jueves, 23 de marzo de 2017

Las aventuras de Tom Sawyer, Mark Twain

Capítulo 3
       
       Tom se presentó ante su tía Polly, que estaba sentada junto a una ventana abierta en una agradable habitación trasera, que servía a la vez de dormitorio, cuarto de desayuno, comedor y biblioteca. El suave aire estival, el silencio tranquilizador, el aroma de las flores y el zumbido soñoliento de las abejas habían obrado su efecto, y la anciana daba cabezadas sobre su labor de punto... porque no tenía más compañía que el gato y éste se había dormido en su regazo. Tenía las gafas muy colocadas en lo alto de la cabeza encanecida para mayor seguridad. Había dado por supuesto que Tom había desertado del trabajo desde hacía mucho tiempo, y se quedó maravillada al ver cómo se ponía de nuevo en su poder de forma tan rápida. Le dijo:
       - ¿Puedo ir a jugar ahora, tía?
       - ¿Qué? ¿Tan pronto? ¿Hasta dónde has pintado?
       - Lo he terminado todo, tía.
       - Tom, no me mientas, no puedo soportarlo.
       - No miento, tía; está todo terminado.
       La tía Polly se fiaba poco de tal testimonio. Salió para verlo con sus propios ojos y se hibiera dado satisfecha con que un veinte por ciento de la declaración de Tom fuera verdad. Así que cuando vio que toda la valla estaba encalada, y no solo encalada, sino primorosamente cubierta y cubierta de manos de pintura, e incluso con una raya añadida en el suelo, su asombro fue inexpresable. 


       Mark Twain, Las Aventuras de Tom Sawyer. Madrid, Anaya. Laurin, primera edición, 1984. Página 25-26.
       Seleccionado por Andrea Alejo Sánchez. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Trópico de Cancer, Miller


     Necesitaba algo para reconciliarme conmigo mismo. Anoche lo descubrí: Papini. No me importa que sea un patriotero, un beato o un pedante miope...
     !Los libros que había leído... a los dieciocho años! No sólo Homero, Dante, Goethe, no sólo Aristóteles, Platón, Epicteto, no sólo Rabelais, Cervantes, Swift, no sólo Walt Whitman, Edgar Allan Poe, Baudelaire, Villon, Carducci, Manzoni, Lope de Vega, no sólo  Nietzsche, Schopenhauer, Kant, Hegel, Darwin, Spencer, Huxley... no sólo eso, sino también todos los autores menores entre ellos. Eso en la pagina 18. Alors, en la página 232 se derrumba y confiesa. No sé nada, reconoce. Conozco los títulos, he calumniado y difamado... Puedo hablar durante cinco minutos, o durante cinco días, pero después me agoto, quedo exprimido y seco.
     Esto es lo que sigue: <     >> Un alemán enjuto como un mono quiere que traduzca sus obras. Una muchacha rusa de ojos visionarios quiere que escriba una relación de mi vida para ella. Una dama americana quiere saber las noticias mas frescas sobre mí. Un caballero americano está dispuesto a enviar su coche para llevarme a comer: sólo una charla íntima, confidencia, ¿sabe usted? Un antiguo compañero de estudios y camarada, de hace diez años, quiere que le lea todo lo que escribo tan pronto como lo haya escrito., Un amigo pintor que conozco pretende que pose para él por horas. Un periodista quiere mi dirección actual. Un conocido, místico él, pregunta por el estado de mi alma; otro, más práctico, por el estado de mis finanzas. ¡El presidente de mi club se pregunta si daré una charla a los muchachos! Una dama, de inclinaciones espiritistas, confía en que vaya a su casa a tomar el té lo mas frecuentemente posible. Quiere saber mi opinión sobre Jesucristo y... ¿que pienso de esa nueva médium? >>!Diós¡ ¿En qué me he convertido? ¿Que derecho tenéis, todos vosotros, a entorpecer mi vida, a chupar mis pensamientos, a considerarme vuestro compañero, confidente y oficina de información? ¿Por quien me tomáis? ¿Acaso soy un animador a sueldo a quien exigen cada mañana que presente una farsa intelectual ante vuestras estúpidas narices?...




       Miller, Trópico de Cancer. Barcelona. RBA Coleccionables, S.A., Edicion: 1995. Pag 64.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Los caballeros, Aristófanes

     Brock cree encontrar un apoyo a su teoría de la doble trama en los vv. 1254-1256 en los que tras una ausencia de 75 versos reaparece para decir adiós al Morcillero y recordarle que es a él a quien debe su éxito político y pedirle el fabor de que se le conceda ser el escribano que firme sus decretos judiciales, como Fano lo fue del Paflagonio. Pero, aparte de la rareza de esta reaparición repentina del siervo primera de la escena, después de su larguísima ausencia, la implícita pregunta sobre su identidad que le hace Demos nada más terminar el parlamento, al pedirle que le diga su nombre, resulta incomprensible tratándose de un esclavo suyo, que a mayor abundamiento pronuncia sus palabras, como supone Sommerstein, asomándose a la ventana de su propia casa. Según nos imaginamos la escena, el v. 1253 corresponde al Corifeo y los vv. 1254-1256 al Morcillero, como propone Marzullo y parece lo más lógico.
     En resumen, no convence ese principio de estructuración que Brock intenta encontrar en nuestra comedia, ni su valoración de ésta como una de las "most sophisticated works" de Aristófanes.


Aristófanes,Los Caballeros. Madrid. Biblioteca Clásica Gredos. Pag 135
Seleccionado por David Francisco Blanco. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

jueves, 16 de marzo de 2017

Los conquistadores, Malraux

       Hijo de un suizo y de una suiza, hablaba el alemán, el francés, el ruso y el inglés, que había aprendido en el colegio. No dirigió un editorial, sino la sección de traducciones de una sociedad cuyas ediciones no eran, por principio, pacifistas.
       Como dice el informe de la policía, tuvo ocasión de frecuentar a algunos jóvenes del grupo bolchevique. Pronto comprendió que esta vez se encontraba, no ante predicadores, sino ante técnicos. El grupo era poco acogedor. Sólo recuerdo de su proceso que, en este medio, no había sido aún olvidado, le permitió no ser recibido como un importuno ; pero, al no estar vinculado a su acción (no había querido ser miembro del partido, sabiendo que sería incapaz de soportar la disciplina y no creyendo en la proximidad de una revolución), no tuvo nunca con sus miembros más que relaciones de camaradería. Los jóvenes le interesaban más que los jefes, de los que únicamente conocía los discursos, esos discursos pronunciados en tono de conversación, en pequeños cafés llenos de humo, ante una veintena de camaradas desplomados sobre las mesas y en los que sólo el rostro demostraba su atención. No vio jamás a Lenín. Si la técnica y el gusto por la insurrección de los bolcheviques le seducían, el vocabulario doctrinal y sobre todo el dogmatismo de que estaban atiborrados le exasperaban. A decir verdad, pertenecía a este tipo de personas para quienes el espíritu revolucionario no puede nacer mas que de la revolución que comienza, para quienes la Revolución es, ante todo, un estado de cosas


Malraux, Los conquistadores, Barcelona, Editorial RBA coleccionables S. A., 1995, Página 54
Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita, primero de bachillerato. Curso 2016-2017

El Asno de Oro, Apuleyo


Libro XI

14. Yo, estupefacto, atónito, sin decir palabra e inmovil, no podía con la felicidad tan repentina y tan completa que sentía. Ante todo, ¿que podria decir y como empezar? ¿De donde sacaria un exordio para estrenar mi voz? ¿Que palabras serian de feliz augurio con ocasion de haber recobrado el lenguaje? ¿Que términos serian bastante elocuentes para expresar mi agradecimiento a la agusta diosa?
     El propio sacerdote, bien enterado, por divina inspiración, de toda la serie de mis desgracias, aunque no por ello menos conmovido el tambien ante el insigne milabro, mandó, por gestos, que ante todo se me diera un manto de lino para cubrirme; pues en cuanto el asno me habia quitado de encima su nefado envoltorio, yo me habia encogido y aplicado las manos estrechamente como velo natural para cubrir mi desnudez en la medida de lo posible.
     Entones, uno de los que integraban la piadosa escolta se quitó sin vacilar su túnica exterior y me la echó instantáneamente encima. Después de esto, el sacerdote, con ademán de inspirado y excesión verdaderamente sobrenatural, extasiado en mi presencia, habla en los siguientes terminos...



       Apuleyo, El Asno de Oro. Madrid. Biblioteca Clásica Gredos, Edicion: 1978. Pag 301.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Guillermo Tell, Friedrich von Schiller


ESCENA II

    Lugar cerrado y agreste en un bosque, cascadas de agua fina, como polvo, caen de las rocas.
Bertan vestida de cazadora, Poco después Rudenz.

BERTA. Me sigue. Por fin pondré explicarle mis sentimientos. 
RUDENZ. (entra rápidamente). Señorita, ahora por fin os encuentro sola. Abismos nos rodean, en este lugar desierto no temo a ningún testigodescargaré de mi corazón el largo silencio...
BERTA. ¿ Estáis seguro de que la cacería no nos sigue?
RUDENZ. La cacería está allá lejos... ¡Ahora o nunca! Tengo que aprovechar este momento precioso... Tengo que ver decidido mi destino , aunque me separara eternamente de vos...Oh, no rodeéis vuestra bondadosa mirada de ese sombrío rigor! ¿ Quién soy yo para atreverme a alzar a vos mis audaces deseos? La fama no ha pronunciado aún mi nombre, yo no puedo alinearme con los caballeros, que famosos por sus victorias y deslumbrantes os pretenden. No tengo nada más que mi corazón llenos de lealtad y de amor...
BERTA.(seria y severa). ¿Puede hablar de amor y de lealtad el que es infiel a sus deberes inmediatos? (Rudenz retrocede) ¿ El esclavo de Austria, que se vende al extranjero que somete a su pueblo?
RUDENZ.¿De vos, señorita mía, oigo ese reproche? ¿ A quién sino a vos busco en aquel partido?
Berta. ¿ Pensáis encontrarme al lado de la traición? ¡Andantes quisiera dar mi mano a Gessler, el opresor, que al hijo de Suiza, desnaturalizado, que puede convertirse en instrumento suyo!
RUDENZ. ¡Oh Dios, lo que tengo que oír!


Friedrich von Schiller, Guillermo Tell, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 219
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.

jueves, 2 de marzo de 2017

Don Carlos, Friedrich von Schiller



ACTO CUARTO

ESCENA VI

Marqués (se queda mirándole asombrado). ¿Es posible? ¿Es posible? ¿Entonces, no le había conocido? ¿ No del todo? ¿ Se me había escapado, de verdad, ese pliegue de su corazón ? ¡ Desconfianza haca su amigo! ¡No! ¡ Sería una calumnia!... ¿ Qué me ha hecho para que acuse de la más débil de las debilidades? Y o mismo soy lo que le reprocho... Que le sorprenda... Sí ,puede ser, eso lo que creo de buen grado. ¿ Cuándo habría podido esperar de su amigo esa extraña cerrazón?... ¡Y también que le cause dolor! No puedo ahorrártelo , Carlos, y aún tengo que atormentar más a tu buena alma. El rey ha dado fe al recipiente en el que ha puesto su secreto sagrado, y la fe exige gratitud.¿ De qué servirá la locuacidad, si mi silencio no te causa algún dolor para evitarte quizá otro? ¿ Por qué mostrarle al que duerme los nubarrones de la tormenta que se ciernen sobre su cabeza?... Basta con que los haga pasar silenciosamente a tu lado y que cuando despiertes el cielo esté claro?. 



Friedrich von Schiller, Don Carlos, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 110.
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.

Tragedias Completas, Esquilo


     CORO. Lo mutiló, para que lo sepas. Obró, al sepultarlo así, anhelosa de proporcionar a tu existencia un destino insoportable. Ya oyes los tratamientos ignominiosos infligidos a tu padre.
    ELECTRA. Hablas del destino paterno. Pero yo era apartada, humillada, por nada tenida.Recluida en mi habitación como perra perniciosa, las lágrimas mas prontas que la risa brotaban de mis ojos, vertiendo ocultamente infinitos llantos y gemidos. Oyendo esto grábalo en tu memoria.
     CORO. Grábalo y por tus oídos deja penetrar una palabra al fondo tranquilo de tu corazón. El pasado es así; el futuro, que tu cólera te lo enseñe. Conviene lanzarse al combate con un ímpetu indomable.
     ORESTES. A ti te lo digo, padre: acude en socorro de los tuyos.
     ELECTRA. Y yo tambien te invoco, derramando lágrimas.
     CORO. Y nosotros, con grito concorde, hacemos eco a tus llamadas. Óyenos, regresa a la luz, sé nuestro aliado contra los enemigos.
     ORESTES. Ares luchará contra Ares, la Justicia contra la Justicia.
 


       Tragedias Completas, Esquilo. Barcelona. Planeta S.A. , Edicion: 1995, Pag 199.
       Seleccionado por Javier Arjona Piñol. Primero de bachillerato, curso 2016-2017.

Apología-Flórida, Apuleyo



        Al leer la carta de Prudentila han presentado un cargo más contra mí, a propósito de la fabricación de cierta estatuilla.
   Afirman que yo encargué que se hiciera con el mayor secreto, de una madera rarísima, para destinarla a maleficios mágicos y que, a pesar de que es repulsiva y horrible, ya que tiene forma de esqueleto, le tributo un culto ferviente y la invoco con el nombre griego de basiléus. Si no me engaño, puedo seguir con precisión todos sus pasos y, cogiendo uno por uno los hilos, descubrir toda la trama de esta calumnia.
       ¿Cómo puede haber sido secreta la fabricación de la estatuilla que decís, si conocéis al artista que la ha realizado hasta tal punto de que le habéis hecho comparecer ante este tribunal? Aquí tenéis, en efecto, a Cornelio Saturnino, artista elogiado entre sus colegas por su pericia y persona de reconocida honradez. Al responder hace poco al minucioso interrogatorio, al que tú, Máximo, lo has sometido, ha contado con detalle todo el proceso de lo sucedido, ajustándose a la verdad del modo más fidedigno. Ha manifestado que yo, como hubiese visto en su taller, muchas figuras geométricas de madera de boj, de elegante y artística factura, seducido por su arte, le había pedido que me fabricase ciertos artilugios y que, al mismo tiempo, me esculpiese una imagen de una divinidad, ante la que pudiera hacer mis devociones habituales, utilizando cualquier material, con tal que fuese de madera.















Apuleyo, Apología Flórida, Binlioteca básica Gredos, Editorial Gredos, página 113.
Seleccionado por: Marta Talaván González, primero de bachillerato, Curso 2016/2017.

Fedra, Racine

ACTO PRIMERO

ESCENA PRIMERA: FEDRA, ENONE

ARICIA
¡Ah! Que aparten de mí todos esos honores.
Importuna, ¿pretendes desear que me vean?
¿Con qué vas a calmar la inquietud de mi espíritu?
Es mejor que me escondas, que ya he hablado en exceso.
Mi pasión se ha atrevido a mostrarse a la luz.
Lo que he dicho jamás nadie oírlo debiera.
¡Cielos, cómo me oía! ¡Y con cuántos rodeos
rehuía insensible mis radiantes palabras!
¡Solamente deseaba retirarse cuanto antes!
¡Mi vergüenza crecía junto con su sonrojo!
¡Oh! ¿Por qué has estorbado mi funesto propósito?
¡Ay de í! Al dirigir a mi pecho su espada,
¿se ha turbado por mí? ¿Me impedía la muerte?
Una vez que mi mano ya se la hubiese tocado,
la ha hecho impura a sus ojos inhumanos y fríos;
y el acero infeliz profana sus manos

ENONE
Pero en vuestra desdicha no pensáis más que en quejas
y así aumenta ese fuego que tenéis que apagar.
¿No sería más digno de la estirpe de Minos
procuraros la calma con afanes más nobles?
¿Si un amante es ingrato, recurrir a la huida 
y reinar empuñando del Estado las riendas?
FEDRA

¡Yo reinar! ¡Yo tener de un Estado el imperio
si mi débil razón ya no reina en mí misma!
¡Si renuncio a regir a mis propios destinos!
¡Yo que apenas aliento bajo yugos infames!
¡Yo que muero!

ENONE

Alejaos.

FEDRA

No le puedo dejar.

ENONA

¿Vos le hicisteis proscrito y os osáis evitarle?

FEDRA

Eso ya es tarde. Conoce mi pasión insensata.
Del austero pudor he pasado los límites.
He mostrado mi mal a sus ojos triunfales,
y a pesar mío había esperanzas en mí.
Y tú misma por darme algún ánimo al ver
que la vida tenía indecisa en los labios,
con palabras de halago nuevo aliento me diste.
¿No dejaste entrever que yo amarle podía?

ENONE

¡Ay, de vuestras desdichas inocente o culpable, 
por salvaros capaz me sentía de todo!
Mas si ha habido una ofensa que os pudiese doler,
¿de un soberbio podéis olvidar el desdén?
¡Con qué crueles miradas su obstinado rigor
os dejaba a sus pies prosternada y vencida!
¡Oh, qué odioso le hacía ese orgullo indomable!
¡Oh, si hubiese podido Fedra verle cual yo!







Racine, Fedra, Barcelona, 1994, Editorial Planeta, páginas 122-123.
 Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017


Aventuras de Tom Sawyer, Twain

CAPÍTULO XVI
       Después del almuerzo, toda la cuadrilla se fue a buscar huevos de tortuga en la barra. Iban metiendo palos en la arena y, cuando encontraban un sitio blando, se ponían de rodillas y escarbaban con las manos. A veces cincuenta o sesenta huevos de un agujero. Eran cosas blancas perfectamente redondas, un poco más pequeñas que una nuez. Esta noche celebraron un alegre banquete de huevos fritos y otro el viernes por la mañana. Después del desayuno se fueron a gritar y a saltar afuera, en la barra, y se perseguían unos a otros en derredor, despojándose de sus vestidos mientras andaban, hasta que quedaron desnudos, y luego continuaron los saltos hasta que alcanzaron el agua poco profunda de la barra, contra la fuerte corriente, que les hacía tropezar de vez en cuando e incrementaba mucho el entretenimiento. Y a veces, agrupados, se salpicaban agua en la cara con la palma de la mano, acercándose poco a poco uno a otro, volviendo la cara para evitar el remojo, agarrándose finalmente y luchando hasta que el mejor sumergía a su contrincante, y luego todos se hundían en una mezcolanza de piernas y brazos blancos y subían a la superficie soplando, escupiendo, riendo y haciendo esfuerzos para respirar al mismo tiempo.


Twain, Aventuras de Tom Sawyer, Barcelona, Editorial Bruguera S. A., 1994, Página 130.
     Seleccionado por Gustavo Velasco Yavita, Primero de bachillerato. Curso 2016-2017

Trópico de Cáncer, Henry Miller



     Parece que mi vida en Villa Borghese ha acabado. Bien, cogeré estas páginas y me largaré. Siempre pasan cosas. Parece que dondequiera que voy hay un drama. Las personas son como los piojos: se te meten bajo la piel y se entierran en ella. Te rascas y te rascas hasta hacerte sangre, pero no puedes despiojarte permanentemente. Dondequiera que voy las personas están echando a perder sus vidas. Cada cual tiene su tragedia privada. La lleva ya en la sangre: infortunio, hastío, aflicción, suicidio. La atmósfera está saturada de desastre, frustración, futilidad. Rascarse y rascarse... hasta que no quede piel. No obstante, el efecto que me produce es estimulante. En lugar de desanimarme, o deprimirme, disfruto. Pido a gritos cada vez más desastres, calamidades mayores, fracasos más rotundos. Quiero que el mundo entero se descentre, que todo el mundo se rasque hasta morir.






Henry Miller, Trópico de Cáncer, Editorial RBA, publicado en Barcelona en 1995, página 17.
Seleccionado por: Marta Talaván González, primero de bachillerato, curso 2016/2017.

jueves, 23 de febrero de 2017

Don Carlos, Friedrich von Schiller

SEGUNDO ACTO
ESCENA IX

 La princesa sola. Está todavía aturdida, fuera de sí; después de que Carlos ha salido, va rápidamente en pos suya y quiere volver a llamarle.

Princesa.   Príncipe,  una palabra. Príncipe, escuchad...¡Se marcha! ¡Ademas eso!Me desprecia... Aquí me quedo en terrible soledad... Arrojada de su lado... Rechazada... (Se deja caer en un sillón. Tras una pausa) ¡No! Suplantada sólo, suplantada por una rival. Ama. No hay duda. Él mismo ha confesado. Pero ¿ quién esa dichosa mujer?... Una cosa esta clara... Ama a quien no debería amar. Teme que se descubra. Su pasión se oculta a los ojos del rey... ¿Por qué ante éste, que la desearía?... ¿O es que lo que él teme en su padre no es al padre?  Cuando se ha enterado de la intención lasciva del rey... su gesto se ha encendido de alegría y se ha regocijado como un bienaventurado... ¿Cómo es que en su rigurosa virtud ha callado aquí? ¿Aquí? ¿Precisamente aquí?... Qué puede ganar él con el rey respecto a la reina la... (Se detiene de pronto, sorprendida por una idea... Al mismo tiempo se saca del pecho el lazo que Carlos le ha dado, lo contempla rápidamente y lo reconoce.) ¡ Oh, insensata de mí! Ahora por fin , ahora... ¿Dónde han estado mis sentidos? Ahora se me abren los ojos... Se habían amado mucho tiempo antes de que el monarca la eligiera. El príncipe no me ha visto nunca sin ella... ¿A ella entonces, a ella se refería, cuando yo me creía adorada tan ilimitada, tan cálida, tan verdaderamente? ¡Oh, un fraude que no tiene igual! Y yo le he descubierto mi debilidad... (Silencio)    ¿Qué el ama totalmente sin esperanza? No puedo creerlo... Un amor sin esperanza no subsiste en esta lucha.



Friedrich von Schiller, Don Carlos, RBA Coleccionables, S.A. Barcelona 1994, edición planeta S.A. Página 58/59
Seleccionado por Andrea Martín Bonifacio, primero de bachillerato, curso 2016/2017.

Andrómaca, Racine


ESCENA CUARTA: PIRRO, ANDRÓMACA, CEFISA

PIRRO
¿Me buscabais, señora?
¿Me será permitida esperanza tan dulce?

ANDRÓMACA
Iba sólo al lugar donde guardan a mi hijo.
Una vez cada día toleráis que contemple
lo que queda ante mí de su padre y de Troya,
señor, iba hacia allí, a llorar a su lado.
Desde ayer todavía no le he vuelto a besar.

PIRRO
¡Ah, señora! Los griegos, a juzgar por su miedo,
os darán más razones de verter vuestras lágrimas.

ANDRÓMACA
¿Y cuál es el temor que hace nido en su pecho,
oh, señor? ¿De sus manos escapó algún troyano?

PIRRO
Aquel odio por Héctor no está aún extinguido.
Ahora temen a su hijo.

ANDRÓMACA
¡Digno objeto de miedo!
Infeliz criatura que no sabe siquiera
que está en manos de Pirro y que es Héctor su padre.

PIRRO
Aún así toda Grecia pide a gritos su muerte.
La embajada de Orestes ha venido a exigirla.

ANDRÓMACA
¿Y vos vais a dictar una tan cruel sentencia?
Lo que le hace culpable, ¿no es sin duda mi afecto?
¡Ay! No temen que sea vengador de su padre;
tienen miedo que enjugue esas lágrimas mías.
Él ocupa el lugar de mi padre y mi esposo;
todo habré de perderlo, nada vais a dejarme.

PIRRO
Aun sin ver vuestras lágrimas me he negado a sus ruegos.
Toda Grecia, señora, me amenaza con armas;
más sabed que aunque vengan otra vez por los mares
a exigir a vuestro hijo con navíos sin número;
aun vertiendo la sangre que una Helena costó;
aunque tras de diez años sea polvo mi alcázar,
no lo dudo un instante, volaré en su socorro:
lucharé por su vida exponiendo la mía.
Mas corriendo esos riesgos por pensar sólo en vos,
vuestros ojos hostiles, ¿se harán menos severos?
Frente al odio de Grecia, combatiendo por todos,
¿tendré aún que luchar contra vuestras crueldades?
Yo os ofrezco mi brazo. ¿Vais también a aceptar
ese fiel corazón que por siempre os adora?
Combatiendo por vos, ¿me será permitido
no contarme entre aquellos que os inspiran horror?



Racine, Andrómaca, Barcelona, 1994, Editorial Planeta, páginas 20, 21 y 22.
 Seleccionado por Andrea Sánchez Clemente. Primero de Bachillerato. Curso 2016/2017

Ética Nicomáquea, Aristóteles


Libro IX
Capítulo 8: El amor a sí mismo

   Se suscita también la dificultad de si uno debe amarse a sí mismo más que a cualquier otro. En Efecto, se censura a los que se aman sobre todo a sí mismo, y se les llama egoísta, como si se tratara de algo vergonzoso. Parece que el hombre vil lo hace todo por amor a sí mismo, y tanto más cuanto peor es (y, así, se le reprocha que no hace nada sino lo suyo), mientras que el hombre bueno obra por lo noble, y tanto más cuanto mejor es, y por causa de su amigo, dejando de lado su propio bien.
   Pero los hechos no están en armonía con estos razonamientos, y no si razón. pues se dice que se debe querer más que a nadie al mejor amigo, y que el mejor amigo es el que desea el bien de aquel a quien quiere por causa de éste, aunque nadie llegue a saberlo. Pero ero estos atributos pertenecen principalmente al hombre con relación a sí mismo, y todos los restantes por los cuales se define el amigo; hemos dicho, en efecto, que todos los sentimientos amorosos proceden de uno mismo y se extienden después a los otros. Y todos los proverbios están de acuerdo con esto, por ejemplo,"una sola alama","las cosas de los amigos son comunes","las cosas de los amigos son comunes", "amistad es igualdad" y " la rodilla es muy cercana la pierna" . Todas estas cosas puede aplicárselas cada cual, principalmente, a sí mismo, por que cada uno es el mejor amigo de sí  mismo , y debemos amarnos, sobre todo, a nosotros mismos. Es razonable suscitar la cuestión de cuál de las dos opiniones debe seguirse, porque ambas son convincentes.


Aristóteles, Ética Nicomáquea,editorial gredos, publicada en Madrid en 2000, libro: IX,capítulo 8, página: 258-259.
Seleccionado por Lara Esteban González, primero bachillerato, curso 2016-2017.