguida por una tropa de Don Juanes vestidos de batista y cubiertos de cintas; luego venían en corporación todos los jóvenes empleados en la ciudad, que habían estado en el vestíbulo chupando los pomos de sus bastones y formando una muralla circular de admiradores parlanchines y de sonrisa simple, hasta que la última chica hubo pasado por las baquetas; y en último lugar venía el niño modelo. Willie Mufferson, cuidando atentamente a su madre como si fuera de cristal rompible. Siempre acompañaba a su madre a la iglesia y era el orgullo de todas las matronas. Todos los chicos le odiaban; era tan bueno y, además, había sido tan elogiado ante ellos... Su pañuelo blanco asomaba como por casualidad del bolsillo, como es costumbre los domingos. Tom no tenía pañuelo y consideraba que los chicos que lo tenían eran unos cursis. Ya que la congregación estaba completa, sonó otra vez la campana para advertir a los lentos y rezagados, y entonces un silencio solemne se extendió por la iglesia, sólo interrumpido por la  risa ahogada y el susurro del coro en la galería. El coro siempre reía a medias y susurraba durante todo el servicio divino.
       Hubo una vez un coro de iglesia que no estaba mal educado, pero he olvidado ahora dónde era.
Era hace muchísimos años y apenas puedo recordar algo de él, pero creo que era en algún país extranjero.
       El ministro anunció el himno y lo leyó todo con gusto. Y en un estilo peculiar que se admiraba mucho en aquella parte del país. Su voz empezó en un tono medio y subió constantemente, hasta alcanzar cierto punto en que pronunciaba con gran énfasis la palabra cumbre, y luego se lanzaba hacia abajo como si fuera desde un trampolín.    



       Twain, Aventuras de Tom Swayer, Barcelona, 1994, Bruguama S.A, páginas 40-41.
       Seleccionado por Rebeca Serradilla Martín. Primero de Bachillerato, Curso 2016/2017.

Los caballeros, Aristófanes

     En una segunda fase (vv. 1358-1380) Agorácrito indaga el cambio de actitud de Demo en lo tocante al respeto de los derechos individuales, a la retribución de las prestaciones recibidas, a la política militar y educativa. Aristófanes ha sabido ha sabido captar bien el menoscabo que padece de justicia, cuando sobre los jueces se ejerce la presion social excitada por la acción de un demagogo. Los versos 1359-1360 delatan la tendencia de los tribunales a prodigar las penas de confiscación de bienes cuando las arcas del fisco están vacías. A quien se le ocurra en adelante aconsejar suplir el déficit público de esa manera, Demo amenaza con arrojarle al bárato colgándole del cuello a Hipérbolo, lo que arroja cierta luz sobre el tipo de procesos en que se dio a conocer este sujeto a comienzos de su carrera política (cf. Acarnienses, 847). Que en lo venidero Demo prometa pagar religiosamente a los remeros nada más terminada la misión de las trirremes (v. 1366-1367), guarda relación con la política de construcción naval apuntada en los vv. 1351-1353 y permite matizar el supuesto "pacifismo" de Aristófanes, que en ningún momento es antiarmamentista.


Aristófanes,Comedias. Barcelona, ed. Gredos, S.A., col. Biblioteca Básica Gredos, pág 152.
 Seleccionado por David Francisco Blanco. Primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

El banquete, Platón

       En primer lugar, tres eran los sexos de los hombres, no dos como ahora, masculino y femenino, sino que había además un tercero que era común a esos dos, del cual perdura aún el nombre, aunque él mismo haya desaparecido. El andrógino, en efecto, era entonces una sola cosa en cuanto a figura y nombre, que participaba de uno y otro sexo, masculino y femenino, mientras que ahora no es sino un nombre que yace en la ignominia. En segundo lugar, la figura de cada individuo era por completo esférica, con la espalda y los costados en forma de círculo; tenía cuatro brazos e igual número de piernas que de brazos, y dos rostros sobre un cuello circular, iguales en todo; y una cabeza, una sola, sobre estos dos rostros, situados en direcciones opuestas, y también cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo lo demás según puede uno imaginarse de acuerdo con lo descrito hasta aquí. Caminaba además erecto. como ahora, en cualquiera de las dos direcciones que quisiera; mas cada vez que se lanzaba a correr rápidamente, del mismo modo que ahora los saltimbanquis dan volteretas haciendo girar sus piernas hasta alcanzar la posición vertical, avanzaba rápidamente dando vueltas, apoyándose en los ocho miembros que tenía entonces.


       Platón, El banquete. Madrid, Alianza. Clásicos de Grecia y Roma, octava edición, 2006. Pagina 81.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Los conquistadores, Malraux


         A cada cual su turno.
         Noticias de Shanghai:
     Siguiendo las directivas del Kuomintamg, la Cámara de Comercio china decreta la confiscación de las mercancías británicas que se encuentran en manos de los chinos. Prohíbe, a partir del 30 de junio y durante el plazo de un año, la compra de toda mercancía inglesa, el transporte de toda mercancía por un navío inglés.
        Los periódicos de Shanghai declaran que el tráfico británico se reducirá en un ochenta por ciento.
        Dicho tráfico (dejando aparte Hong Kong) se evaluó el año pasado en veinte millones de libras.
        Hong Kong sólo puede contar ya con el ejército de Cheng-tiung Ming.

        Nicolaiev ha recibido las palabras siguientes, escritas en mayúsculas; ''¿Están verdaderamente en posesión de rehenes los terroristas?'' Nicolaiev no lo cree así. Pero muchos de los nuestros se encuentran en misión y carecemos de todo medio de control.
Las seis
   
        Un ordenanza de la prisión trae a Garín unos pales. el interrogatorio de Ling.
        -¿Ha hablado?
        -Uno más que da la razón a Nicolaiev - responde Garín -. ¡Ah! No hay muchos hombres que resistan tal sufrimiento... 
        -Y... ¿ha sido largo?
        -¡Imagínalo!
        -¿Qué vamos a hacer?
        -¿Qué diablos quieres que hagamos? No se puede poner en libertad a un jefe terrorista.
        -¿Entones?
        -Las prisiones están llenas, claro está... Y, en fin, será juzgado por un tribunal especial. Sí, todo se sabe, como dice Nicolaiev: primero, dónde está Hong; segundo, que efectivamente han matado a Cheng-dai por orden suya. El asesino es uno de los boys.
       -Pero ¿no teníamos confidentes en el interior?
       -Uno solo: ese boy, confidente doble. Nos ha engañado, pero no por mucho tiempo. Lo hemos cogido ya, naturalmente. Un poco más tarde nos servirá para un proceso, si ha lugar...
       -Un poco peligroso, ¿no?
       -Si Nicolaiev le suprime la droga durante unos días y le promete que no será ejecutado, hablará como nos convenga...
       -Pero dime, ¿queda todavía alguien que confíe en las promesas de ese tipo?
       -La supresión del opio bastará...
Se detiene, se encoge lentamente de hombros.
       -Es terriblemente sencillo, un hombre que va a morir...
Y unos minutos más tarde, como si prosiguiese su pensamiento:
       -Además, casi todas mis promesas han sido mantenidas...
       -Pero, ¿cómo quieres que distingan...?
       -¿Y qué quieres que haga yo?

     8  de agosto

Hong ha sido detenido ayer por la noche.

Malraux, Los conquistadores, Móstoles-Madrid, Editorial Argos Vergara, páginas 161,162 y 163.
 Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017

El banquete, Platón

       - En verdad, Erixímaco -dijo Aristófanes-, tengo en mente hablar de manera algo diferente a como tú y Pausanias habéis hablado. A mí, en efecto, me parece que los hombres no se dan cuenta en absoluto del poder del amor, ya que, si se hubieran dado cuenta, le habrían construido los más grandes santuarios y altares, y le harían los sacrificios más grandes, no como ahora, que no sucede nada de esto acerca de él, cuando debí suceder por encima de todo. Pues es, de los dioses, el más amigo de los hombres, ya que los ayuda y es su médico en enfermedades de las que, una vez curados, provendría la mayor felicidad para el género humano. Yo, pues, trataré de exponeros su poder, y vosotros, por vuestra parte, seréis maestros de otros. Pero debéis, en primer lugar, conocer la naturaleza humana y sus vicisitudes, ya que nuestra naturaleza de antaño no era la misma de ahora, sino distinta.


       Platón, El banquete. Madrid, Alianza. Clásicos de Grecia y Roma, octava edición, 2006. Página 80.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación.

     Después del regreso a Roma y de la reapertura de los tribunales, se vio arder el cielo en numerosos puntos, y otros prodigios fueron realmente vistos o mostraron ilusiones sin fundamento a las mentes aterradas. Para ahuyentar tales temores, se dispuso la celebracion de un triduo de fiestas, durante el cual todos los templos se veian abarrotados de un tropel de hombrfes y mujeres que imploraban la clemencia de los dioses. Despues, las cohortes latinas y hrnicas recibieron el agradecimiento del senado por su esforzado comportamiento como soldados y fueron enviadas a casa. Mil soldados de Ancio, por lo tardío de su ayuda, posterior a la batalla, fueron objeto de una despedida casi afrentosa.
     A continuación se celebraron los comicios. Fueron  elegidos cónsules Lucio Ebucio y Publio Servilio. El primero de agosto, que era cuando comenzaba entonces el año, entran en funciones. Hacia un tiempo malsano y coincidio un año de epidemia en la ciudad y en el campo, tanto entre los hombres como entre el ganado, viniendose, ademas, incrementada la virulencia de la enfermedad al dar acogida en la ciudad a hombres y animales por temor al pillaje. Aquella confusion de seres de toda especie en promiscuidad atormentaba, con su olor desacostumbrando, a los habitantes de la ciudad, y a los campesinos apretujados en angosos alojamientos los atormentaba con el calor y el insomnio; los cuidadanos mutuos y el propio contacto propagaban la enfermedad.



Tito Livio, Historia de Roma desde su fundación. Barcelona, ed. Gredos, S.A., col. Biblioteca Básica Gredos, págs. 328.
     Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato. Curso 2016-2017.

Trópico de Cáncer, Henry Miller


      A la una y media fui a ver a Van Norden, como habíamos quedado. Me había avisado de que, si no respondía querría decir que estaba durmiendo con alguien, probablemente con su gachí Georgia.
      El caso es que allí estaba, cómodamente arrebujado, pero con su aspecto de cansancio habitual . Se  despierta maldiciéndose, o maldiciendo su trabajo,o maldiciendo su vida.  Se despierta totalmente aburrido y frustrado, disgustado de pensar que no ha muerto durante la noche.
      Me siento junto la ventana y lo animo todo lo que puedo. Es una tarea tediosa. La verdad es que hay que engatusarlo para que salga de la cama. Por la mañana - para él la mañana va de la una a las cinco de la tarde -, por la mañana, como digo, se entrega a los ensueños. Sobre todo, sueña con el pasado. Con sus <>. Se esfuerza por recordar lo que sentía, lo que decían en determinados momentos críticos, donde se las tiraba, etcétera. Mientras esta ahí echado sonriendo y maldiciendo  mueve los dedos de ese modo suyo, tan curioso y aburrido, como para dar la impresión de que su hastío es demasiado intenso para expresarlo en palabras. Sobre la cama cuelga un irrigador que guarda para los casos de urgencia: para las vírgenes a las que persigue como un sabueso. Incluso después de haberse acostado con una de esas criaturas míticas, sigue llamándola virgen,  casi nunca por su nombre. 



Henry Miller, Trópico de Cáncer, colección S.A.  traducida por ediciones Alfaguara, publicada en 2000 , Mostoles, Madrid, página 97.
seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016- 2017.

jueves, 19 de enero de 2017



                                                      ZEUS Y HELIOS.

ZEUS.   ¿Qué es lo que has hecho, oh el peor de los Titanes? Has destruido todo lo que hay en la tierra al confiar tu carro a un muchacho irreflexivo, que ha abrasado una parte de ella para acercársele demasiado, mientras que a la otra la ha hecho morir del frío al alejar de ella demasiado el fuego, y, en una palabra, todo lo que ha confundido y trastornado, y si yo, al ver lo que ocurría, no lo hubiera derribado con mi rayo, no habría quedado ni rastro de los hombres. ¡Bonito auriga y cochero nos has enviado!
HELIOS.   He faltado, Zeus, pero no te enfades si he cedido a las insistentes súplicas de mi hijo. ¿Cómo iba yo a suponer que ocurriría tal desgracia?
ZEUS.      ¿Acaso no sabías la atención y cuidado que la cosa requiere y que, por poco que uno se desvíe del camino, se acabó todo? ¿Ignorabas acaso la fogosidad de tus caballos, y que es preciso tirar del freno con fuerza? Porque, en cuanto uno lo afloja, al instante se desenfrenan; que es lo que han hecho con él: se lo han llevado a la derecha y después a la izquierda, en dirección contraria a la ruta, arriba y abajo, en una palabra, donde han querido; y él no sabía qué hacer con ellos.
HELIOS.   Todo eso lo sabía, y por ello me he resistido largo tiempo y me negaba a confiarle la dirección del carro. Pero como insistía tanto con las lágrimas en los ojos, y su madre Clímene con él, lo hice montar al carro advirtiéndole cómo había que mantenerse en él, hasta qué punto debía aflojar las riendas en la subida y tirar de ellas en la bajada; que debía dominar las bridas y no ceder jamás al ímpetu de los caballos. Pero él - que no es más que un niño-, cuando hubo montado en aquel carro de fuego y vio el abismo que se abría a sus pies, como es lógico, se sobrecogió. Y los caballos, conociendo que no era yo quien había montado en él, despreciaron al muchacho y se desviaron de la ruta cometiendo todas esas atrocidades. En cuanto a él, abandonó las riendas, por temor a caerse, creo, y agarróse al borde delantero del carro. Pero ahora ha pagado ya su falta; y yo tengo ya bastante con mi pena, oh, Zeus.
ZEUS.     ¿Bastante dices, después de tu atrevimiento? Sin embargo, por esta vez te perdono; pero si en un futuro cometes una falta parecida o nos mandas un sustituto como éste, al instante sabrás cuánto más abrasador que el fuego es el rayo. Y ahora, que sus hermanas lo entierren a orillas del Erídamo, donde fue a parar al caerse del carro; que viertan ámbar en su llanto por él y que se conviertan ellas mismas en álamos en memoria de este suceso.


Luciano de Samósata, Diálogos, Barcelona, Editorial Planeta, S.A 1988, Primera edición en clásicos universales Planeta, Página 42.
Seleccionado por: Marta Talaván González, Primero de bachillerato, Curso 2016-2017.

Montesquieu, Del Espíritu de las Leyes


Sexta parte
Libro XXVIII
Del origen y cambios de las leyes civiles francesas
Capítulo III : Diferencia capital entre las leyes sálicas y las leyes de los visigodos y borgoñes.

   He dicho anteriormente que la ley de los borgoñones y la de los visigodos eran imparciales: no así la ley sálica, que estableció entre los francos y los romanos las distinciones más humillantes. El que había matado a un franco, a un bárbaro o a un hombre sujeto a la ley sálica, debía pagar a los parientes una composición de doscientos sueldos: pero sólo pagaban cien, si había matado a un romano propietario y cuarenta y cinco si había matado a un romano tributario: la composición por el por el asesinato de un franco vasallo del rey era de seiscientos sueldos, mientras que la del asesinato de un romano comensal del rey no era más que de trescientos.
   Había pues una diferencia cruel ente el señor franco y el señor romano, así como entre el franco y el romano de condición media.
    No es todo: si se reunía gente para asaltar a un franco en su casa y lo mataban, la ley sálica señalaba una composición de seiscientos sueldos, pero si el asaltado era un romano o un liberto no se pagaba más que la mitad de la composición. Según la misma ley, si un romano encadenaba a un franco, debía treinta sueldos de composición, pero si un franco encadenaba a un romano, sólo debía quince. Un franco despojado por un romano tenía sesenta y dos sueldos y medio de composición, mientras que un romano despojado por un franco no recibía más que treinta. Todo lo cual debía ser abrumador para los romanos.   


Montesquieu, Del Espíritu de las Leyes, colección clásicos del pensamiento, 5º edición publicada en 2002, editorial Tecnos, pag 349, sexta parte, libro XXVIII.
Seleccionado por Lara Esteban González, primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Dafnis y Cloe,Longo

     Comenzaba ya la primera y, al fundirse la nieve, se desnudaba la tierra y la hierba germinaba. Los otros zagales llevaban a los pastos sus ganados, y antes que ninguno Cloe y Dafnis, como que servían a un pastor más principal. Y al momento corrieron hacia las Ninfas y su cueva, después hacia Pan y su pino y luego hasta la encina, bajo la cual tomando asiento guardaban sus rebaños al par que se besaban, Buscaron también flores, con el deseo de poner guirnaldas a los dioses, pero aún apenas las había nutrido el Céfiro y las hacía brotar el sol con sus calores. Y sin embargo encontraron violetas y narcisos y pamplinas y cuantas nacen nada más empezar la primavera. Cloe y Dafnis, mientras coronaban las imágenes, derramaron en su honor la leche nuevade algunas cabras y ovejas. También les dedicaron primicias de su zampoña como en un melidioso desafío a los ruiseñores, que les fueron respondiendo en la espesura e iban poco a poco afinando su cántico a Itis, como si tras largo silencio recobraran la memoria de los trinos.


Longo, Dafnis y Cloe. Barcelona, ed. Gredos, S.A., col. Biblioteca Básica Gredos, pág. 64
Seleccionado por David Francisco Blanco, Primero de Bachillerato, Curso 2016-2017.

A sangre fría, Truman Capote


El Rincón

El juez Tate había muerto de pulmonía el noviembre pasado; coronas, rosas parduscas y cintas descoloridas por la lluvia, todavía cubrían la tierra desnuda. Junto a ella, pétalos de rosas recién esparcidos sobre un montón de tierra más reciente, la tumba de Bonnie Jean Ashida, hija mayor de los Ashida muerta en accidente de coche cuando se hallaba de visita en Garden City. Muertes, nacimientos, bodas... precisamente el otro día se había enterado que el novio de Nancy Clutter, Bobby Rupp, se había marchado y casado.
       Las tumbas de la familia Clutter, cuatro tumbas reunidas bajo una única piedra gris, se hallaban bajo una lejana esquina del cementerio, más allá de los árboles, a pleno sol, casi al borde luminoso del trigal.
       Al acercarse, Dewey vio que había junto a ellas otro visitante, una esbelta jovencita con guantes blancos, cascada de pelo castaño oscuro y largas y elegantes piernas. Vio quién le sonreía y él se preguntó quién podría ser.
       -¿Ya me ha olvidado, señor Dewey? Soy Susan Kidwell.
       Él se echó a reir. Ella se acercó.
       -¡Sue Kidwell, si eres tú, que me aspen!--no la había visto desde el proceso. Era entonces una niña.--. ¿Cómo estás? ¿Cómo está tu madre?
       -Muy bien, gracias. Sigue dando música en el colegio de Holcomb.
       -No he estado por allí últimamente. ¿Algo nuevo?
       -Oh, hablan de pavimentar las calles. Pero ya conoce Holcomb.
La verdad es que yo no estoy mucho allí. Es mi penúltimo año en la Universidad de Kansas. Sólo estoy en casa pasando unos días.
       -Eso es estupendo, Sue. ¿Qué estás estudiando?
       -De todo. Arte principalmente. Me encanta. Estoy muy contenta --miró a través de la pradera--. Nancy y yo habíamos planeado ir juntas a la universidad. Pensábamos compartir una habitación. A veces lo recuerdo. De pronto, cuando estoy muy feliz, pienso en todos los planes que habíamos hecho.
       Dewey miró la piedra gris que tenía grabados cuatro nombres y la fecha de su muerte, 15 de noviembre de 1959.
       -¿Vienes por aquí a menudo?
De vez en cuando. Caramba, el sol está fuerte --se protegió los ojos con las gafas ahumadas--. ¿Se acuerda de Bobby Rupp? Se ha casado con una chica guapísima.
       -Eso oí decir.
       -Con Colleen Whitehurst. Es de veras hermosa. Y muy simpática además.
       -Me alegro por Bobby --y en tono de broma, Dewey añadió--: ¿Y tú? Seguro que tienes montones de admiradores.
       -Bueno, nada serio. Pero eso me recuerda algo. ¿Tiene hora?
¡Oh!--exclamó al decirle que eran más de las cuatro--. ¡Tengo que irme corriendo. Pero me ha encantado volver a verle, señor Dewey.
       -Yo me he alegrado también, Sue. ¡Buena suerte! --le gritó mientras ella desaparecía sendero abajo, una graciosa jovencita apurada, con el pelo suelto flotando, brillante.
       Nancy hubiera podido ser una jovencita igual.
       Se fue hacia los árboles, de vuelta a casa, dejando tras de sí el ancho cielo, el susurro de las voces del viento en el trigo encorvado. 
      

Truman Capote, A sangre fría, Madrid, Anagrama S.A, Millenium, 1999, páginas 316-318
       Seleccionado por Rebeca Serradilla Martín. Primero de Bachillerato, Curso 2016/2017.

El Príncipe, Nicolás Maquiavelo

XIII. De los soldados auxiliares, mixtos y propios.

    Las tropas auxiliares, que constituyen la otra clase de tropas inútiles, son aquellas de las que se dispone cuando se llama a un poderoso para que con sus tropas venga a ayudarte y defenderte. Es lo que hizo hace poco el papa Julio cuando, tras pasar con ocasión de la empresa de Ferrara la triste experiencia de sus tropas mercenarias, recurrió a las auxiliares y llegó al acuerdo con Fernando, el rey de España, de que éste lo ayudaría con su gente y sus ejércitos. Estas tropas pueden ser útiles y buenas en sí mismas, pero para quien las llama resultan casi siempre perjudiciales, porque, si pierdes, te quedas deshecho, y, si vences, te conviertes en prisionero suyo. Y aunque  la historia antigua esté llena de ejemplos de este tipo, no deseo, sin embargo, apartarme del caso fresco y reciente del papa Julio, cuya decisión de ponerse completamente a merced de un extranjero por el deseo de conquistar Ferrana no pudo ser más irreflexiva. Sin embargo, su buena fortuna hizo nacer una tercera variante, a fin de que no saborease enteramente el fruto de su mala decisión, pues, cuando ya habían sido derrotadas sus tropas auxiliares en Rávena, aparecieron los suizos, que hicieron huir a los vencedores en contra de las previsiones tanto de él como de los demás; de esta forma no quedó prisionero de los enemigos, que habían sido rechazados, ni tampoco de las tropas auxiliares, pues había vencido con otras armas. Los florentinos, encontrándose completamente desarmados, trajeron diez mil franceses para que expugnaran Pisa, y esta decisión les hizo pasar más peligros que cualquier otra empresa suya anterior. El emperador de Constantinopla llevó a Grecia para que se enfrentaran a sus vecinos a diez mil turcos, los cuales, sin embargo, se resistieron a partir una vez terminada la guerra. Esta acción marcó el comienzo de la esclavización de Grecia por los infantes. Aquel, por tanto, que quiera no poder vencer, que se valga de estas tropas, porque son mucho más peligrosas que las mercenarias: con ellas el desastre está garantizado de antemano, pues constituyen un solo un solo cuerpo absolutamente dispuesto a obedecer a otro. Por el contrario, las tropas mercenarias, en el supuesto  de que hayan vencido, necesitan para hacerte daño más tiempo y una mejor oportunidad, ya que no forman un cuerpo único y además han sido formadas y están pagadas por ti. En estas tropas un tercero, a quien confíes el mando, no puede adquirir con la suficiente rapidez la autoridad necesaria para causarte daño. En suma, en las mercenarias es más peligrosa la desidia, en las auxiliares, la virtud.
       


Nicolás Maquiavelo, El Príncipe, Madrid, Alianza Editorial, páginas 87,88 y 89
 Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017

El banquete, Platón

       Tras decir esto Sócrates, me contó Aristodemo que los demás lo alabaron, pero que Aristófanes intentó decir algo, puesto que Sócrates, en sus palabras había hecho alusión a él apropósito de su discurso. Pero de repente golpearon la puerta del patio y se produjo un gran estruendo, como se juerguistas, y se oyó la voz de una flautista. Entonces Agatón dijo:
       - Esclavos, ¿es que no vais a mirar? Si fuera alguno de los amigos habituales, invitadle; t si no, decidle que no estamos bebiendo, sino que estamos descansando ya.
       Y no mucho después oyeron en el patio la voz de Alcibíades, que estaba muy borracho y daba grandes gritos preguntando dónde estaba Agatón y pidiendo que lo llevaran junto a él. Lo llevaron, pues, junto a nosotros y también a la flautista que lo sostenía y a algunos otros de sus acompañantes; mas él se detuvo en la puerta, coronado con una espesa corona de hiedra y de violetas y llevando en la cabeza cintas en gran número, y dijo:
       - Señores, salud. ¿Aceptáis como compañero de bebida a un hombre completamente borracho, o habremos de irnos en cuanto coronemos a Agatón, que es a lo que hemos venido? Pues yo es verdad que ayer -dijo- no pude venir, pero heme aquí ahora con las cintas sobre la cabeza, para que de mi cabeza pasen a ceñir la cabeza del hombre más sabio y más bello, proclamándolo así públicamente. ¿Os burláis de mí porque pensáis que estoy borracho? Pero yo, aunque vosotros os riais, sin embargo sé bien que digo la verdad. Mas decidme desde ahora, ¿entro con esas condiciones o no? ¿Vais a beber conmigo o no?


       Platón, El banquete. Madrid, Alianza. Clásicos de Grecia y Roma, octava edición, 2006. Páginas 124-125.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Apología Flórida, Apuleyo

     He tomado parte, en Grecia, en las iniciaciones de la mayor parte de los cultos mistéricos. Conservo aun, con sumo cariño, ciertos símbolos y recuerdos de tales cultos, que me fueron entregados por sus sacerdotes. No estoy diciendo nada insólitos ni desconocido. Por ejemplo, los iniciados en los misterios del dios Líber que os hallais aquí salchicha presentes sabéis que es lo que guardais oculto en vuestras casas y veneráis en silencio, lejos de todos los profanos.
Pues mi bien, yo tambien como he dicho, he conocido por mi amor a la verdad y mi piedad hacia los dioses, cultos de toda clase, ritos numerosos y ceremonias variadas. Y no estoy inventándome esta explicación, para acomodarme a las circunstancias, sino que hace unos tres años, pocos días después de haber llegado a Oea, al pronunciar una conferencia acerca de la majestad de Esculapio...



Apuleyo, Apología Flórida. Barcelona, ed. Gredos, S.A., col. Biblioteca Básica Gredos, pág. 238.
     Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato. Curso 2016-2017.